Thursday, February 25, 2016

2 PARTE, COMO HUGO CHAVEZ REGALÓ VENEZUELA

Nicaragua

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Tras finalizar su última toma de posesión, Daniel Ortega sostuvo un encuentro en enero de 2012 con Chávez. Los hijos, nueras, yernos, nietos y la esposa del nicaragüense se retrataron junto al venezolano. Foto: Lavozdelsandinismo.com
A un costo de 4.000 millones de dólares, la obra debía concluir en 2012 para poner en funcionamiento una instalación capaz de refinar 150.000 barriles de petróleo al día.
A ocho años de su inicio, en el sitio solo se ve movimiento de tierras y la construcción de tanques de almacenamiento, 16 en una primera fase. Los trabajos están a cargo de la empresa china CAM Engineerring Co., Ltd. y, según datos del Banco Central de Nicaragua, hasta la fecha Pdvsa ha invertido 312,7 millones de dólares, menos de la décima parte de lo que se calculó costaría la refinería.

Ahora se duda de que la refinería se construya jamás. Es un caso parecido al de la proyectada refinería José de Abreu y Lima, en la que Pdvsa debía participar con Petrobras para levantarla en Pernambuco, Brasil, según la visión compartida de Hugo Chávez y el ex presidente Inacio Lula Da Silva. Pero, aún si se completa o no, ¿por qué empezaron la construcción en Nicaragua por la cola, los tanques de almacenamiento, que son una instalación secundaria? Una fuente de la empresa privada en Managua, que pide no ser identificada, lee esa peculiaridad del proyecto con suspicacia: “Con esa inversión en tanques de almacenamiento, Albanisa tiene capacidad para convertirse en el gran importador y, luego, el gran revendedor de productos terminados en el mercado regional”.
La llave de la despensa de Venezuela

