Tuesday, July 14, 2015

LA TOMA DE LA BASTILLA

Cuando el fuego ardió en París. Foto del autor.
 
(www.miscelaneasdecuba.net).- La Toma de la Bastilla se produjo en París el martes 14 de julio de 1789, ahora 226 años después coincide su conmemoración igualmente un martes, nada, caprichos de la historia.
Según registros de la época, la fortaleza medieval sólo guardaba a unos siete prisioneros, a pesar de ello su caída en manos de los revolucionarios parisinos supuso simbólicamente el fin del Antiguo Régimen, suceso considerado como el punto inicial de la Revolución francesa. La rendición de la prisión, símbolo del despotismo de la monarquía francesa, provocó un auténtico seísmo social tanto en Francia como en el resto de Europa, llegando sus ecos hasta la lejana Rusia.
Principalmente los atacantes buscaban apoderarse de la gran cantidad de armas y munición almacenadas allí, unos 13.600 kg (30.000 lb) de pólvora. La guarnición regular consistía en 82 soldados, veteranos no apropiados para el servicio de combate. A pesar de ello, la Bastilla había sido reforzada el 7 de julio con 32 granaderos del regimiento suizo "Salis-Samade" provenientes del campamento del Campo de Marte. Los muros estaban protegidos por 18 cañones de 8 libras cada uno y 12 de menor tamaño. La lista oficial de 1832 de vencedores de la Bastilla tuvo poco más de 600 nombres. La multitud se reunió en el exterior hacia media mañana pidiendo la rendición de la prisión, la retirada de los cañones y la entrega de las armas y la pólvora. A las 10:30, dos representantes de los amotinados fueron recibidos en la fortaleza pero salieron al poco rato sin resultados. Alrededor de las 13:30, la muchedumbre entró en el patio externo y las cadenas sobre el puente levadizo al patio interior fueron cortadas, aplastando a un asaltante desafortunado. René-Bernard Jordán de Launay ordenó entonces disparar sobre la multitud, haciendo numerosas víctimas.
Ante la masacre (cerca de 100 víctimas entre los atacantes), el alcaide de Launay ordenó cesar el fuego a las 17:00. Una carta con los términos de la rendición fue pegada por un hueco en las puertas interiores e inmediatamente rescatada por los asaltantes. La guarnición de la Bastilla rindió las armas, bajo promesa de los amotinados de que ninguna ejecución se efectuaría si se producía la capitulación. Las demandas exigidas fueron rechazadas, pero de Launay rindió la plaza porque comprendió que sus tropas no podían resistir mucho más tiempo en esa situación y abrieron las puertas del patio interior y los parisinos tomaron la fortaleza hacia las 17:30. Liberaron a los siete prisioneros encarcelados allí y se apoderaron de la pólvora y la munición. La guarnición de la Bastilla fue apresada y llevada al Ayuntamiento de París. En el camino, Bernard-René de Launay fue apuñalado, su cabeza aserrada y clavada en una pica para ser exhibida por las calles. Tres oficiales de la guarnición permanente de la fortaleza también fueron asesinados por la muchedumbre durante el trayecto. Éstos y dos guardias suizos fueron los únicos militares fallecidos ya que el resto de guarnición fue protegida por la Guardia Francesa para que más tarde o más temprano se liberaran y pudieran volver a sus regimientos.
El asedio se saldó con 98 muertos, 60 heridos y 13 mutilados, entre los asaltantes. El acontecimiento tuvo una fuerte resonancia en Europa entera, no tanto por la importancia del suceso, sino por su valor simbólico, que aún perdura como hito en la historia y en la mitica de las revoluciones. Los parisinos acusaron a Jacques de Flesselles de traición; se improvisó un juicio aparente en el Palais Royal y fue también ejecutado. La causa de la caída de la Bastilla pudiera buscarse en la actitud de los comandantes de la fuerza principal de las tropas reales acampadas en el Campo de Marte, que no intervinieron en el saqueo a la Bastilla.
Además de los presos, la fortaleza albergaba los archivos del Lieutenant général de police de París que fueron sometidos a un pillaje sistemático. Fue sólo al cabo de dos días que las autoridades tomaron medidas con el fin de conservar los restos de este archivo. El mismo Beaumarchais, cuya casa estaba situada justo enfrente de la fortaleza, no vaciló en apoderarse de documentos. Denunciado, tuvo que restituirlos posteriormente.
A manera de antecedente se debe  recordar que, durante el reinado de Luis XVI, Francia tuvo que confrontar una grave crisis financiera originada por el despilfarro desmedido de la Corte Real, los altos gastos de la intervención en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, y el desigual sistema tributario que sólo gravaba al pueblo llano y a la burguesía (Tercer Estado). Aconsejado por su ministro de finanzas Necker, el rey decidió convocar los Estados Generales el 5 de mayo de 1789 para buscar una salida a la crisis, aceptando aumentar la representación del Tercer Estado hasta entonces infra representado. Por ese último motivo, los debates previstos fueron bloqueados por la nobleza (Segundo Estado) y el alto clero (Primer Estado). El 17 de junio de 1789, los representantes del Tercer Estado y de una parte del bajo clero se desligaron de aquellos Estados Generales y se constituyeron como Asamblea Nacional.
