Monday, May 16, 2016

QUÉ BAÑO PUEDO USAR

El absurdo argumento de la "preferencia" sexual y otras.


 Gerardo Martínez-Solanas
17 de mayo, 2016
Al hablar de democracia y de los derechos humanos que la sustentan, no podemos perder de vista las obligaciones del ciudadano, una de las cuales es la de respetar el derecho ajeno, es decir, reconocer que el derecho propio no puede anular el derecho ajeno. En otras palabras, el derecho propio termina donde comienza el ajeno. Eso está bien claro en el Artículo 29, inciso 2, y en el Artículo 30 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Es una aberración en el ámbito del derecho la pretensión de fragmentar la Declaración Universal para proclamar derechos individuales que distingan preferencialmente a una persona o a un grupo del resto de la humanidad. Los derechos humanos internacionalmente reconocidos se aplican a todas las personas, indistintamente de su condición social, raza, sexo, nacionalidad o religión. Por tanto, hablar de los derechos de las mujeres, de los homosexuales o transexuales, o de cualquier raza en particular, es una aberración jurídica, porque todos somos personas con iguales derechos.

Se puede argumentar que alguna minoría ve conculcados sus derechos como personas y que, por lo tanto, es imperativo reconocérselos, pero no es aceptable que esa minoría cuente con derechos particulares que ejerzan una malsana prioridad sobre los derechos de las personas en general. Cuando hablamos de los derechos de la mujer habría que sustentar derechos paralelos de los hombres, lo cual implicaría una discriminación por sexo. ¿Acaso los heterosexuales proclamamos derechos particulares que nos distingan de la población en general? ¿Vamos a desarrollar una legislación que también reconozca derechos particulares a los blancos o a los chinos? Todos somos personas con iguales derechos ante la ley. Y si la ley hace distinciones, está de hecho violando los derechos de los demás.

Es absurdo el actual debate en la sociedad norteamericana, que se ha convertido nada menos que en un debate político por el que los candidatos pretenden asegurarse votos de los interesados en la cuestión de los "derechos" de los transgénero, en particular su pretensión de poder usar, según su "preferencia" individual, servicios higiénicos y vestidores públicos reservados para proteger la intimidad de los usuarios. ¿No son validos acaso los derechos a la privacidad del resto de los usuarios? La campaña supuestamente "antidiscriminatoria" que ha llegado hasta la Casa Blanca y el Congreso de EEUU lleva a extremos como el que observamos en la imagen que sigue, donde no se respeta la intimidad de las personas de distintos sexos.

Una persona transgénero no es alguien que se ha sometido por medios quirúrgicos al cambio de sexo. Su apariencia personal sigue siendo la de un hombre o la de una mujer, indistintamente de su preferencia por vestirse y aparentar ser un miembro del sexo contrario. De hecho muchos hombres (y también mujeres) que se complacen vistiendo al estilo del sexo contrario, no han renunciado a las relaciones heterosexuales y muchas veces las prefieren. Luego una persona que claramente pertenece a un sexo determinado no tiene derecho a irrumpir en la intimidad de los miembros del otro sexo para satisfacer una supuesta "preferencia".

Por otra parte, la "preferencia" sexual tampoco es un derecho que desplace los derechos de quienes no tienen tales preferencias sino que siguen normalmente el curso de su propia naturaleza. Esto de reconocer "preferencias" sexuales como "derechos" es sumamente peligroso y, en caso de que nuestra sociedad dé rienda suelta a tales pretensiones, provocará un caos que destruya a la misma sociedad que lo permite. De hecho, hay muchas preferencias sexuales, además del homosexualismo. Muchos individuos se ven atormentados por una preferencia sexual por los niños y adolescentes. Otros se ven tentados a establecer relaciones permanentes con varios cónyuges a la vez. Algunos son sádicos y les gusta hacer daño y percibir el dolor y el miedo en su pareja. Muchos más gozan con el voyerismo y fomentan además la pornografía. Cabe preguntarse si sería correcto que alguno de estos aprovechara la permisibilidad de elegir instalaciones públicas según su supuesta "preferencia" sexual para dar rienda suelta a sus impulsos. ¿Por qué permitir que se viole la privacidad de los demás?

El propósito de vivir en sociedad consiste en establecer y respetar los derechos humanos para proteger tanto a las minorías como a las mayorías, pero no como grupos privilegiados por cualquier ley en perjuicio de los derechos de TODOS como personas.

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