Wednesday, December 18, 2019

LOS SEIS HOMBRES QUE EL TIRANO TEMÍA

Baracutey Cubano
Por Esteban Fernández
18 de diciembre de 2019
Le temió hasta a su sombra, pero hoy le dedicaré espacio a los más temidos: Dos enemigos, dos supuestos aliados y dos generales: Los dos enemigos eternos que aterrorizaron al monstruo- desde su juventud- fueron Rolando Masferrer y Eufemio Fernández.
Desde que puso una pata en la Universidad (quizás antes) con solo escuchar sus nombres temblaba. A cada uno de ellos se le acredita haberle dado un sopapo durante la aventura de Cayo Confites. Al final, yo creo que fue Eufemio el que le sonó la buena – y bien dada- cachetada.
Eufemio Fernández fue fusilado injustamente, y  después Masferrer cayó desbaratado tras la explosión de un carro bomba en Florida.
Los dos supuestos aliados que odiaba y temía, y de una u otra forma logró deshacerse de ellos fueron José Antonio Echevarría y Frank País. La valentía y agresividad de ambos ponían en dudas a cada instante su liderazgo en la lucha contra Batista.
Sólo había que conocer un poco el carácter y desmesurado ego del tirano en ciernes para saber lo muchísimo que odiaba a estos dos personajes. Y para mí que estuvo involucrado de alguna forma en sus trágicos finales. Y si no fue así, puedo asegurar que se alegró enormemente de sus muertes dentro del matadero sin salida en que se metieron.
Los dos generales que temía: Uno (Arnaldo Ochoa) que hasta el gato sabe del rencor y la envidia que consumía a la bestia de solo tener que escuchar sus hazañas en África y el respeto que inspiraba en sus tropas.
Y el terror y miedo se lo producía el simple hecho de imaginar que este hombre un día se le revirara al haber sido nombrado jefe de uno de los tres ejércitos de Cuba, que incluye a La Habana. Vaya, Ochoa le producía diarreas a Bola de Churre.
Hasta aquí usted y yo, y todo el que me lee, estará absolutamente de acuerdo conmigo: 1) Masferrer, 2) Eufemio, 3) Frank País, 4) “Manzanita” Echevarría y 5) el general Ochoa, eran los “cocos” del H.P. Pero siéntense que ahora los voy a dejar estupefactos.
Se las voy a poner en China y un 99.9 por ciento de mis lectores discrepará de mí, a pesar de que “de esto yo sí sé”.
Después de muertos estos cinco personajes temidos por la hiena hay un tipejo que a través de 60 años nosotros hemos despreciado, atacado, menospreciado, y hasta la saciedad hemos barrido el piso con él y lo hemos colmado con los peores epítetos desde el mismo enero del 59. Desde la barrabasada de haber siendo nombrado Jefe de la Policía Nacional siendo un forajido.
Para mí siempre fue un tipo vulgar, chusma, un bandido y un marihuanero. Sólo tuve que darle un simple vistazo a través de la pantalla de la televisión para llegar a la conclusión de que se trataba de un mequetrefe medio pelo.
Pero, perdón (no tengo otra palabra para describirlo) EFIGENIO AMEIJEIRAS siempre fue un cojonudo que verdaderamente se batió en todos los frentes -incluido Escambray y Girón- con su tropa de policías enmarihuanados.
Y a los guapos de verdad Fidel Castro los quiso siempre matando gente lejos de él, y a Efigenio siempre intentó mantenerlo a larga distancia, pero el guaricandilla cada vez que le daba la gana se encasquetaba su uniforme de general y subía a la tribuna pública. Y eso no sólo intranquilizaba al tirano, sino que lo aterraba.
Porque -por algún motivo que nunca supe- no lo consideraba de su entera confianza, ni se lanzó a fusilarlo y salió ileso de cuanta encerrona se metió.
Y yo, estudioso de este tema, no le conozco hijodeputadas y quizás eso le trajo la falta de confianza del tirano.


Saturno se devora a otro de los suyos, Efigenio Amejeiras

Por Juan Juan Almeida
Abril 24, 2017

El General de División Efigenio Ameijeiras, una notoria figura en la historia de las últimas cinco décadas en Cuba, hoy al final de sus explosivas contiendas, cae con cierta frecuencia ante el cuerpo de guardia de hospital porque lejos de ser rico y poderoso, está enfermo, y sobrevive gracias a la ayuda de familiares y amigos, en su mayoría exiliados en el norte revuelto y brutal.

