Monday, February 5, 2018

¿SON DEMOCRÁTICAS LAS ELECCIONES EN CUBA?

ICLEP-PANORAMA PINAREÑO: Elecciones en la Isla.
Por: Ana Paula García. Periodista ciudadana
Pinar del Río, 5 de febrero, 2018
Las elecciones son la institución central de los gobiernos democráticos representativos. En una democracia la autoridad del Gobierno dimana únicamente del consentimiento de los gobernados. El principal mecanismo por el que ese consentimiento se traduce en autoridad gubernamental es la realización de elecciones libres y limpias.
En todas las democracias modernas se hacen elecciones, pero no todas las elecciones son democráticas. Las dictaduras de derecha, los regímenes marxistas y los gobiernos de un sólo partido -Cuba, por ejemplo- realizan elecciones para dar a sus gobiernos un aura de legitimidad. En esas elecciones puede ser que no haya más que un candidato o una sola lista de ellos sin opciones alternativas. A veces se propone a varios candidatos para cada cargo, pero por medio de fraude o intimidación, el Estado se asegura de que sea elegido el candidato que él mismo ha aprobado -los miembros del Partido Comunista de Cuba dan fe y testimonio de ello-. En otras elecciones se ofrecen opciones genuinas, pero todas dentro del partido que está en poder.
Esas son elecciones democráticas. En Cuba, el pueblo se pregunta: ¿Son nuestras elecciones democráticas?, mientras que otros responden y afirman que sí. Pero hagamos una explicación al respecto: Si partimos de que las elecciones democráticas no sólo son simbólicas sino elecciones competitivas, periódicas, inclusivas y definitivas, por medio de las cuales los encargados más importantes de tomar las decisiones de un Gobierno, son seleccionados por ciudadanos que gozan de gran libertad para criticar al régimen, publicar sus críticas y proponer alternativas, entonces en Cuba las elecciones no son democráticas; quien intente levantar su voz contra el Gobierno Cubano y sus líderes, sabrá de ante mano que será estigmatizado de por vida y sobre el cual se desarrollará la mayor campaña de desprestigio jamás conocida. Las elecciones democráticas son competitivas. Los partidos y candidatos de oposición deben tener la libertad de expresión, reunión y movimiento necesario para plantear con franqueza sus críticas al régimen y proponer políticas y candidatos alternativos ante los votantes. No basta que la oposición tenga acceso a los comicios: las elecciones en que la oposición no tiene acceso a los medios electrónicos, donde sus concentraciones populares son amenazadas, o sus periódicos se someten a censura, no son democráticas. El Partido en el poder puede gozar de las ventajas que su titularidad le confiere, pero las reglas y el desarrollo de la contienda electoral deben ser justos. Las elecciones democráticas son periódicas. Las democracias no eligen dictadores o presidentes vitalicios.
Los funcionarios elegidos deben rendir cuentas al pueblo y someterse al juicio de los votantes, a intervalos señalados de ante mano, si desean prolongar su periodo en al cargo. Esto significa que los funcionarios de una democracia están obligados a aceptar el riesgo de que, con sus votos los electores lo retiren de sus cargos. La única excepción son los jueces, ya que las elecciones pueden ser para toda la vida, a fin de aislarlo de las presiones populares y ayudar a garantizar su imparcialidad, y sólo son removidos si cometen faltas graves. Las elecciones democráticas son inclusivas. La definición del ciudadano y votante deben ser bastante amplias para incluir a gran parte de la población adulta. Si el Gobierno es elegido por un grupo pequeño y exclusivo, no se trata de una democracia, no importa cuán democrático pueda parecer el régimen en sus mecanismos internos. Las elecciones democráticas son definitivas. Ellas definen el liderazgo del Gobierno, sometido a leyes y a la constitución del país. Los representantes elegidos por el pueblo, llevan las riendas del poder: no son figuras decorativas o líderes simbólicos.

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