Los acontecimientos acaecidos en los días siguientes condujeron a la toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789. La población parisina, cada vez más cercana a la insurrección, y en palabras de François Mignet "exaltado por la libertad y el entusiasmo", mostró un amplio apoyo a la Asamblea. La prensa publicaba diariamente los debates de la Asamblea y las discusiones políticas sobrepasaron el ámbito parlamentario para salir a las calles y plazas de la ciudad. El Palais Royal y sus inmediaciones se convirtieron en lugar de reunión. La Asamblea recomendó al rey el indulto de la guardia de la prisión como responsables de dicha toma. Los mandos y tropas de los regimientos, antes considerados dignos de toda confianza, fueron inclinándose cada vez más por la causa popular.
El 11 de julio, con tropas en Versalles, Sèvres, el Campo de Marte y Saint-Denis, Luis XVI, actuando por consejo de los nobles que formaban su camarilla personal, cesó a su ministro de finanzas Jacques Necker, el cual tenía cierta comprensión hacia el Tercer Estado, además de haber intentado sanear las cuentas del reino. Las noticias de la destitución de Necker llegaron a París en la tarde del domingo 12 de julio. Los parisinos supusieron, en general, que la destitución marcaba el inicio de un golpe de Estado por parte de los elementos más conservadores de la Corte.
Los liberales temieron que la concentración de tropas reales llevadas a Versalles, provenientes de las guarniciones fronterizas, intentarían clausurar la Asamblea Nacional Constituyente (que se reunía en Versalles). Las masas se arremolinaron por todo París, llegando a juntarse 10.000 personas en torno al Palais Royal. Camille Desmoulins, conocido francmasón de la logia de las Nueve Hermanas, según Mignet, concentró a una gran muchedumbre, subido a una mesa y con una pistola en la mano, al grito de:
¡Ciudadanos, no hay tiempo que perder; el cese de Necker es la señal de la Noche de San Bartolome para los patriotas! ¡Esta noche, batallones de suizos y alemanes tomarán el Campo de Marte para masacrarnos; sólo queda una solución: tomar las armas!
La insurrección parisina se extendió por toda Francia. El pueblo se organizó en municipios para conseguir un propósito de autogobierno y crearon cuerpos de guardias nacionales para su propia defensa, de acuerdo al principio de soberanía popular, medidas espontáneas que fueron normalizadas al poco tiempo mediante leyes aprobadas por la Asamblea Nacional. En las áreas rurales, muchos fueron más allá de esto: frente a la resistencia de la nobleza que se negaba a perder su poder local, algunas fincas y un significativo número de castillos fueron quemados.
La Bastilla había sido durante años el bastión de muchas víctimas del desafuero monárquico. Allí se encarcelaban sin previo juicio a los sujetos que se habían convertido en un estorbo peligroso, señalados por el Rey con una simple Lettre de cachet. Fortaleza medieval en pleno París, cuyo uso militar ya no se justificaba, en los cuadernos de quejas de la ciudad de París ya se pedía su demolición, y el ministro Necker pensaba destruirla desde 1784 por su alto coste de mantenimiento. En 1788 se había decidido su cierre, lo que explica que tuviera pocos presos en 1789. Se dice que al momento de su caída, sólo acogía a cuatro falsificadores, a un enfermo mental (Auguste Tavernier), a un noble condenado por incesto y a un cómplice de Robert François Damiens, autor de una tentativa de asesinato sobre Luis XV.
La importancia de la toma de la Bastilla se debe a su valor simbólico representando el derrumbamiento del poder absolutista de la monarquía francesa, pero no fue un acto tan relevante política y estratégicamente como se ha solido presentar por la historiografía romántica.
La imagen revolucionaria ampliamente difundida del mito de una prisión donde se pudrían las víctimas de la monarquía no corresponde por lo tanto en rigor con el uso de la fortaleza en el momento de su toma, dado que la fortaleza había perdido en parte su función de prisión. Aunque resulta evidente una realidad, el uso de esta fortaleza desde el siglo XVII, cuando el Cardenal Richelieu empezó a utilizarla como cárcel para los enemigos del Estado.
Según algunos autores, la importancia de la toma de la Bastilla ha sido exagerada por los Historiadores románticos, como Jules Michellet, que quisieron hacerla un símbolo fundador de la Republica. Otros autores afirman que el sitio y la capitulación de la prisión no debió ser un hecho muy heroico en vista de que sólo era defendido por un puñado de hombres, y que los únicos muertos habrían sido el alcaide Bernard de Luanay y el político Jackes de Flesselles
Al año siguiente, la Fiesta de la Federación, concebida como fiesta de la reconciliación nacional, se celebró en presencia del rey en la misma fecha. Para 1880, el Senado francés aprobó la fecha del 14 de julio como día de la fiesta nacional, en conmemoración de la fiesta del 14 de julio 1790 por ser ese un día en el que no se derramó sangre y que selló la unidad de todos los ciudadanos franceses contra el totalitarismo.
 

No comments:

Post a Comment