Saturday, December 19, 2015

A VER SI VENEZUELA APURA LA RENUNCIA, DESTIERRO O ENCARCELAMIENTO DE SU GENTUZA DEVASTADORA

Llegado a mi buzón
buzon

Alberto Jiménez Ure
Abogado
Mérida, Venezuela
A todos los venerables abogados con los cuales mantengo trato cordial suelo decirles que, de súbito e inconcebiblemente, en América Latina exigir democracia y justicia constituye un delito. Porque impulsar la abolición de ambas ya es jurisprudencia, y ello hace prescindible esa disciplina que alguna vez sirvió para dirimir conflictos situacionales relacionados con los delitos y las penas» Cuando la Nación Venezolana fue sometida a vejatorias y extremas penurias jamás vistas, que parecen propias de un «Fatídico Experimento Contra-Contracultural» que sucesos de la precognición u onirismo, optó por no temer más a sus devastadores enfrentándolos mediante «sufragio»: la forma más civilizada, cuando se programa con probidad, de anunciarle a quienes alguna vez recibieron «mandatos» que acometan cualesquiera de estas acciones:
 A) Tras reconocerse culpables, renunciar B) Corregir sus malas conductas y pedir perdón C) Desmontar el «Jerarcariado Corrupto de Gobierno», para después entregarse y ser juzgados por magistrados novísimos u honestos D) Elegir el «destierro voluntario» con sus maletas llenas de «dineros mal habidos» E) Declararse en desobediencia de la Constitución y Leyes de la República de Venezuela, luego de lo cual cometer genocidio para mantenerse en el «Poder del Mando Político» F) Persuadir al «Sector Institucional de la Fuerza Armada Patria» para que hagan, por ellos, el «trabajo sucio» de matar millones de personas indefensas.
 El «concilio» que urge a los ciudadanos venezolanos semeja al implorado por colombianos y argentinos. Pequeños grupos, conformados por gentuza, nos han forzosamente convertido en enormes y disfuncionales familias en las cuales todos somos potenciales enemigos (sin excluir parientes). Unos son proclives a transformarse en «cooperadores de imputables», otros los rechazamos y seremos «perseguidos» u «objetivos de guerra». Pocos (sin ambages) se declaran mercenarios, militares, fiscales y jueces al servicio del «Jerarcariado Corrupto de Gobierno». Lo hacen tras presumir que, ad infinitum, controlarán el «Parque de Armas de la Nación» contra la cual actuarán impune y criminalmente cada vez que sea menester. Ellos viven con la prisa que exige la muerte, riqueza fácil y el poder abusivo.
Para el resto de la población la quietud es «metamorfa»: similar al gas metano, puede encender con sólo una chispa. Por todo lo expuesto, pienso que a Venezuela si apura la «renuncia», el «destierro», o «encarcelamiento» de su Gentuza Devastadora. Ella recibe advertencias del pueblo, pero persiste en fomentar el «terror» y corromper aún más las instituciones públicas. Les obsede mantenerse en «situación de practicar y legitimar el cohecho». Son incorregibles, tanto e infinitamente que ya nadie querrá matarlos por cuanto fallecidos nacieron. No serán mártires para nadie.
Jimenez Ure

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