Tuesday, September 19, 2017

MADURO, ENREDADO EN LAS REDES SOCIALES

 
Paciano Padrón
comentarista venezolano
20 de septiembre, 2017
Las redes sociales son un fenómeno democrático, diría yo, un hecho cultural que da a los ciudadanos un poder igual para hacer llegar a otros sus criterios y opiniones directamente, sin pedir permiso, sin requerir ayuda de un periódico, radio o televisora. Son sitios de internet formados por comunidades de personas, en general con intereses o afinidades en común, que permiten la comunicación e intercambio de información. Las populares redes genéricas, como Facebook o Twitter, son puntos de encuentro y diálogo entre muchos millones de personas; otras son redes profesionales o temáticas, con auditorios más reducidos, pero que igualmente se miden en millones de usuarios. Las redes sociales -como herramientas democráticas y de comunicación- son un peligro para el narco-régimen de Venezuela y para todas las dictaduras del mundo, comunistas o de otro pelambre. Son un arma de la libertad. 
Maduro, en reciente jornada sobre Venezuela efectuada en el Teresa Carreño, luego de la cortina verbal en la que “reiteró a su equipo la importancia de impulsar su mensaje a través de la plataforma de las redes sociales”, dijo lo que sabemos él piensa, pero que no había dicho tan claro: “Las redes sociales son un poder y deben estar en nuestras manos”. Añadió: “el gobierno impulsa la vigilancia de las redes sociales y la difusión de noticias falsas, ellas deben dar a conocer la verdad sobre Venezuela”. El presidente de Bolivia, Evo Morales, calificó de “basura” a las redes sociales. Por supuesto que son una basura, porque sacan a relucir lo sucio, los crímenes y perversidades de las dictaduras, dicen lo que la prensa calla, o no le dejan decir. 
Es obvio que el régimen considere a Twitter y Facebook como “plataformas grotescas y brutales para atentar contra la integridad del pueblo”, y que la fraudulenta asamblea nacional constituyente anuncie “que regulará el uso de las redes sociales en el país, para sancionar a quienes cometan delitos de odio e intolerancia”. 
Las redes sociales hacen saber lo que el gobierno oculta, eso que llaman basura, nos informan cómo “en el Estado Vargas están vendiendo comida con gusanos en CLAP”; cómo  “el salario mínimo vigente a partir de este mes de septiembre, de Bs. 136 mil, solo alcanza para comprar un kilo de arroz, leche, pasta y azúcar, y un pollo”. Las redes hacen saber que “los sobornos de Odebrecht en Venezuela no fueron de $ 98 millones, sino de más de $ 350 millones”. Aún le duele más a Nicolás que las redes informen que los “narco-sobrinos son criminales, no solo porque se dedicaban al negocio del narcotráfico, sino porque las evidencias muestra que eran extorsionistas, pagaban sobornos a las autoridades, participaron en asesinatos y eran capaces de corromper jueces y policías para hacer de dinero proveniente de la industria criminal”. 
Las redes sociales informan del narcotráfico galopante y de su influencia decisiva en el narco-régimen, hacen saber del terrorismo internacional que opera en Venezuela y del uso de minerales nuestros bajo la conducción de Irán e Irak; hacen saber de los intereses políticos, económicos y estratégicos de China, Rusia y Cuba.  Del otro lado las redes sociales nos permiten conocer de la solidaridad internacional y de la necesidad de una amplia ayuda humanitaria para coronar nuestra libertad y reganar la democracia.  
El régimen dictatorial tiene el propósito de encerrarnos como en una cápsula, donde solo ellos opinen e informen, por eso la desaparición de televisoras, radios y periódicos, y el control existente sobre los sobrevivientes; por eso la destemplada declaración de Maduro: “Las redes sociales deben estar en nuestras manos”.  Defendámoslas con todo, son armas de la libertad y la democracia. 

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