De arresto innegable, nació en Puerto Padre, Las Tunas, el 21 de septiembre de 1931, creció junto a sus hermanos María Luisa, Manuel Melquíades, Gustavo, Salvador, Enma, Ángel (Machaco), José, Evangelista y Juan Manuel.

Uno de los más emblemáticos hospitales de la isla lleva el apellido de estos hermanos. Ignoro porqué en este momento, cuando Efigenio está viejo y padece esa espantosa enfermedad que afecta el pensamiento, la memoria y el lenguaje, Raúl Castro lo abandona. ¿De qué vale haberlo ascendido a General de División y entregarle aquella ridícula estrella que concede el honorífico título de Héroe de la República de Cuba, si no tiene, al menos, una atención individual especializada?

Muchos lo recordarán, para bien o para mal, por la manera en que ejerció su cargo cuando, en 1959, el presidente Manuel Urrutia lo nombrara Jefe de la Policía Nacional Revolucionaria. Por su actuación en Girón. Por aquellas constantes pugnas con los asesores rusos en 1963, cuando para intervenir en el conflicto argelo-marroquí, se apareció en Argel en el buque Andrés González Lines frente a una fuerza de choque que comprendía batallones motomecanizados, brigadas de tanques, aviación y unidades de artillería; o por otros comentados avatares.
(Efigenio Amejeiras. como jefe de la Policía nacional Revolucionaria)

Lo cierto es que popular, ingenioso y casi olvidado, su nombre siempre apareció en el “10 top” de los más mencionados. Y es que habiendo sido carga maletas, mecánico, expedicionario del Granma, segundo jefe del Frente Oriental Frank País, comandante, licenciado en historia, mujeriego, poeta, compositor, callejero y con fama de mariguanero, cuando aparecía Ameijeiras ante cualquier auditorio, todos esperaban algún resbalón irreverente del “general sin diplomacia”, de un hombre sin sutilezas, con sabiduría popular y un inseparable humor agrio. Tenía la posibilidad de reventar los más polémicos puntos de vista.

Recuerdo que durante una de mis crisis espondilíticas de finales de los 80, estando en Santiago de Cuba, me quedé sin caminar y, mi padre, desesperado, le pidió permiso a Raúl Castro, entonces Ministro de las FAR, para llevarme en un avión militar que salía ese día a La Habana. Me subieron en una camilla a un Yak 40 ejecutivo en el que viajaban además los Generales Lino Carreras y Samuel Rodiles. En un momento apareció el capitán de la aeronave, que después de saludar le dijo a mi padre: “Comandante, debemos esperar unos minutos antes de despegar, de la torre de control nos informan que el General Ameijeiras está por llegar”.

Mi padre era un hombre puntual, pero accedió a esperar, y en menos de 5 minutos apareció por la puerta Efigenio. Después de un estridente “qué tal”, se sentó en espera del despegue.
(General de División (R)  Efigenio Amejeiras)
Apenas se estabilizó la nave le dice a mi papá:
“Oye Juan, -tú sabes, yo solo soy un guajiro, pero creo que la situación del país se nos está complicando. Acabo de hablar con Fidel y dice que vamos a entrar en una nueva época de crisis".
Hizo una pausa en su forma de hablar, que ya de por sí es bastante pausada, se paró y con gesto malicioso cerró la cortina azul que separaba los compartimentos de aquella aeronave. Rodiles y Lino sonrieron como esperando una bomba, entonces Ameijeras preguntó sin el menor reparo:
"¿Chico, tú no crees que el jefe se ha vuelto loco y se está refiriendo a la misma crisis de siempre, que lleva más de treinta años?”.
Desde aquel día, cada vez que escucho a periodistas y/o estudiosos hablar de unidad monolítica o de respeto al clan Castro, siempre recuerdo a Ameijeiras.
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano
No se deben de ver las diferentes  hipótesis de quién asesinó a Rolando Masferrer  como hipótesis excluyentes.
Rolando Masferrer no fue un simple brigadista en la Guerra Civil Española; ocupó mandos de cierta jerarquía; en el libro del Dr. Andrés Cao Mendiguren titulado  La Verdadera República de Cuba también se dice que Masferrer, quién había sido militante comunista en Cuba, reconoció en dicha guerra civil,  pero con otro nombre,   al que  años después ayudaría a subir al poder en Cuba  a Fidel Castro cuando era  el jefe del Buró del Caribe del Departamento de Estado: William Arthur Wieland,   cuyo verdadero nombre en Cuba era  Guillermo (o Arturo) Montenegro Wieland,   del cual se enamoró Sumner Welles (cuando fue a mediar  en los días finales del gobierno del Presidente Gerardo Machado) y se lo llevó a EE.UU.. Guillermo (o Arturo) Montenegro Wieland militaba en el partido comunista de Cuba en  aquella época. Rolando Masferrer  denunció públicamentea a William Arthur Wieland y su militancia comunista cuando tenía el nombre de  Guillermo (o Arturo) Montenegro Wieland pero sus denuncias cayeron en saco roto.
Coronel Roger Rojas Lavernia: Fidel Castro y el Comunismo Internacional
Según testigos, fue Eufemio Fernández (quién había tenido altas responsabilidades policiales en uno de los gobiernos de la República de Cuba)   el que le dió el bofetón a Fidel Castro en Cayo Confites. Eufemio Fernández fue fusilado en los días del desembarco de la Brigada 2506 en Bahía de Cochinos. Eufemio Fernández era el dueño del Club Turf de la calle Calzada en El Vedado y se le acusó de tener armamentos en dicho club para derrotar a la tiranía Castrista.
Fidel Castro  huyó  cuando le disparó, junto a otro pandillero, a  Rolando Masferrer  cuando este caminaba cerca de la esquina de 12 y 23 en El Vedado en julio de 1947, según narra Roberto Luque Escalona en su libro Rolando Masferrer en el país de los mitos,  y  Masferrer reaccionó valientemente persiguiéndolo. En su libro sobre intrahistoria, Rafael Díaz-Balart  escribió que Fidel Castro, a quién él, Rafael,  había introducido en una de las bandas políticas, sólo ejecutaba las acciones violentas cuando estaba en superioridad.
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Estampa de Halloween: ¡Voló El Tigre!
Sobre la vida y muerte de Rolando “El Tigre” Masferrer en el exilio de Miami


