Pedro Sánchez (PSOE), Mariano Rajoy (PP), Pablo Iglesias (Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos)
Pedro Sánchez (PSOE), Mariano Rajoy (PP), Pablo Iglesias (Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos)
España llega al fin de la campaña número once desde que recuperó la democracia en 1976 cruzada por todo tipo de operaciones de unos contra otros y, si faltaba algo, apareció además el Brexit.
Esta auténtica "bomba", que es la salida del Reino Unido de la Unión Europea, ha desatado todo tipo de especulaciones e interrogantes sobre lo que pueda pasar hoy. Para algunos beneficia al Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy. El PP gobernante se autoproclama como el partido del orden, de la moderación y de la sensatez. Curiosos adjetivos para un elenco que ha aplicado recortes en sanidad, educación, reformas laborales y desalojos al por mayor de miles de españoles que no pudieron hacer frente al pago de las hipotecas durante estos años de crisis.

Mariano Rajoy, presidente del gobierno de España (Reuters)
Mariano Rajoy, presidente del gobierno de España (Reuters)
¿En qué situación se encuentra el "otro" de esta campaña, el asunto de la salida británica? El "otro" por supuesto es Pablo Iglesias (Podemos), que nació a la vida política española como un joven jacobino, pero hoy dice ser un león herbívoro dispuesto a mamar de lo mejor de las tradiciones socialdemócratas. Lo sorprende en un escenario complejo, ya que una de sus apuestas fuertes para atraer el voto periférico de España, es reconocerles a Cataluña, al País Vasco, a la Comunidad Valenciana y a Galicia, la posibilidad de que celebren referendum de autodeterminación, esto es, elegir continuar o no en el Reino de España.
A favor de Iglesias hay un argumento de peso. Su espacio político es el único que envió dirigentes a Inglaterra para realizar campaña a favor de la pertenencia de los ingleses en la Unión. Por otra parte los "podemistas" explican que con ellos gobernando las regiones no se querrán marchar, porque las van a reconocer como naciones dentro de una nación llamada España.

Albert Rivera, presidente de Ciudadanos (AFP)
Albert Rivera, presidente de Ciudadanos (AFP)
Una campaña enrarecida
Más allá del "cisne negro" que puede traer aparejada la decisión de los británicos, el proceso electoral traía una dinámica cargada de operaciones y entendimientos subterráneos. Todas las encuestas que se publicaron en medios cercanos al gobierno de Rajoy daban por sentado un desplome del Partido Socialista (PSOE). Esto favoreció claramente al PP, pero también a Podemos, ya que generó un escenario de polarización demasiado inflado, al mostrar a un PSOE raquítico, incapaz de terciar con fuerza en la agenda de campaña. Cierto es que el PSOE tampoco ayudó. Su candidato, Pedro Sánchez, un joven poco carismático, ha sido lastimado por las pujas internas. Su liderazgo siempre fue cuestionado.
Ese diseño de antagonismos entre el partido del orden y el populismo venezolano, fue bien explotado por el PP y Podemos y quedó expuesto rotundamente en el debate de los cuatro candidatos a Presidente de Gobierno. En ningún momento del largo debate, Rajoy arremetió contra Iglesias, y, a su vez Iglesias evitó encarar a Rajoy por donde más le duele, que son los asuntos de corrupción.

Pablo Iglesias, Secretario general de Podemos (Reuters)
El cuarto en discordia, Ciudadanos, el partido de centro derecha, ha intentado pinchar por derecha e izquierda tratando de recuperar visibilidad en un marco forzadamente creado  porque hay dos a los  que les conviene esta situación.
El miércoles pasado el Público dio a conocer unas escuchas entre el ministro del interior Jorge Fernández Díaz y un funcionario de su dependencia en Cataluña. El ministro le pedía información sobre empresas que podían haberse beneficiado de contrataciones con el Estado. El subalterno le contestó que lo que tiene "está flojo de papeles" o que no reviste mayor envergadura y el ministro le replica que los fiscales, a esos "asuntos" los pueden afinar para que desemboquen en una querella criminal contra políticos opositores. Las grabaciones eran de 2014, pero aparecieron hace cuatro días.

Pedro Sánchez, Secretario general del PSOE (Reuters)
Lo que viene
El gran interrogante es si España tendrá gobierno después de estas elecciones  o se tendrá que someter a la surrealista situación de un tercer turno comicial en menos de un año. Ese dislate no habría que descartarlo, observando los vetos cruzados de todas las fuerzas en cuestión.
El PP ha dicho que si es primera fuerza, los demás deben acudir a gobernar con él. Los populares desean crear una gran coalición a la alemana, esto es, PP-PSOE. El PSOE rechazó esa fórmul y por otra parte adelantaron que no se van a dejar manejar por Pablo Iglesias. Para completar el caótico escenario Ciudadanos manifestó que sólo apoyaría al PP para formar gobierno si Rajoy no es el Presidente de Gobierno de ese posible entendimiento.
Una versión circula por estas horas en lo más alto del poder en Madrid. Remite a la posibilidad de que los partidos propongan un candidato de consenso para un periodo de gobierno de dos años, para acometer una serie de reformas, entre las que figuraría la ley electoral. Le llaman la "fórmula Monti", por Mario Monti, que fue premier italiano entre 2011 y 2012. Era un técnico de consenso que destrabó la endemoniada política de la Italia de esos años. Recordemos que la constitución española permite presidir el gobierno a alguien que no fue candidato, pero que es elegido por una mayoría parlamentaria.
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