Monday, July 11, 2016

LA LECCIÓN DE VENEZUELA

La ironía es que Maduro cerró la frontera, expulsando y denigrando a los colombianos que hoy abren sus brazos y voluntades a sus acongojados vecinos
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Venezolanos transportando paquetes a través del puente internacional Simón Bolívar, en la frotera entre Colombia y Venezuela (Foto: Reuters)
Venezolanos transportando paquetes a través del puente internacional Simón Bolívar, en la frontera entre Colombia y Venezuela (Foto: Reuters)
Angélica Mora
Cubanet
VENECIA, Italia.- Una masa humana, cruzando la frontera en procura de alimentos y medicinas, ha sido vastamente mostrada en la televisión italiana y las imágenes están siendo repetidas en todo el mundo.
No se trata de emigrantes que cruzan hacia Europa buscando una mejor vida, sino todo un pueblo –considerado rico hasta hace 16 años– que hoy pasa la frontera para buscar afuera lo que su propio gobierno les niega.
Las imágenes de miles de venezolanos pasando el Puente Internacional para comprar lo más vital  en Colombia han sido impactantes y cada una, en un prisma silencioso pero significativo, ha demostrado el fracaso del gobierno socialista de Nicolás Maduro.
“La gente no come con falsos diálogos y el hambre no espera”, ha dicho la exparlamentaria venezolana María Corina Machado; y lo ocurrido, de una masa humana cruzando hacia Colombia, ha subrayado sus palabras.
La tremenda ironía es que Maduro cerró hace algunos meses esa misma frontera, expulsando y denigrando a los colombianos, que hoy abren sus brazos y voluntades a sus acongojados vecinos.
¿Se puede dar algo más aleccionador?
Venezuela sigue esperando cambios y el espectro de una guerra civil es cada vez más real en la nación bolivariana. La inflación, los robos, los saqueos y las muertes aumentan diariamente, sin que Nicolás Maduro sepa y pueda controlar la hecatombe.
Tampoco el gobernante quiere buscar soluciones y lo único que trata es ganar tiempo para que el referendo en su contra no se realice este año sino en 2017, que es lo que quiere La Habana, al crearse así una nueva escena con un vicepresidente del gusto de Raúl Castro.
Maduro sigue las instrucciones que recibe desde La Habana y le echa gasolina al fuego cada vez que niega la ayuda humanitaria que la Iglesia Católica y otras organizaciones han ofrecido.
Dice Machado: ¿Cómo le explicas tú a la mujer que no consigue antibiótico para su muchachito prendido en fiebre, o a la mamá que lo ve llorar al acostarlo con hambre, que hay toneladas y toneladas de alimentos que pueden ser enviados a Venezuela ya; y que Maduro lo impide. Peor aún, su respuesta ha sido el sarcasmo y la burla, mandando a la gente a ‘comer mangos'”.
Ante esa panorámica, y con desesperación ante el hambre mostrada estos días por los venezolanos, solo queda la perspectiva de que sigan “comiendo mangos” o rebelarse en masa, corriendo el peligro que Maduro les lance a las Fuerzas Armadas, cosa que Simón Bolívar declaró como vedado al decir: “Maldito el soldado que vuelva las armas contra su pueblo”.
Pero se ha demostrado que la Venezuela de la semana pasada no es la de hoy, ni la de hoy será la de la semana que viene. Ante esto, sólo hay que esperar lo que traiga el mañana.

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