Friday, March 30, 2018

VIDAS PARALELAS: NICOLAS MADURO Y NICOLAE CEAUCESCU

La muerte de Ceaucescu, el último dictador de Europa

El 26 de diciembre de 1989, Bucarest entera estalló de alegría al ver las imágenes por televisión de los cadáveres de Nicolae Ceaucescu y su esposa Elena muertos, al pie del paredón


Ceaucescu tras la ejecución el 25 de diciembre de 1989
Ceaucescu tras la ejecución el 25 de diciembre de 1989
El 26 de diciembre de 1989, Bucarest entera estalló de alegría al ver las imágenes por televisión de los cadáveres de Nicolae Ceaucescu y su esposa Elena muertos, al pie del paredón junto al que fueron fusilados. «Las imágenes de los cuerpos sin vida de Ceauscescu fueron emitidas horas después de que centenares de rumanos se manifestaran en Bucarest para que les fuera mostrada la ejecución», podía leerse en la portada de ABC, el miércoles 27 de diciembre de 1989, junto a un primer plano del rostro del «tirano muerto, con los ojos abiertos, un pañuelo de seda alrededor del cuello y una corbata roja».
Con la muerte de Ceaucescu y su esposa, «acusados de genocidio», se cerraba una larga etapa de 24 años en las que la población rumana había sido oprimida, explotada, masacrada y matada de hambre «por la dictadura más feroz que ha conocido Europa, probablemente, desde la de Stalin».
Nicolae, nacido en Scornicesti un 26 de noviembre de 1918, se afilió muy pronto al partido comunista y fue ascendiendo muy rápidamente hasta convertirse en presidente de Rumanía en 1965. En ese momento, el dictador comenzó a gobernar con mano dura e instituir el culto a su persona (se concedió el título de «Conducator» y se hizo hacer un cetro como símbolo de su poder), llevando al país a la más extrema pobreza. Mientras, en los últimos años de su mandato, él y los suyos vivían en la opulencia y la población sin, literalmente, nada que llevarse a la boca.
La noche anterior a su ejecución se habían producido algunas manifestaciones, «no muy nutridas», en el centro de la capital, en la que se pedía que las escenas dramáticas fueran emitidas por televisión. «Los rumanos querían tener la seguridad tomasina -contaba ABC- de que ambos monstruos, como ahora se atreve todo el mundo a llamarles, habían dejado de existir».
Poco después, la mayoría de francotiradores atrincherados, «que todavía sembraban la muerte y el pánico en Bucarest», habían desaparecido. «Al parecer, los terroristas están huyendo hacia la frontera yugoslava, donde mucho de ellos están siendo detenidos, al igual que sucede desde hace días en la capital».
La suegra del dictador descubierta bajo la cama
La familia de Ceaucescu no tardó en esconderse nada más estallar la rebelión. Su hija Zoia, escondida en un apartamento de Bucarest, donde se hallaron numerosas joyas y dinero, fue detenida por miembros del Ejército fieles al nuevo Gobierno. Más rocambolesca fue la detención de la suegra del dictador, Elena Petrescu, de casi 100 años, que fue descubierta, «deshidratada y en precario estado», bajo la cama del palacio presidencial donde había permanecido escondida.
Se acababa así una época de auténtica soberbia dictatorial, que llevó a Ceauscescu a no comprender la evolución que estaba siguiendo Europa.
Para pagar la deuda externa acumulada a causa de su acelerada industrialización de la década de los 70, ordenó exportar gran parte de la producción agrícola e industrial del país, lo trajo consigo una importante escasez de comida, energía y medicamentos, que hizo de la vida diaria de los rumanos una auténtica lucha por la supervivencia.
La policía secreta rumana (la «Securitate») mantuvo un fuerte control sobre la libertad de expresión y los medios de comunicación, destruyendo cualquier signo de oposición. Esto se intensificó en los años 80, hasta que, caído el muro de Berlín, su régimen colapsó definitivamente cuando ordenó a la policía secreta disparar contra la población civil que se manifestaba en Timisora. Era el 17 de diciembre de 1989. Pocos días después, la imagen de Ceauscescu y su esposa, abatidos a tiros en el paredón, dieron la vuelta al mundo.

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