Wednesday, April 10, 2019

SOCIALISMO CUBANO AL DESNUDO


ICLEP-COCODRILO CALLEJERO: Con el advenimiento de la técnica celular ya nadie tiene ropa. Vivimos al descubierto.

Mujer (rubia) llorando de desesperación, en una cola. Foto: ICLEP

Texto y fotos: William Acevedo Roque. Periodista Ciudadano.
Los Arabos, Matanzas, 11 de abril, 2019
Con el advenimiento de la técnica celular ya nadie tiene ropa. Vivimos al descubierto. Es una época donde el funcionario no sale de un susto para entrar en otro. Esta casta o ralea, antaño todo poderosa, teme tanto –o más– a un celular que a una visita “de arriba”.
Caja de heado al maletero. Foto ICLEP
Algo parecido sucedió en la mañana de un sábado que, para el establishment (sistema establecido), parecía otro amanecer feliz, “sin novedad en el frente”, cuando sacaban una caja de helado hacia el carro de una funcionaria, después de que el producto fuera declarado agotado para el pueblo trabajador. <<¿Quién iba a imaginar que al acecho estaba “un celular de a pie”?>>, diría un rato más tarde el administrador del comercio local La Vaquita.
El sufrimiento que este establecimiento ocasiona a la comunidad, el estado de sudoración que se advierte en los rostros de la cola, es solo comparable con la ansiedad que provoca un dolor de estómago encima del camello (especie de ómnibus) Arabo-Matanzas.
Se precisa de un catador socialista. No estoy claro si la secuencia de imágenes que el artículo muestra tributa a otro caso de maltrato al consumidor, corrupción o comercio de influencias, antes impune.
Hoy, en un instante se malogra una carrera o se le cae la careta al más consagrado de todos los funcionarios. Esa pose seriota y rectilínea uniforme que muestra el carnet militante, in fraganti, puede des-vanecerse en manos de cualquier morador; solo basta un ligero aparatico que tome fotos –el invento se ve tan pequeño en la palma de una mano callejera, algo así como la rubia en la mano de King Kong, parece hasta de mentiras, ¡pero hace un daño!–.
La ruta crítica del establecimiento pasa por el pollo. ¡Cómo saca lágrimas ese animalito! Gracias a Dios, viene congelado. No estaría del todo errado reimprimir en 3D una versión criolla de la tragedia griega. Matizada entre empujones y palabras obscenas se desarrolla cada jornada de venta de pollo. La inestabilidad en la oferta, las exiguas cantidades comercializadas y la ausencia de este producto en las tiendas recaudadoras de divisas han contribuido a generar riñas entre vecinos. Tampoco, hay manera, humana o divina, de saber de antemano cuando venderán; lo cual obliga a muchas personas, incluido ancianos y familiares de enfermos, por ser el pollo ingrediente ideal para la elaboración de sopas, a las colas inútiles.
Sin embargo, el episodio que más enaltece a las masas populares arabenses, sombra latente y al acecho de 1789 (Revolución Francesa, toma de la Bastilla, hoy Plaza de la Bastilla, en julio 14), está relacionado con el hecho de que en ocasiones ponen en venta una o dos cajas de pollo para todo un día, casi siempre temprano en la mañana; mientras trastienda se despachan a personas pudientes, funcionarios y amigos cajas enteras, que se cuantifican en los registros de ventas por el mostrador.
Similares engaños disparan las tensiones en las colas e incrementan el descontento social, como el llanto de una muchacha en la cola. No sin razón, aquel día, alguien dijo que encontraba un extraño parecido entre una bastilla y un mostrador. ¡Dígame usted!, el mundo tiene eventos insólitos: que se inicie una revolución con la toma de un Mostrador.
Volviendo al inicio y cerrando el ciclo, las imágenes ocupan un papel preponderante en la Cuba del presente. Las palabras van pasando a segundo plano. Cuando una imagen arrastra hasta las redes sociales un trozo real de cubano simple: qué come, cómo logra los zapatos y la merienda del niño que va a la escuela, dónde busca un vehículo para trasladar hasta provincia o la capital a un familiar enfermo, de más están las palabras de las imitaciones de gente que inundan las imágenes del noticiero de televisión.
Ya pocos muerden el anzuelo, el pesar de los labios apretados, es fingir para robar hasta la última molécula en el centro de trabajo.
Pero, si además de lo anterior, tenemos a funcionarios e inspectores involucrados en hechos turbios no hay forma de que el pueblo salga ileso. El pueblo no es un elástico. El misterio sobre el interés por hacer carrera como funcionario público, amén el sacrificio que supone entregarse al prójimo sin propósitos personales, cada día devela más sus trucos. El socialismo mágico va quedando atrás.

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