Saturday, April 23, 2016

CUENTO DESDE EL PARQUE JURÁSICO: EL GATO CHESHIRE

Angélica Mora
Apuntes de una Periodista
Nueva York
Al Jefe se le veía la satisfacción en su sonrisa de gato de Cheshire, que como el felino de Alicia en el Pais de las Maravillas le venia de perilla a su cara lampiña... (verso sin el mayor esfuerzo).
Total, él decía que Cuba era La Isla de la Felicidad y como en el cuento de la conocida obra de Lewis Carroll, era una concepción kafkiana, en la cual el mundo exterior se maravillaba que todos estuvieran vivos, hasta el ComaAndante Fidel Castro.
Los de adentro, los que no podían más, seguían cogiendo todo lo que flotara... y chapoteaban entre tiburones para llegar a la tierra del Enemigo, que desde que tenían uso de razón, les habían enseñado a odiar y desconfiar.
Quizás algún la isla se iba a soltar  y se perdería en el horizante impulsada por miles de pies, como contó Reinaldo Arenas en una de sus novelas, pero por ahora seguía pegada a su fondo insular.
El Jefe estaba feliz porque, luego del Congreso, su dominio era absoluto, constante y feroz... y el que se rebelara  "Duro con él, Fidel".
Los tontos útiles del país del Norte y en el resto del mundo, aplaudían que estuviera sometiendo tan bien a todo un país y tuviera incluso poder absoluto sobre un títere que proseguía acabando con lo poco que quedaba de una Venezuela hambrienta, sin medicinas y a oscuras.
El Jefe en realidad ya no necesitaba reuniones de la Cúpula Gobernante, aunque de vez en cuando pensaba darse una vuelta, subirse al púlpito, sonreir desde allí con su cara macabra y luego ir a ponerle flores a los muertos.

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