Tuesday, September 20, 2016

SECRETOS INDECENTES


Es indudable que la responsabilidad por la mantención de la dictadura de Nicolás Maduro no sólo recae en los tiranos cubanos, el Sr. Padrino López y sus fuerzas armadas, los colectivos, el hambre y la miseria inducidas a un pueblo desesperado. Recae también y sobre todo en una dirigencia que aún no comprende la existencial urgencia de construir una verdadera unidad de todas las fuerzas antidictatoriales para desalojar cuanto antes a la dictadura. Del resto, paciencia: las presidencias vendrán por añadidura.
 Antonio Sánchez García.
20 de septiemebre, 2016
“La oposición solicitó que esa reuniones se mantengan en secreto y nosotros hemos mantenido la palabra”. Jorge Rodríguez, Alcalde del Municipio Libertador. El Nacional, 13 de septiembre de 2016
“Rodríguez Zapatero ha sido exitoso en su verdadero propósito, que no es otro que el de desprestigiar a los partidos de la oposición venezolana.”
Editorial de El Nacional, 15 de septiembre de 2016
            Un mínimo desliz puede echar abajo un esfuerzo notable y poner bajo el foco de la duda y el desprestigio años de logros y esfuerzos. Es lo que ha sucedido desde la aparición de uno de los más turbios personajes de la Internacional Socialista, en contubernio con la tiranía cubana, el Sr. Rodríguez Zapatero, en el escenario político venezolano. Resulta inaudito que la misma dirigencia que logró capitalizar el gigantesco descontento que llevara a la primera derrota de proporciones sísmicas de la dictadura, como lo fuera la soberbia victoria electoral del 6 de diciembre, que encendió un faro de luz al final del túnel, haya desembocado en dos derrotas aparentemente banales y de menor cuantía pero de consecuencias de insoslayable gravedad: la castración e impotencia infringida por el régimen a nuestra mayoría parlamentaria, asumida, por cierto, sin mayor desacato ni rebeldía por nuestros parlamentarios. Como si no se hubiera tratado de un verdadero golpe de Estado institucional contra los millones de electores defraudados.
            La segunda de ellas está en pleno desarrollo. Es el grave descrédito en el que ha caído la dirigencia política opositora al hacerse cómplice de la maniobra de Zapatero teledirigida desde La Habana, dejándose naricear por la satrapía de una manera que no hace honor a los sacrificios de nuestro pueblo y propiciando, no sólo su propio desprestigio, sino la fractura de la unidad indispensable para llevar a buen fin el anhelo libertario de la inmensa mayoría de los venezolanos.
            En honor a la verdad sea dicho que la promiscuidad con Zapatero y sus acólitos, los ex presidentes de Panamá y República Dominicana, desde su primer intento en Punta Cana, no debe ser endosada, en rigor, a la llamada Mesa de Unidad Democrática en su conjunto, sino a ese artilugio de camarillas llamado G-4. Resultado de una arbitraria deconstrucción del carácter auténticamente plural, democrático y verdaderamente representativo de ese conglomerado para que la dirección de las luchas anti dictatoriales y el poder efectivo representado en ella recayera exclusivamente en los partidos Acción Democrática, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular. Pagándose y dándose el vuelto. Los mismos que resultaran, con ello, nominalmente beneficiados durante las referidas elecciones parlamentarias al negar la lógica, sana y natural exigencia de los restantes partidos miembros del conglomerado por efectuar elecciones primarias como la única y verdaderamente democrática manera de escoger candidatos que expresaran de la manera más fiel el verdadero sentir popular.
            El trecho que separa a esa auto decidida dirigencia política respecto del sentir de los anhelos colectivos no puede ser más notable. La gigantesca participación popular del 1 de septiembre y la ira expresada en Villa Rosa, ¿caben en ese cuarto de hotel en el que se escenifican esos encuentros secretos entre el G4, el Sr. Rodríguez Zapatero y los esbirros de Nicolás Maduro? ¿O no son más que el prolegómeno a las ansias presidencialistas de quienes, sin ninguna consideración a compañeros presos y al trágico estado de quienes sufren las iniquidades de la dictadura, ya se pavonean no sólo como auto proclamados candidatos presidenciales sino, al decir de algunos de sus paniaguados, como los seguros próximos presidentes de Venezuela? ¿Quién está escribiendo ese guion? ¿El Sr. Zapatero, los Castro, Maduro, el G4, el presidente Obama o el papa Francisco? Una cosa está meridianamente clara: ese guion ni está siendo escrito por el pueblo venezolano, único protagonista de este grave e incierto momento histórico, ni le es en absoluto beneficioso. Sólo sirve a la estabilización del régimen y a la postergación sine dia de la superación de la crisis y la recuperación de nuestra democracia. Pero sobre todo, como lo subrayara El Nacional en su editorial del 15 de septiembre pasado, “a desprestigiar a los partidos de la oposición venezolana”. ¿Mayor prueba de la verdadera misión del sicofante español?
            Es indudable que la responsabilidad por la mantención de la dictadura de Nicolás Maduro no sólo recae en los brazos de los tiranos cubanos, el G-2 y los generales de Raúl Castro, el Sr. Padrino López y sus fuerzas armadas, los colectivos, el hambre y la miseria inducidas a un pueblo desesperado. Tampoco en la insólita complicidad de Washington y el Vaticano. Ni en los gobiernos que hoy asisten a la destartalada cumbre de los sedicentes países no alineados. Recae sobre todo en una dirigencia que aún no comprende la existencial urgencia de construir una verdadera unidad de todas las fuerzas antidictatoriales, capaz de postergar toda ambición individual o grupal que distraiga nuestros esfuerzos por salir de la dictadura, establecer un gobierno de transición y reconstruir el Estado de Derecho, representando con dignidad y grandeza el sufrimiento de millones y millones de venezolanos que nos urgen para hallar una pronta salida a su crisis humanitaria.
            Del apuro queda el cansancio y el desespero, malos consejeros para tiempos oscuros: las presidencias vendrán por añadidura.

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