Wednesday, September 11, 2019

EL MALDITO PETRÓLEO

ICLEP-COCODRILO CALLEJERO: Hay un solo perjudicado, el pueblo.

Servi arabense, supuesto responsable de todas las subidas de precios. Foto: ICLEP

Texto y foto: Raúl Pérez Rivero. Periodista Ciudadano
Cada día la población cubana está más convencida de que el grueso de los males que aquejan a la nación tiene vínculo con el petróleo. Semeja propaganda negra, pero es realidad. En la calle son pocos ciudadanos los consultados que no comparten dicho criterio. Es el satanás de estos tiempos, por excelsitud. Dondequiera hablan mal de él, parece consorte de Bin Laden. Nunca un hidrocarburo había sido tan vilipendiado como el petróleo. La gente lo arrastra en el subconsciente. Se desee o no la presencia es llana.
Bajo la cobija de la obtención del combustible en los centros recaudadores de divisas, mucho más caro que en el mercado negro, se ha producido un despiadado boom en el alza de los precios, incluso, en muchos renglones que nada tienen que ver con el petróleo. Tal es la fiebre de incrementar precios que es difícil advertir si algunos animales comen hierba o le echan petróleo en el servi.
Como final de toda esta reacción en cadena hay un solo perjudicado, el pueblo. Es sencilla la razón: el gobierno no está en condiciones de junto con el apretón –exigir los vales de compra de combustibles en divisas– establecer medidas alternativas que protejan a los humildes. Solo interesa resolver el problema: una cruzada en contra el mercado negro.
Salvo que la ofensiva llegó en el peor momento. Desde antaño se sabía sobre la corrupción en los gestores estata-les –nadie tiene un pozo de petróleo en el patio de su casa–, así como es sabido el asunto de la pudrición en la inspección técnica automotriz (Somatón) que tantas muertes provoca o del drenaje de medicamentos en las farmacias y almacenes –en un país donde se sabe casi todo; y lo que no se sabe es porque quienes tienen que saber están involucrados–, pero nunca debió llegar el apretón en medio de una crisis con el suministro de alimentos.
Pareciera que por allá arriba hay más aliados del imperialismo que en la zona del surco. Donde el marabú cada día pincha más.
En estas pasadas vacaciones que se suponían felices, según credos oficiales, la familia no pudo ir a la playa. El precio de los pasajes en los vehículos particulares de transportación masiva de un solo golpe se ha duplicado.
En Los Arabos, de-de la cabecera municipal hasta una playa cualquiera de la provincia, el asiento escaló de 50 pesos MN (Moneda Nacional) a 100 pesos MN. El argumento del dueño del carro: estoy obligado a comprar el combustible en la shopping; aunque se sepa que adquirió diez litros en divisas, para mostrar el comprobante a un inspector que también tiene que comer, y el resto de la gasolina en el mercado negro.
El pueblo no tiene como salir ileso. Similar ocurre con el precio de la carne de cerdo y otros alimentos, se anuncia un valor y por detrás se vende por otro. A todas estas, siempre hay un solo culpable: el precio del petróleo. Apareció un fantasma para cargar con los males de la nación. Problema resuelto. ¿Es qué no se ve o nadie quiere mirar dónde radica la solución del caos imperante?
Nunca ha estado tan cerca la desunión entre los cubanos que en el presente inmediato. A toda costa, unos individuos tratan de sobrevivir a expensas de otros. No interesa al vendedor ambulante que una anciana corra riesgos de ir a la cama sin probar alimentos. El litro de yogurt ahora tiene otro precio. “Señora, todo ha subido de precio. El petróleo está por las nubes”, dice el vendedor. A lo que la anciana responde: “Tú sabes si ahora le están echando petróleo a las vacas en el servi”. Una réplica que lejos de ser ingenua revitaliza un refrán: no hay peor ciego que aquel que no quiere ver. El petróleo. es solo la cara del deslave nacional.

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