Sunday, December 4, 2016

SEPULTADO EL “IDI AMIN DEL CARIBE”

Alfredo Michelena
Caracas Venezuela, 5 de dic, 2016
Rómulo Betancourt, quien fue el único político de su generación que estaba claro, lo llamó el “Idi Amín del Caribe”, en recuerdo del sanguinario presidente de Uganda que impuso el terror en el país africano. Pero, ¿cuál era y es la fascinación con Fidel Castro?
Muchas son las variables que contribuyeron al mito de Fidel, pero todas tienen un eje fundamental: el antinorteamericanismo latinoamericano. Sus raíces se hunden en el “arielismo” -por el ensayo “Ariel”, del uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917)- corriente que contrapone nuestra cultura a la fría y materialista anglosajona.
El venezolano Carlos Rangel aporta al conocimiento del mito el síndrome “del buen salvaje al buen revolucionario”. Allí  el maltratado indígena, por el imperialismo español, se transmutará en el “buen revolucionario” que emancipará nuestra raza. Claro que los EE.UU. jugaron su parte con la política del “gran garrote” o Doctrina Morroe y las varias intervenciones militares en la región, incluyendo la de Cuba y el apoyo a las dictaduras en la segunda mitad del siglo pasado, que se enmarcaron en la guerra fría.
Luego, el imperialismo de Lenin y la dominación imperial derivó en la Teoría de la Dependencia, que se enseñó en todas la universidades. Ella ponía la responsabilidad del subdesarrollo en una causa externa: la dependencia de los países pobres de los países ricos, como una nueva forma de la relación colonia-imperio.
Fidel logró convertir el asalto al poder, que detentaba un sargentón también golpista, en un equivalente a la lucha anticolonial, muy respetada en el contexto internacional de una época favorable a los procesos de descolonización. Entonces se convirtió en el “buen revolucionario” que rompería esa maléfica relación de dependencia con el imperio yanqui. La dependencia se trastocó en el “embargo” y en un discurso que mostraba las muchas conspiraciones y ataques del imperio a la triunfante revolución latinoamericana y a la vez sobrevaloraba la resistencia estoica y digna del héroe, léase Fidel. Claro, quienes se morían de hambre y mengua era el pueblo cubano.
Muchos siguen fascinados en ese atavismo discursivo y lo alaban aún después de su muerte, tratando de enmascarar a quien fue la quintaesencia de un moderno pero sanguinario caudillo del siglo XX, aunque revestido del mito del “buen revolucionario”. Inteligente y zorro sí era “el gran embaucador de la comarca”. Lo hizo con Chávez, quien le entregó nuestra patria a cambio de una fama, que será la de ser recordados por empobrecer y humillar a las sociedades que secuestraron para su pérfida gloria.

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