 Masferrer —al centro, con espejuelos— en reunión de exiliados anticastristas en NY hacia 1960.
Por Arnaldo M. Fernández,
Broward
29/10/2018
El viernes 31 de octubre de 1975, a las once menos cinco del día, Rolando “El Tigre” Masferrer salió de casa —Calle 27 # 6775 Suroeste, entonces Miami Rural— y entró a su Ford Torino 1968. A pesar de los amuletos de santería que llevaba en su billetera, “El Tigre” murió por inhalación de humo y múltiples traumas al arrancar el carro y explotar una bomba que reventó hasta el techo. El expediente 174-926 del FBI en Miami precisa que el automovil se incendió y los bomberos, al sofocar el fuego, acabaron también con la escena del crimen, pero corrió el rumor de que se había empleado explosivo C-4 y así quedó para la historia.
Ese mismo día el periodiquito miamense Verde Olivo, de Ramón Donestevez, politiquero antagonista de Masferrer [1], salió con una foto de este y el pie: “Rest in Peace”. Al ser interrogado por el FBI, Donestevez aclaró que el sentido no radicaba en la eliminación física, sino en que Masferrer era ya perro muerto en la política exiliar kubizhe.
El viernes 24 “El Tigre” había largado en su periodiquito Libertad el editorial “Apendejation” (sic) sobre lo que muchos “preferirían que no se mentase: Las bombas”. Abogó por emplearlas en la lucha por la libertad de Cuba como “un camino decoroso” frente a “la mariconería de tantos que llevan tan pésimamente el nombre de cubanos”.
¿Quién mató a “El Tigre”?
Según el finado Saul Landau, intelectual orgánico del castrismo, los agentes del FBI Bob Scherrer y Carter Cornick “estaban convencidos de que los hermanos [Guillermo e Ignacio] Novo [Sampol] habían desempeñado papeles claves”. La justificación sería que, por sus desafueros, “El Tigre” obstaculizaba el empeño de Jorge Mas Canosa en forjar “una contrarrevolución unida y efectiva” [2]. Dizque también Ignacio había sido sorprendido poco antes tratando de santiguar con C-4 el auto de “El Tigre”. Por la radioemisora WRHC, José Pardo Llada dio otra pista: Fidel Castro mandó a matarlo. La hipótesis de investigación reza que un exiliado, doble agente leal a Castro, enchuchó a otros [3].
Mito y archivo
Durante la guerra civil de 1956 a 1958 en Cuba, el apodo de Masferrer cambió de “El Cojo” —por secuela [4] de su participación en la Guerra Civil Española (1936-39)— a “El Tigre”, ya que su grupo paramilitar anticastrista ocupó en junio de 1957 el cuartelito abandonado de El Uvero (Sierra Maestra) e izó el estandarte del equipo profesional de beisbol Tigres de Marianao.
“El Cojo” egresó con máximos honores [Premio Dolz] de la Escuela de Derecho (UH) en 1945. Ese mismo año ingresó Fidel Castro, quien se afiliaría a la pandilla de Emilio Tró [Unión Insurreccional Revolucionaria - UIR], rival del Movimiento Socialista Revolucionario (MSR) de Masferrer. No obstante, ambos hicieron causa común en la expedición de Cayo Confites.
Castro contó que había terminado “de jefe de compañía en esa historia” y circula que, para no caer prisionero, “se lanzó a la bahía de Nipe y nadó hasta Cayo Saetía”. En entrevista del 1º de agosto de 1975 con el Dr. Antonio Rafael de la Cova, “El Tigre” repuso que Castro “estaba a cargo de un pelotón” y “se escapó de los vagones del ferrocarril” habilitados para trasladar los expedicionarios presos a La Habana. Estas discrepancias no empañan lo mejor del cuento.
