Sunday, December 28, 2014

CORRUPCIÓN EN LA HABANA

Para hacer negocios en Cuba es preferible conseguirse un traje de presidiario. Empresario canadiense denunció actos de corrupción en contratos con el gobierno de Raúl Castro, y fue a parar a la cárcel acusado de actos de corrupción. Otros casos similares enfrían la posibilidad de hacer negocios con La Habana
MARIO SZICHMAN Nueva York/ Especial para TalCual



Tal Cual
“Alguien debió haber dicho mentiras acerca del señor Josef K.”, señala el comienzo de El Proceso, de Franz Kafka, “pues aunque sabía que nada malo había hecho, una mañana fue arrestado”. Alguien también debió haber dicho algunas mentiras acerca del empresario canadiense Cy Tokmakjian, hoy de 74 años de edad, pues tras denunciar actos de corrupción de funcionarios cubanos relacionados con una licitación, fue sentenciado a 15 años de cárcel en una cárcel cubana. Tokmakjian es acusado de actos de corrupción.
Archibald Ritter, profesor de la universidad Carleton en Ottawa, y estudioso de la economía cubana, dijo a The New York Times que la inversión extranjera se ha contraído en Cuba, pues hacer negocios en la isla es algo engorroso.
Cuando se trata de negociar con las autoridades, dijo Ritter, “existe un temor general sobre qué caprichos se les ocurrirán" a los funcionarios “a la hora de lidiar con empresas extranjeras”. Pero existe una especial inquina hacia compañías canadienses y de Europa occidental. Y el catedrático mencionó el caso de Tokmakjian, “acusado de crímenes contra el estado”, luego de quejarse ante las autoridades por la corrupción que impera entre funcionarios cubanos.
A su vez Richard Feinberg, de la universidad de California, dijo, tras reanudarse los lazos diplomáticos con Cuba, que Estados Unidos nada puede hacer para solucionar los problemas de “la maleza burocrática” creada por el régimen. En la actualidad, señaló Feinberg, “la mejor apuesta” en Cuba “es no hacer nada”.
OPACIDAD INTERNACIONAL
El caso de Tokmakjian tuvo mucha repercusión porque el Grupo Tokmakjian, con sede en Ontario, no se quedó callado cuando su presidente fue detenido. Inclusive antes que lo condenaran, inició una campaña denunciando el proceso como una “parodia de justicia”.
El pasado 7 de julio, Reuters encabezó la información sobre el empresario canadiense sin sutileza alguna. En un despacho fechado en La Habana, el corresponsal de la agencia noticiosa británica dijo que “Cuba ha procesado y posiblemente envíe al hombre de negocios canadiense Cy Tokmakjian a la cárcel luego que denunció la corrupción en el otorgamiento de contratos por parte del gobierno de La Habana, según informó su compañía”. 
¿Cuáles son los cargos específicos contra Tokmakjian? Es imposible descubrirlos si se les pregunta a las autoridades cubanas, que siempre hablan en abstracto, como corresponde a la majestad de la ley.
Sólo se han limitado a anunciar que la licencia de operaciones del grupo canadiense ha sido rescindida debido a acciones no especificadas que “son contrarias a los principios y a la ética que debe caracterizar la actividad comercial y va en contra del orden judicial cubano”. No solo Kafka vive en Cuba. Sus discursos se los escribe Cantinflas.
EN BOCA CERRADA
Al igual que en la Venezuela chavista, la justicia cubana actúa como un chicle a la hora de procesar. Tokmakjian fue detenido en el 2011, tras denunciar que no podía conseguir contratos debido a las extrañas maniobras de funcionarios cubanos.
Lo tuvieron casi dos años y medio preso sin presentarle cargos. Podrían haberlo tenido el tiempo que se les antojara, como al conde de Montecristo, pues vaya uno a quejarse en esa parte del mar de la felicidad.
