Wednesday, July 15, 2015

ARGENTINA: LA RUINA DEL PAÍS Y DE LA VIDA METÓDICAMENTE EJECUTADAS



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Buenos Aires
15 de Julio del año 2015 -


LA RUINA DEL PAÍS Y DE LA VIDA METÓDICAMENTE EJECUTADAS

Mientras la usurpadora presidencial, además de haberse enriquecido faraónicamente en forma inexplicada e inexplicable, salvo por varias hipótesis delictivas, y goza además de todas las prebendas del cargo presidencial, residencias, servicios, viajes, etc.; mientras el mini-ministro de economía, marxista e insolentemente desaliñado cobra gigantescos sueldos, sus cómplices de "la cámpora" y otros maleantes que ocupan cargos públicos o tienen empresas que gozan del favor político, roban todo lo que pueden y son todos ricos; mientras más  o menos 3.000.000 de integrantes de la plebe adicta a los antes nombrados, recibe subsidios y son incitados a provocar el caos social, el resto de los 37.000.000 de tontos que componemos la población del país nos vamos empobreciendo cada vez más.

El costo de "vida" aumenta continuamente, si es que a esto se le puede llamar "vida". Los sindicatos están en pie de guerra pero no para mejorar la situación de los obreros y empleados sino para justificar la existencia de sus dirigentes perpetuos, todos millonarios y desvergonzados. A todo momento hay huelgas y cortes de rutas y calles, con amenazas de violencia y en perjuicio de la gente indefensa que es víctima del desorden social que crece como un cáncer inducido.

El campo, nuestro gran recurso, está siendo arruinado sin contemplaciones. Los agricultores trabajan a pérdida como lo prueban las cifras que publica "Clarín" el 13/7/2015, pag. 23. A ese informe me remito porque sería tedioso reproducir las cifras. Lo resumo diciendo que TODA la producción rural pierde plata, menos un rubro que se dice que ha vencido la inflación, pero no es verdad, porque los impuestos se encargan de hacer nula esa victoria.  

Las empresas de medicina prepaga aumentan sin cesar sus precios y atienden cada vez peor. Los hospitales son verdaderos centros de tortura para los pobres que recurren a ellos y los sanatorios que antes eran modelo de buena atención, están cayendo en un creciente desorden que perjudica a los enfermos (acabo de tener una experiencia personal muy desagradable de este fenómeno).

Debería hacerse una estadística de la cantidad de personas que mueren o son dañadas o sufren innecesariamente en hospitales y sanatorios por la fría desatención de médicos y enfermeras. Durante esa experiencia que padecí, hubo un momento en que había perdido tanta sangre y me sentía tan desamparado que le reclamé con angustia al médico ser debidamente atendido. La respuesta de éste es de antología: "¡Ud. se olvida que Ud. es un paciente en ese sanatorio! !Eso exige que no sea impaciente!"

Es decir, debía aguantar en silencio y sin reclamos todas las desatenciones de que era víctima. No le respondí, para no empeorar las cosas, que "paciente" quiere decir: el que padece los tratamientos que exige su estado y necesita los cuidados de los profesionales y no que deba aguantar todas las demoras y omisiones de aquellos que lo tienen en sus manos para curar su enfermedad.  

Y esto no es nada comparado con lo que padeció mi pobre nietito de 8 años en un famoso Sanatorio en manos de médicos siempre lentos en acudir para aliviar el dolor, siempre tardos en usar los medios necesarios para curarlo, siempre prontos a declararse ofendidos ante cualquier reclamo, hasta que finalmente murió por abandono y por las pésimas prácticas de médicos soberbios y desaprensivos, hace de esto casi 15 años.

Fue tan evidente su inconducta que quise demandarlos por "mala praxis" (aunque como abogado sé que los peritos médicos difícilmente la reconozcan, con lo cual los jueces pueden excusar su injusticia alegando “falta de pruebas"). Pedí su historia clínica y descubrí que los médicos principales a cargo de mi nietito no habían firmado ninguna de las órdenes de tratamiento, sino que las hacían firmar a los practicantes recién recibidos a quienes daban instrucciones verbales. Y el principal de todos se había ido a un Congreso médico durante la crisis que terminó con la muerte de mi nietito y nadie hacía nada por él puesto que todo dependía del ausente.

Me he desviado del objetivo que tenía al empezar este artículo. Pero lo dejo así porque esto forma parte del drama del mundo moderno y de la argentina en especial. Las vocaciones religiosas de las antiguas "monjitas" que eran como ángeles de la guarda de los hospitales y sanatorios, casi han desaparecido, y las que quedan son un puñado de hermanas que ya no se ocupan de los enfermos sino de la gestión empresarial de los sanatorios. ¡Cómo podría ser de otro modo si el mismo Papa dijo que las monjas tienen una mentalidad de "solteronas"! ¿Qué aliciente puede ser ese para las vocaciones religiosas?

Las cosas han llegado a un punto que cuando Dios permita que me enferme de algo grave de lo que pueda morir, no estoy seguro si me "internaré" en un sanatorio o me quedaré en casa para morir en paz, como hizo mi padre que murió hace 28 años en su cama, mal atendido también, pero al menos, no humillado ni tentado de ira por los mercenarios de la sanidad.

Y si eso pienso yo, que tengo algunos medios para defenderme, ¿cómo será la situación de los pobres, de los que tanto habla el Papa pero no me consta que haya exigido jamás y en concreto un cambio en esta situación, ni una promoción de las vocaciones de las monjas de caridad, ni haya amenazado con sanciones religiosas a los mercaderes de la salud por su desprecio del prójimo?

Dejo  a salvo a los buenos médicos, a las buenas enfermeras y a las monjas que siguen cumpliendo su vocación. Para ellos, mi agradecimiento y aplauso. Pero son una pequeña minoría.

Esto forma parte de la ruina de este mundo moderno de cuyo "progreso" tanto se enorgullecen los papanatas cuyo destino es morir en el mismo abandono que los que no lo son.

Aclaro que he perdonado y perdono a todos los que acuso en forma anónima en este artículo. No lo he escrito por venganza sino para ver si se puedo conseguir que esta situación mejore y que se produzca una verdadera conversión de los responsables.  

Cosme Beccar Varela

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