Tuesday, April 9, 2019

CUBA: LOS DOS ARREPENTIMIENTOS DEL TIRANO




por Esteban Fernández
Hace años escuché una entrevista de Fidel Castro en el extranjero y alguien le preguntó: “Comandante ¿Hay algo de lo cual usted se arrepiente de haber hecho?” Lo pensó por unos segundos, se rascó la barba y respondió: “Sí, fusilamos erróneamente a un esbirro llamado Jesús Sosa Blanco creyendo que estábamos eliminando al coronel Merob Sosa” ¡MENTIRA!
En realidad el grave error del cual él se arrepintió eternamente fue: Aupar a Ernesto Guevara de la Serna y a Camilo Cienfuegos Gorriarán.
Originalmente desconozco los motivos que lo llevaron a elevar estas dos figuras: ¿Falta de experiencia, demostrar que en el raquítico Ejército Rebelde él contaba con héroes, o sinceramente creyó que eran dos personas que debían ser sobreestimadas? No sé, lo que sé es que rápidamente se arrepintió de esta supuesta debilidad inicial.
Su fallo más grande al respecto fue durante uno de sus iniciales discursos dirigirse a Camilo y preguntarle: “¿Voy bien, Camilo?” Y eso le hizo suponer al pueblo cubano que se trataba de un personaje importante al cual Fidel Castro le pedía consejos y requería su aprobación.
Esa acogida insólita del pueblo cubano dejó perplejo al tirano en ciernes, tanto es así que a través de 60 años los órganos de prensa del régimen han ignorado esa sorpresiva e “histórica” pregunta y es más: Han desmentido y dicho que “eso no fue lo que dijo Fidel Castro”. Pero yo lo oí clarito, y ustedes también.
Con el Che pasó parecido: fue la primera persona que nombró Comandante en la Sierra cuando en ese momento lo único que había hecho el argentino fue descerrajarle un tiro en la cabeza a un guajiro acusado sin pruebas de ser un delator -llamado Eutimio Guerra- cuando los demás no se decidían a asesinarlo en sangre fría.
¿Cuándo fue que se arrepintió? No sé, lo cierto es que trató de alejarlos de su lado, y ponerlos en peligro lo más posible. Primero los mandó para Las Villas para que se arriesgaran a poner en cintura a los alzados del Directorio y a los miembros del Segundo Frente.
Y fue al revés, el comandante Jesús Carreras Zayas fue el que le tiró los pantalones al Che delante de todo el mundo. A Camilo lo envió a tomar el cuartel de Yaguajay y el chino Alfredo Abón Lee le sacó tremendo susto.
Cuando Batista se fuga son a los dos primeros que envía para La Habana -quizás como carne de cañon- a jugarse las vidas, cuando en realidad era a él a quien le correspondía hacerle frente a la situación. Y ahí se acrecienta la metedura de patas porque eso le hace suponer a los cubanos de que se trataba de dos personajes súper importantes. Hasta “legendarios” los consideró la gente. Los convirtió en el “Che” y el “Señor de la vanguardia”.
A eso le suma nombrar a uno Jefe del Ejército y al otro al frente de La Cabaña donde se dio gusto asesinando a mis compatriotas, y acto seguido el asmático atorrante fue nombrado en un montón de puestos de categoría. Hasta llegar a creerse tan importante que firmó los billetes con su seudónimo simplemente. Y dicho sea de paso a tratar a Castro de “tú a tú”.
Lo que viene después todos sabemos, o nos imaginamos, lo que pasó. Fidel encabronado al pensar que había creado un par de Frankestein. Ellos, ambos -además de millones de cubanos- se creyeron que eran imprescindibles. Y les cayó carcoma.
Uno fue despachado al matadero boliviano, al otro lo desaparecieron en pleno vuelo. Y Fidel Castro se pasó años rumiando y preguntándose: “¿Pa’qué coño yo levanté tanto al par de mequetrefes estos?”
Y de ahí en los adelante jamás osó promover ni levantar a ningún otro ser humano. Créanme que antes de morir nada insultaba más al genocida que ver a alguien con un T-shirt con la efigie del Che. Y todas las flores que cada año les tiraban a Camilo al mar les sabían a Sal de higuera y les olían a estiércol.

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