“El Tigre” declaró que Castro “no tuvo ningún incidente conmigo [ni] nunca le di ningún golpe”. De este modo echó por tierra la leyenda exiliar del trompón a Castro. Y puntualizó que, junto a otros pistoleros de la UIR, Castro fue a matarlo a su casa el 21 de septiembre de 1948, con el propósito de conmemorar el primer aniversario de la muerte de Tró [5].
Ya “El Cojo” había sido electo representante por la provincia Oriente el 1º de junio de 1948. Para 1954 sería elegido senador por la misma provincia. Tras irse Batista por aire, se echó al mar en yate propio y conseguiría asilo político en Estados Unidos, a pesar de que Roberto “Masaboba” Agramonte, primer canciller del Gobierno Revolucionario, había solicitado su extradición por asesinato y desfalco de 17 millones de pesos.
A poco de ser condenado “El Tigre” en ausencia y a muerte por el Tribunal Revolucionario de Santiago de Cuba, las autoridades de orden público en Miami frustraron un complot para secuestrarlo y mandarlo a Cuba en avión. Una turba pro-Castro iría después a celebrar el 4 de julio de 1959 con tángana frente a su casa. El cónsul cubano Alonso Hidalgo iba a la cabeza y salió con la cabeza partida para el Doctors Hospital (Coral Gables).
“El Tigre” prosiguió su guerra contra Castro con incursiones y planes de atentado. El G-2 llegó a involucrarlo en la voladura de La Coubre. De nada valió que se colara en la Casa Blanca, el 4 de febrero de 1961, para conversar con el presidente Kennedy. A la postre caería en la sartén de los federicos por violar las leyes de neutralidad. Salió bajo fianza y no fue a juicio, pero su parole había sido revocado antes de Bay of Pigs y por Bay of Piglets iría a juicio y a la cárcel.
Por Bay of Piglets se conoce su ocurrencia de invadir primero Haití y desde allí a Cuba, con alijo de armas que —según la Aduana de EEUU— no daba ni para invadir la tienda por departamentos Burdine’s [6]. Tras salir en libertad condicional, el 4 de diciembre de 1972, “El Tigre” continuó rugiendo contra Castro en su semanario Libertad.
Coda
El viernes 20 de junio de 1975 se había apeado en Libertad con la noticia de que se “Esperan atentados en Miami” por sicarios de Castro. Ninguna de las víctimas que sugirió era él.
Notas
[1] Donestevez fue precursor de la idea de armar una flotilla en Miami para buscar a los presos políticos y familiares de exiliados. Alardeó con que iría “aunque Castro no quiera y sin permiso de los americanos” (Réplica, 15 de enero de 1975, 14), pero nunca llegó. Falleció el 13 de abril de 1976, a media mañana, en el Hospital General Miami Dade, tras recibir un disparo de Nievi detrás de la oreja izquierda estando sentado en la oficina de su astillero Piranha Boat (Perrine).
[2] Anti-Terrorism Update, 20 de septiembre de 2003.
[3] De la Cova, Antonio R.: The Moncada Attack, Universidad de Carolina del Sur, 2007, 288.
[4] Masferrer llegó a jefe de batallón en el Ejército del Ebro. Recibió dos heridas en combate, una de ellas por esquirla de mortero que le arrancó un talón.
[5] “El Cojo” hirió al pistolero de la UIR Armando Galis-Menéndez y espantó a los demás. Según el finado Rafael Díaz-Balart, Castro brincó unas tapias, se escondió en una caseta de perros para eludir a la policía y acabó refugiándose en casa de Ernesto de la Fe.
[6] “Miami’s Bay of Piglets”, St. Petersburg Times, 19 de marzo de 1967, Sección D.
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