Thursday, June 16, 2016

LOS BRUJOS DE CHÁVEZ

 
17 de junio, 2016
Introducción
Esta investigación comenzó a finales de 2012, cuando el presidente venezolano Hugo Chávez era tratado en Cuba del cáncer que terminó quitándole la vida. En esos días, los canales de televisión oficialistas no dejaban de transmitir los rezos de los chamanes indígenas del Amazonas y los rituales babalawos para sentenciar una pronta curación.
Las oraciones en favor de la salud del Comandante Eterno se habían convertido en una prioridad para el canal del Estado y para el gobierno. Ya los rituales no se escondían. No había nada de lo que avergonzarse, sino todo lo contrario. Una ceremonia santera, celebrada en La Habana, fue transmitida en vivo y directo.
El grito desesperado a los orishas debía ser difundido a todo el país, así como fue divulgada la exhumación de los huesos del Libertador Simón Bolívar de madrugada. El rumor extendido, la certeza de que el gobierno se había volcado de lleno en los rituales para conservar el poder, era una realidad en la calle.
Tras el anuncio oficial de la muerte de Hugo Chávez, el movimiento político se convirtió en un fenómeno religioso. Las exequias del presidente fueron transformadas en un acto electoral masivo. Los funerales de Estado también formaban parte del mitin electoral.
Cientos de miles de personas se persignaron frente al cadáver del gigante de América y comenzaron, de inmediato, a pedirle casa, carro y trabajo. Se construyeron templos populares en honor a Hugo Chávez y poco tardó el líder político venezolano en aparecerse entre los vivos. Traía mensajes para sus amigos, se materializó en sueños y también se dejó sentir en los rituales espiritistas en las montañas de Sorte y Quibayo. No podía ser de otra manera.
 El líder del proceso, Hugo Chávez, nunca ocultó su marcada personalidad supersticiosa, su afición por la lectura de cartas ni su debilidad por el espiritismo. Y sus seguidores más fieles también lo quisieron acompañar hasta en sus convicciones espirituales.
Los rumores sobre las brujerías y los sacrificios de animales y ritos secretos siempre han envuelto el chavismo. Desde los animales mutilados en los zoológicos hasta los zamuros muertos en el Palacio de Miraflores, los extraños acontecimientos ocurridos en una sociedad crédula alimentaron la figura del Chávez santero, brujo y espiritista.
Para averiguar hasta qué punto la relación del chavismo con la magia es pura invención y dónde comienza una realidad contrastada y comprobable, decido emprender la investigación más compleja y ambiciosa de mi carrera.
Tras el fallecimiento de Hugo Chávez, me trasladé de Madrid a Caracas. Después de dos viajes en los que sumé tres meses en Venezuela, realicé más de sesenta entrevistas con amigos, allegados, colaboradores y autoridades del gobierno chavista. Altos cargos militares, compañeros de su primer golpe de Estado, jerarcas del chavismo, políticos, sociólogos e historiadores. También conversé con brujos, santeros, espiritistas, sacerdotes y políticos que no ocultan su inclinación hacia los rituales menos convencionales.
 Después de más de dos años de trabajo, he podido descubrir la verdadera materia que vertebra el chavismo. No es la lealtad al líder político, ni el movimiento que empodera a los pobres y los libera del yugo oligarca. El verdadero cemento de la revolución bolivariana, el que consolida las simpatías y las convicciones, no es otro que el mundo mágico-religioso. Todo comenzó con los rituales realizados por el presidente en su etapa conspirativa y que este libro detalla de forma documentada. T
ras su llegada a la Presidencia, Chávez se acercó a todas las condiciones y creencias, se bañó en las cascadas de Sorte, se dejó leer el tabaco, pidió en televisión el poder de los rayos de los brujos de la revolución y celebró un ritual santero, a ojos de los babalawos, frente a los huesos del Libertador Simón Bolívar. La debilidad de Hugo Chávez hacia los temas religiosos fue aprovechada por el gobierno cubano para sembrar de santeros y babalawos las oficinas públicas, los ministerios y los estamentos militares.
Este libro contiene revelaciones sorprendentes sobre la verdadera función de esta red. También da a conocer la sala de rituales y sesiones de espiritismo en el propio Palacio Presidencial de Miraflores. Para narrar una historia real, pero a la vez fantástica, he decidido recuperar la voz del presidente Hugo Chávez en cinco capítulos del libro. Para ello, he echado mano a alocuciones en televisión, extractos de su diario personal y a entrevistas con su entorno íntimo.
Una parte de este contenido es literal. Se trata de reproducciones textuales de sus alocuciones y de sus textos en los que abordó el tema de los espíritus y los fantasmas. Otra parte ha sido reconstruida a partir de testimonios de su círculo íntimo. Ese ha sido el trabajo más difícil.
Escribir esas historias y luego escuchar la voz del comandante como si lo volviera a tener frente al televisor. Espero haberlo logrado. De esta forma he plasmado cinco vivencias mágicas de Hugo Chávez que son contadas en primera persona. La voz del presidente, marcada en cursivas, es el recurso literario que he decidido utilizar para revivir esas cinco historias fascinantes. Cada detalle que narra ha sido corroborado.
 Por ejemplo, el contenido del primer capítulo recrea la premonición más trascendental de su primera bruja, Cristina Marksman. Y dada la trascendencia de la profecía –cumplida en el tiempo y hoy recordada con fascinación por el círculo íntimo del comandante– en lugar de ponerla en boca de Cristina, recurro a Chávez. Es la manera en que decidí dar forma a un libro que también lleva esta impronta misteriosa. Estamos en el mundo de los brujos. De lo oculto.
Estuve en las tierras donde Chávez visitó a los espiritistas de María Lionza, en los Llanos donde escuchaba las ánimas y el cabalgar de su abuelo Maisanta. Visité en dos ocasiones en la cárcel al exministro de Defensa, Raúl Baduel y entrevisté en numerosas ocasiones a Herma Marksman, amante de Hugo Chávez durante diez años y una de las mujeres que mejor conoció sus temores y debilidades, sus grandezas y complejos.
También hice el camino que, tras la detección de la enfermedad, Chávez quiso recorrer para pedir curación a las Vírgenes y a los Cristos. En La Grita, en Barinas, en Guanare. Allí, el espíritu de Chávez todavía sigue vivo y sus allegados y detractores continúan refiriéndose a él en presente, como si no hubiese muerto, como si en cualquier momento pudiera sorprender al país con una nueva cadena presidencial. Su energía sigue presente, su legado aún no ha desaparecido. Tal vez sus allegados, creyentes y supersticiosos como él, tengan razón y el último hechizo de Hugo Chávez que desvela este libro continúa ejerciendo sus influencias sobre el país.
(SIGUE)

DAVID PLACER (Caracas, 1978) 
 comenzó su carrera en 1998 en el diario El Nacional

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