Friday, March 11, 2016

"NO NOS LA CALAMOS MÁS"



La decisión a tomar es ponerle punto final a esto. Nos hacemos la pregunta o escuchamos preguntar, ¿hasta cuándo aguantamos?, ¿cuándo vamos a reaccionar? Otras veces afirmamos u oímos decir “esto es inaguantable”, “yo no creía que llegaríamos hasta aquí”. Parece que buscáramos que otro responda por nosotros y le diga a Maduro, “hasta aquí aguantamos atropellos”, “de aquí no pasarás”. La decisión es nuestra, no de un gobierno extranjero o de la comunidad internacional, menos aún es de los militares; es una decisión de los venezolanos que teniendo sangre en las venas, decidamos reaccionar ante los atropellos e iniciar el camino de retorno a la normalidad, porque esto es anormal y bochornoso. Decidir no calarnos más a Nicolás es nuestra responsabilidad y tarea.

Si diez años atrás nos hubieran dicho que llegaríamos adonde hoy estamos, que seríamos el país número uno en inflación, número uno en desabastecimiento de alimentos y medicinas, número uno en delincuencia y corrupción, no lo habríamos creído. ¿Qué pudo pasar para que no pasara nada que detuviera el derrumbamiento del país?; nos lo han lanzado por un barranco, y allá vamos cuesta abajo esperando no sé qué, como si estuviésemos embrujados y sin capacidad de reaccionar, cuando la reacción está más que justificada.  No sería necesario recordar ahora el Art. 350 Constitucional que establece que el pueblo de Venezuela “…desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”. Aquí se ha violado todo.

No hay cómo pedirle al pueblo que se aguante más y soporte la situación de postración vigente, ni hay razón para pedirlo. Rafael Caldera, en su condición de senador vitalicio, tomó dos veces la palabra en el Congreso de la República, en sendos momentos cruciales, para recordar que a la gente no se le puede pedir privarse de sus derechos, cuando hay hambre, y cuando no se le ve al gobierno actuar diligentemente. Recordemos esos dos mensajes y tiempo.

Pocos días luego de que Carlos Andrés Pérez asumiese el poder en su segundo gobierno, febrero de 1989, estallan Guarenas y Caracas; era el día 27, las medidas económicas tomadas por el gobierno y rechazadas por el pueblo lo hicieron explotar. Dos días más tarde, el 1° de marzo, se escuchó la voz de Caldera en el Congreso: “No se le puede pedir sacrificio al pueblo si no se da ejemplo de austeridad. La austeridad en el gobierno, la austeridad en los sectores bien dotados es indispensable, porque decirle al pueblo que se apriete el cinturón mientras está viendo espectáculos de derroche, es casi una bofetada”. Hoy el derroche de la boliburguesía y la riqueza desmedida de unos pocos es grosera y sin precedentes. Es inaceptable.

Pocas horas luego del fallido golpe militar que encabezó Hugo Chávez contra la democracia, el 4 de febrero de 1992, se escuchó la voz de Caldera en el Parlamento: “Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y por la democracia, cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer y de impedir el alza exorbitante en los costos de la subsistencia; cuando no ha sido capaz de poner un coto definitivo al morbo terrible de  la corrupción”. No era entonces imaginable que alguna vez pudiéramos padecer una inflación superior al 200 % por año, que nos ubica en el lamentable primer lugar de inflación en el mundo, junto al desabastecimiento más brutal que hayamos padecido. Tampoco era imaginable entonces que fuésemos a tener el reconocimiento como el país de más alta corrupción en América y el mundo. La dependencia de los poderes públicos de la voluntad de un solo hombre, se tragó el control y la sanción, los poderes Judicial, Ciudadano y Legislativo -este último hasta hace dos meses- han estado complacientemente de rodillas ante Miraflores.

Si todo indica que estamos mal, muy mal, que vamos por un despeñadero, ¿qué justifica que nos la sigamos calando?, ¿qué impide que reaccionemos? Demos el paso, alcemos la voz y digamos con firmeza y sin retroceso: no nos la calamos más. Luego, actuemos en consecuencia.

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