Se llama Albalinisa y no es un trabalenguas ni una competencia al estilo de Descubra las diferencias. Es otra empresa que termina por conectarse al grupo de su casi homónima, Albanisa. Alba Alimentos de Nicaragua, S.A. (Albanilisa) es identificada como una de las empresas mixtas binacionales que CVAL (la Corporación Venezolana de Alimentos, adscrita al ministerio de Agricultura y Tierras y ahora en proceso de liquidación) declaraba haber constituido también con naciones aliadas como Rusia y Siria. Pero, en el caso de Nicaragua, Albalinisa quedó encargada de administrar el mecanismo de compensación creado en el marco de Petrocaribe y por el cual Managua puede pagar una fracción de su deuda petrolera en especies.
“Para el pago diferido, el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, podrá aceptar que parte del mismo se realice con productos, bienes o servicios establecidos mutuamente”, ofrece Caracas a sus contrapartes en el texto del acuerdo de Petrocaribe.
Nicaragua le sacó partido a este párrafo. Y cómo. En 2006, las exportaciones de Nicaragua a Venezuela totalizaban dos millones de dólares, menos de lo que exportaban Haití o Belice al país suramericano. Pero de 2007 a 2014 las ventas nicaragüenses a Venezuela se multiplicaron 49 veces, de 7,6 millones de dólares a 375,95 millones, según datos oficiales del Centro de Trámites de las Exportaciones (Cetrex). La caída constante del precio del petróleo desde fines de 2013, y la subsecuentemente menor disponibilidad de divisas por parte del Estado venezolano, hacen difícil creer que se volverá a alcanzar el tope de 444 millones de ventas anuales de Nicaragua a Venezuela, que data de 2012.
Pero, de todas maneras, el negocio sigue siendo pingüe. Venezuela se convirtió en el mayor mercado de exportación del campo nicaragüense y no solo en cantidad: con frecuencia, el ávido cliente venezolano –que es el Estado– paga precios por encima del promedio internacional. Solo lo superan Estados Unidos y Taiwán. Además es un cliente voraz, que siempre vuelve por más, paga rápido y, hasta hace poco, se daba el lujo de pagar por adelantado.
Las agroindustrias nicaragüenses de la carne, del café, de la leche, del azúcar y del aceite y oleaginosas, viven una verdadera bonanza con el maná venezolano. De todos los regímenes bolivarianos del continente, quizás sea el de Daniel Ortega el que mantiene mejores relaciones con los capitanes empresariales, y todo gracias al canal privilegiado de colocación de sus productos que ha logrado con sus aliados en Caracas.
altEl accionista principal de Albanisa es Pdvsa, representada por Asdrúbal Chávez, primo del fallecido comandante Chávez y ex-ministro de Petróleo en el gabinete de Nicolás Maduro. Foto: Flickr/Faoalc.
Resulta curioso que, en contraste con su prédica de izquierda, los miramientos del Gobierno de Ortega se hayan concentrado en los grandes productores. “Los principales productos que gozan de acceso preferencial al mercado venezolano, con excepción del frijol negro o caraota, se encuentran en manos del gran capital nacional”, apunta el economista Adolfo Acevedo. “Para la Comisión Nacional de Productores de Azúcar, para las plantas industriales de procesamiento de productos lácteos como Centrolac y Parmalat, para el Matadero San Martín, entre otros, el mercado de Venezuela ha sido un excelente negocio”.
En cambio, de las pocas contrapartidas que los pequeños productores del campo habrían podido recibir de la alianza con Venezuela, se sabe poco, y eso que se sabe es sombrío. Por ejemplo, los suministros de urea venezolana para fertilizar se centralizaron en una organización oficialista, Nicaraocoop, que estableció precios diferenciales según la afiliación política o familiar del comprador.
Una asignación de contado por diez millones de dólares que Hugo Chávez entregó para financiar préstamos dirigidos a pequeños y medianos productores, terminó distribuida “en sólo cinco empresas”, según escribió la economista Gloria María Carrión Fonseca en una nota de la revista Envío. “Cuando los miembros de” la federación campesina “preguntaron por el criterio que se usaría para acceder a los préstamos, el gobierno les informó que los criterios ya habían sido establecidos y los recursos distribuidos”, aseguró.
A cambio del impulso para sus negocios, los grandes productores agrícolas nicaragüenses se dejaron acostumbrar a que Albalinisa intermediara en sus exportaciones. Albalinisa era en 2009 la número 48 entre las firmas exportadoras de Nicaragua. En 2014 se convirtió en la segunda.
La llave de Albalinisa para exportar a Venezuela la tiene Francisco Chico López, vicepresidente de Albanisa y tesorero del FSLN. “Él es quien decide en última instancia”, coincidieron varias fuentes consultadas. Con el que hay que firmar las negociaciones y acuerdos.
Cuando elige proveedores, López prácticamente elige a quién le va a ir mejor en la temporada.
Por ejemplo, en el azúcar. “Todos los ingenios exportan a Venezuela. Pero no hay una regla. Algunos años van todos, otros años van unos cuantos; unos venden mayor cantidad, otros, menor cantidad (…) Albanisa nos dice: necesitamos equis cantidad de azúcar. Los ingenios dicen: ‘Yo tengo tanto, tengo compromisos por tanto, puedo darte tanto; este es mi plan de exportación o no tengo nada este año’”, refiere Mario Amador, Gerente de la Comisión Nacional de Productores de Azúcar (CNPA).
En todo caso, si Venezuela no le compra más alimentos a Nicaragua, es porque hay un techo: el trueque de alimentos por petróleo solo puede llegar hasta un valor equivalente a 25% de la factura petrolera. El otro techo a las ventas nicaragüenses se lo ponen la burocracia y las ineficiencias venezolanas.

“Desde el primer día fue difícil comenzar a venderles leche, aún a través del mecanismo de Albanisa, pero fue haciéndose más difícil con el paso de los años, porque todo camina lento en Venezuela: las certificaciones, las inspecciones”, admite Alfredo Lacayo, Gerente General de Centrolac. La leche y bebidas saborizadas de Centrolac se ven de cuando en vez en los anaqueles de tiendas venezolanas. “A pesar de ser un país que importa todo lo que consume, los requisitos para importar en Venezuela son sumamente engorrosos, y la burocracia que vive de eso es enorme, poderosa e independiente”.
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Tras renunciar en 2010 a la empresa de Ortega, el ingeniero Rodolfo Obregón ha venido denunciando las prebendas que la familia presidencial de Nicaragua ha recibido gracias a los acuerdos bilaterales entre Managua y Caracas. Video: Youtube/Confidencial.

