Una encuesta realizada el mes de julio ubicó el nivel de aceptación del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, en apenas 23%, el más bajo en la historia de un mandatario en el país y, en ese momento, al nivel de Nicolás Maduro en Venezuela.
En agosto, otra encuesta de la empresa Parametría lo dejó aún un escalón más abajo, en el 22%. Aunque hay quien afirma que el nivel de aceptación del Presidente no está relacionado con la efectividad del gobierno, miles de mexicanos tomaron las calles el jueves no para celebrar el Día de la Independencia sino para pedir que el presidente renuncie, con lo que EPN, se une a la lista de mandatarios latinoamericanos que en los últimos años debió enfrentar manifestaciones de repudio en las calles pidiendo su salida.
A un gobierno que ya era impopular, le cayó una maldición llamada Donald Trump, el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos que visitó la residencia de Los Pinos el 31 de agosto, respondiendo a una invitación del mismo Peña Nieto.
Marcha en Ciudad de México pidiendo la renuncia de Enrique Peña Nieto AFP
Marcha en Ciudad de México pidiendo la renuncia de Enrique Peña Nieto AFP
Manifestantes en el centro de México DF (Reuters)
Manifestantes en el centro de México DF (Reuters)
La principal bandera de campaña de Trump ha sido el calificar a los mexicanos que viven en EEUU de delincuentes, con lo que justifica su intención de construir un muro en la frontera entre los dos países.
Por ello, la visita de Trump, quien horas después afirmó en su país que el muro sería pagado por México, fue interpretada en México como una humillación para los ciudadanos no sólo en su país sino ante el presidente y en la misma residencia oficial.
Las consecuencias para Peña Nieto fueron inmediatas: la rival de Trump, la demócrata Hillary Clinton, descalificó la invitación y se negó a visitar México durante el resto de su campaña; en medio de la ola de críticas, Peña Nieto tuvo que rendir su Cuarto Informe de Gobierno a través de un formato presuntamente innovador que consistió en un foro con jóvenes, donde los medios locales señalaron que se habían sembrado preguntas para hacer lucir al Presidente; días después, tuvo que despedir a su hombre fuerte, el ministro de Hacienda, Luis Videgaray Caso, quien habría tenido la idea de la visita del republicano.
Para ese momento, el mandatario aún no se recuperaba de los escándalos desatados por los 30.000 dólares que un amigo pagó por el impuesto predial de un departamento de la primera dama, Angélica Rivera Hurtado, en Miami, así como de una investigación periodística que lo acusó de haber plagiado su tesis universitaria.
La lista de desatinos de Peña siguió el 14 de septiembre, un día antes de la marcha, cuando el director de la Agencia Criminal de Investigación (ACI), Tomás Zerón de Lucio, fue nombrado secretario del Consejo de Seguridad Nacional.
Padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa, que el 26 de septiembre cumplen 2 años desaparecidos, han acusado a Zerón de Lucio de inconsistencias en la investigación, por lo que su nombramiento, a pesar de haber sido el responsable de la segunda captura del narcotraficante Joaquín "El Chapo" Guzmán Loera, fue calificada como una afrenta a quienes demandan la aparición con vida de los estudiantes.
"Motivos para pedir la renuncia de Peña Nieto sobran… se va a acumular la tensión en los próximos meses, todo se empieza a descomponer", dijo en entrevista el activista Jesús Robles Maloof.
Tomás Zerón de Lucio fue nombrado secretario del Consejo de Seguridad Nacional, lo que enojó a los familiares de los desaparecidos de Ayotzinapa
Tomás Zerón de Lucio fue nombrado secretario del Consejo de Seguridad Nacional, lo que enojó a los familiares de los desaparecidos de Ayotzinapa
 
¿Qué se vaya o que se quede?
El Artículo 86 de la Constitución de México señala que "el cargo de Presidente de la República sólo es renunciable por causa grave, que calificará el Congreso de la Unión, ante el que se presentará la renuncia".
Para los activistas convocantes de la marcha, que se realizó a través de redes sociales, la situación por la que atraviesa el país no sólo en materia de seguridad sino también en crecimiento de la pobreza, falta de empleo y justicia social, es por sí sola una causa grave.
Los asistentes a la marcha, entre 5.000 y 10.000 personas sólo en la Ciudad de México, según un cálculo de las autoridades, aseguran que su demanda continuará hasta que el presidente se vaya.
"Si no renuncia, de todas maneras se elevaría el costo político de la corrupción y la impunidad porque él y los demás integrantes del gobierno se darán cuenta de que los estamos observando y deben rendir cuentas", sentenció Ixchel Cisneros, directora ejecutiva del Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos), una de las organizaciones que convocó a la marcha.
Los ciudadanos se han quedado solos ante la petición para que renuncie el Presidente ya que no han sido respaldados, al menos oficialmente, por los partidos de oposición, ni siquiera por el principal crítico de Peña Nieto, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, quien desde 2006 busca la presidencia del país.
Un manifestante en Ciudad de México con un cartel que pide la renuncia del Presidente (Reuters)
Un manifestante en Ciudad de México con un cartel que pide la renuncia del Presidente (Reuters)
(AP)
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"Es un tema que ha estado fuera de la agenda de los partidos políticos. Pareciera que ninguno de los grandes partidos políticos, ninguna agrupación, nadie con presencia en el Congreso está apoyando esta petición", señaló Nicolás Loza, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), sede México.
Loza reconoce que la visita de Trump hundió a Peña Nieto, pero también ha servido para unificar a la clase política en torno a la figura presidencial, porque quienes antes se pronunciaban a favor de su salida, ahora han adoptado un discurso basado en una supuesta estabilidad del país gracias a la permanencia de las instituciones.
"La renuncia podría ser más catastrófica que el que Peña terminará su periodo. Me parece que sí tenemos que distinguir entre la baja popularidad del presidente y el hecho de que mantiene los hilos de la gobernabilidad institucional en el país, que tiene control e influencia sobre todos los poderes formales, me parece difícil que esto pueda derivar en una crisis inédita", señala el académico.
Reconoce que dentro del partido gobernante, el Revolucionario Institucional (PRI), existen diferencias con Peña Nieto: "Hay mucho arrepentimiento sobre su presidencia, sobre haberlo postulado, pero no es común una rebelión o darle la espalda a su presidente".
Sin embargo, Robles Maloof afirma que en México existe una falta de respaldo hacia el presidente y un descrédito inéditos que hacen que "caiga una cosa sobre otra".
Mexico DF (Reuters)
Mexico DF (Reuters)
Lo que falta
Peña Nieto tendrá que entregar el poder el 1 de diciembre de 2018, tiempo que sus opositores consideran suficiente para que renuncie y dé paso a un gran acuerdo para la reconstrucción del país, a través del cual se logre detener el aumento en los índices de violencia, la caída del peso mexicano, y reunificar a la sociedad.
Las cifras hablan de los cuatro años de gobierno de Peña Nieto: el 15 de septiembre el tipo de cambio cerró en 19.77 pesos por dólar en ventanilla, unos 2.66 pesos arriba de lo que estaba hace un año; México se ubica entre los cinco países con más pobreza en Latinoamérica, con 42.1% de sus habitantes sometidos a esa condición, según el Panorama Social 2015 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal); en lo que a seguridad se refiere, los homicidios aumentaron 16% en los primeros seis meses del año, al registrarse 9.615 asesinatos, de los que el 56% se le atribuye a los cárteles de la droga.
Todo en conjunto, afirma Robles Maloof, son síntomas de "descomposición" y con la renuncia del Presidente se busca que la situación sea más grave.
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