Monday, July 22, 2019

OLVÍDENSE DEL POLLO LOS QUE NO SON DE LA DIRIGENCIA CUBANA

ICLEP-COCODRILO CALLEJERO: ¡¡¡Oh Pollo!!!:  El pollo de mi Vaquita no es para mí, comer.

Mercado El Deleite, conocido por su antiguo nombre La Vaquita. Fotos: ICLEP

Texto y foto: William Acevedo. Periodista Ciudadano
Los Arabos, Matanzas, 23 de julio, 2019
A raíz del escenario pollo-combate-jaba vacía, los estudiosos aún siguen la pista a cuánta similitud parece haber entre un conflicto bélico real –con aviones y cañones– y el tablado social que se improvisa en la tienda arabense La Vaquita a la llegada del pollo.
Una cosa si está clara, según saberes de las mentes callejeras más próximas a la realidad: en ambos conflictos es intocable la jerarquía para acceder a los recursos vitales. Entre un coronel –el de la guerra– y un funcionario local no hay diferencias. Ya veremos por dónde le entra el agua al coco.
Ambos, sin meterse directamente en la candela, recibirán el pollo del arroz con pollo colectivo. Lo de ellos, salvado los contrastes de ambos escenarios bélicos, se reduce a un tercio de estrategias y dos tercios de muela.
Esa es la razón por la cual, de 25 cajas de pollo para el pueblo y con el pueblo, bajo cualquier borboteo de kilogramos o regulación, solo asomen a mostrador –donde están los descamisados– menos de 8 cajas; que habían llegado en un suculento camión que tenía rotulado en un costado “Almacenes Universales”.
El pueblo se emocionó. ¡Qué rápido se ilusiona!
Aquel camión era la esperanza perdida. Hubo quien sacó una imagen de Karl Marx y se la enganchó en el espejo retrovisor al chofer. ¡Qué malo es ser del pueblo! ¿Quién me habrá mandado?
Demos otro retoque al tema del coronel, ahora que dicen que el color que está de moda en el planeta es el gris. Aquí lo llaman “Gris Agüica”. Un coronel, bajo la más cruenta andanada de bombazos, no sacrifica el plato de comida diferenciado por el soldado que está en la trinchera. Lo propio ocurre en la contienda de La Vaquita: ningún funcionario local participa en la cola, pero todos saben que de lo poco que llega una parte es de ellos.
Las combinaciones por caja de pollo son múltiples: hacen subconjuntos con matemáticas de a dos en dos, incluyendo facilidades de pago si antes no aparece un cheque por cobrar; los más pudientes pueden comprar la caja entera, que el chofer se encargará de meter en la nevera del directivo, etc.
Es de esperar que al no predicarse con el ejemplo la disciplina se cuartee; por lo cual, otra parte del envío termina en el mercado negro y el pueblo con Jennifer: “El anillo pa’ cuándo”.
En todo esto hay una cuestión que no queda muy clara: en la ciencia militar los privilegios por jerarquía están autorizado; pero, será lo mismo en la ciencia del pro-letariado. ¿O bien, asistía razón al periodista y escritor británico George Orwell? cuando apuntaba en la novela Rebelión en la granja (Animal Farm 1945): “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”. ¿Sabrán los superiores lo que hacen sus muchachitos? O, siempre que sea para comer y no lucrar los de arriba no ven. De ser así, Orwell estaba en lo cierto. En la granja del proletariado no todos los animales somos tan iguales.
Hay otra cuestión estrictamente técnica, el entusiasmo por ser jefe. Si el individuo encuentra otra ocupación donde sea más rentable ejercer que ser funcionario, que se olviden del tango. Lo demás es cuento de caminos, la vida lo ha demostrado.
Sucedió en Viñales, Pinar del Río. Con el auge del turismo los nativos del tabaco se dedicaron a mejorar su calidad de vida, siempre con la hoz y el martillo debajo de la almohada por si se voltea la tortilla. Las autoridades de más arriba se vieron en la penosa necesidad de importar funcionario de otros municipios. Lo nunca visto en Cuba, nadie de Viñales quería tener un Lada.
Algunos incrédulos, cada vez que sacan pollo en La Vaquita, sueñan con el unicornio: el kilogramo abso-luto. Esto es, que la solución radica en reducir el percápita a un kilogramo por persona para que todos alcancen.
Yo les sugiero, sin pretender pecar de fatalista, mientras a la tierra de Los Arabos no le nazca mogotes el pollo de mi Vauita no es para mí comer, es para el funcionario que lo sabe componer. Sino, que lo diga el soberano de a pie (el callejero) que todo lo habla: “¡Ño…!, que tronco de olor a pollo sale de esa casa todos los días. ¡Los gusanos!, los gusanos son niños de teta al lado de esta gente”.

PD: Sobreartículo: terminado este trabajo, en la tarde del viernes 7 de junio, en un nuevo envío de 40 ca-jas de pollo a La Vaquita, solo 48 personas con tiques pudieron comprar el ave . Se dice que todavía están buscando el kilogramo percápita de ese fatídico día. ¿Quién le pone el cascabel a La Vaquita?

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