“Conseguir un registro sanitario en Venezuela te toma más de un año”, sigue Lacayo. “Aunque el presidente diga: ‘Denle mañana el registro sanitario’, igual tarda un año”.
Mario Amador, de los productores de azúcar, recuerda una vez que el gremio recibió un reclamo de Albalinisa por un embarque de azúcar. Su contraparte venezolana rechazaba el producto recibido porque decían que se les había enviado azúcar sólida, petrificada, “pero era mentira. Era un problema de descarga que ellos tenían en Venezuela”.
Lacayo, el gerente de Centrolac, recuerda algo similar. Su contraparte venezolana dejó varado por tres meses un contenedor en Puerto Cabello (estado de Carabobo) “y la leche no está supuesta para permanecer en un contenedor a 27 grados centígrados por todo ese tiempo”. Pero entiende que “sacar un contenedor de Puerto Cabello también es engorroso. Eso es parte del problema económico de Venezuela, que la burocracia ha crecido a tal grado que los trámites se hacen muy difíciles”.
El que calla, otorga
En 2010 Rodolfo Obregón, un ingeniero que se desempeñó como gerente de Albanisa y Petronic, anterior amigo de Francisco Chico López, rindió testimonio para Confidencial de Managua sobre los entretelones administrativos del emporio. Su relato hablaba de montos de divisas en efectivo guardados en casas de los ejecutivos y un creciente endeudamiento de la empresa, a pesar de su notoria liquidez. “Pareciera que no estamos ante una empresa normal, sino ante un esquema de endeudamiento para transferir fondos a terceros”, barruntó entonces Obregón.

El poder político y una dinastía familiar consiguieron sacar réditos de controlar el acceso a la cooperación venezolana en Nicaragua. De ese manejo surgió una nueva clase social congregada en torno a los Ortega. “Era imposible tapar el sol con un dedo”, recordaba Obregón. “Inmediatamente vino el cambio de estilo de vida de Chico López, de la familia presidencial, los que estábamos ahí lo mirábamos”.
Los jerarcas cambiaron sus viejos carros por vehículos de lujo. Literalmente. La cooperación venezolana costeó la renovación del parque vehicular al servicio del partido de Gobierno, FSLN. Unas 25 camionetas fueron a parar a la casa de Ortega, que funciona al mismo tiempo como cuartel partisano, hogar, y sede de la Presidencia de la República.

En 2009 unos inspectores de Pdvsa –sobre el papel, accionista mayoritario de Albanisa– concluyeron que esta empresa, constituida apenas dos años antes, resultaba inauditable. Es la única diligencia que se conoce desde la orilla venezolana para proteger unos recursos de los que, se supone, son vigilantes. De resto, la Asamblea Nacional venezolana, controlada desde 2005 por el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus aliados, nunca se ha avenido a discutir el caso de Albanisa. Todas las pistas muestran a una administración venezolana conforme con lo que ha ocurrido en Nicaragua con los fondos de la cooperación.

Apenas una mención al tema aparece en el Informe de Gestión de 2014 del diputado opositor por el estado de Táchira, Homero Ruiz, quien reseña informaciones de la prensa nicaragüense y una nota de un website venezolano, subrayando la paradoja de que Nicaragua estrene plantas eléctricas pagadas por el gobierno venezolano, mientras en el país se registran apagones.

“De acuerdo al anteproyecto de Ley de Cooperación Internacional del 2010, y a la Ley sobre la materia de 1958, diría que no hay base legal para que la cooperación internacional venezolana se dirija a entes con fines de lucro”, opina un abogado venezolano que trabaja para institutos de la Universidad de Harvard (Massachussets, Estados Unidos), y que pide mantener su nombre en reserva. “Sin embargo, de lo que ve en los acuerdos entre Venezuela y Nicaragua pareciera que son tratados interestatales. En este caso, el manejo a lo interno de Nicaragua hacia entes privados podría violar el espíritu del tratado bilateral y debería venir de parte de Venezuela el interés por denunciar esto. Pero la manera en que se ha estructurado los acuerdos de la Alba buscan crear estos mecanismos no convencionales en los que grupos de lado y lado se están beneficiando de la implementación de los acuerdos de cooperación”.
(*) Este trabajo, que forma parte de un proyecto conjunto de investigación periodística entre Confidencial.com.ni de Nicaragua y Armando.info de Venezuela, contó con el apoyo de Open Society Foundations.

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