Finalmente, los magistrados cubanos se acordaron del empresario, lo condenaron primero, y lo procesaron después, o cualquier cosa que haga la justicia más expedita, y lo mantendrán en prisión dependiendo de su estado de salud. Tokmakjian tiene 74 años. Quince años de prisión garantízan que saldrá cuando tenga 89 años. Por cierto, si fallece antes, se reduce la condena.
Lee Hacker, vicepresidente de finanzas de la empresa, dijo en un comunicado que “Cy Tokmakjian denunció la corrupción al quedar claro que la compañía estaba perdiendo contratos ante otras (compañías) por razones inexplicables. Es posible que el hecho de que (Tokmakjian) hablase claro, condujera a lo que está sucediendo”.
Luego que Tokmakjian fue sentenciado en septiembre a 15 años de cárcel en una prisión cubana, The Associated Press informó que, según su compañía, la acción legal de las autoridades cubanas fue “fraguada para confiscar los 100 millones de dólares que la firma automotriz posee en Cuba”. Los gerentes de Tokmakjian Claudio Vetere y Marco Puche recibieron respectivamente 12 y ocho años de cárcel, dijo Hacker, el vicepresidente de la compañía.
INTIMIDACIÓN
Peter Kent, parlamentario canadiense, ha denunciado la acción contra su compatriota, señalando que tal vez todos los problemas de Tokmakjian fueron resultado de que no quiso torcer el brazo y prefirió defender su inocencia. Kent dijo que el hombre de negocios es “uno de docenas de cubanos y ejecutivos de firmas extranjeras arrestado por investigadores del ministerio del Interior de Cuba, un ministerio que en los primeros años de la Revolución Cubana tuvo como modelos a la KGB de la Unión Soviética, y a la Stasi de Alemania oriental”.
Ese ministerio es un producto “directo” de la “selectiva cruzada anticorrupción del presidente Raúl Castro. Y vale la pena  destacar que los únicos extranjeros ´sospechosos´ en las investigaciones,  son casi todos ejecutivos de firmas canadienses o europeas”. Hasta ahora, la justicia cubana no se ha metido con empresas “de regímenes autoritarios o comunistas al estilo de Cuba”.
El parlamentario dijo que The Tokmakjian Group recibió “sugerencias” de funcionarios cubanos. Le dijeron que “si enviaban millones de dólares adicionales desde Canadá” los encarcelados representantes de la empresa “recibirían un tratamiento más ´benévolo´”. 
Cy Tokmakjian cuenta entre sus galardones, dijo Kent,  “el de haber sido reconocido por el gobierno cubano, por cierto, por el ex presidente Fidel Castro, por su integridad y sus contribuciones a la economía cubana”.
Mientras Tokmakjian insistía durante su arresto –y antes de su proceso– en que era inocente de los cargos, “fue presionado por investigadores cubanos para que firmara una serie de ´confesiones´, dijo el legislador canadiense. “Y los abogados cubanos que le asignó el ministerio del Interior, fueron sometidos a grandes presiones para que se declarara culpable”.
En varias ocasiones, señaló el parlamentario Kent, se le indicó al empresario preso que “si cesaba en sus reclamaciones contra el gobierno de Cuba o admitía ´delitos´menores, tendría un juicio benévolo y sería liberado de inmediato”. Pero Tokmakjian parece ser un cabeza dura. Y así le ha ido.
El legislador canadiense recordó que el caso de Tokmakjian no es el único en que la justicia cubana ha mostrado su estirpe kafkiana, y recomendó a sus compatriotas “analizar casos similares de personas tales como el británico Stephen Purvis o el francés Jean Louis Autret.
Ambos empresarios han quedado libres para “narrar sus respectivas historias de horror… tras quedarse sin millones de dólares en bienes que les fueron confiscados por Cuba”. 
Se estima que más de 150 empresarios extranjeros y docenas de compañías sudamericanas y europeas han sido echados de Cuba tras iniciarse la campaña anticorrupción en el 2011, dijo The New York Times.
De todas maneras, la campaña anticorrupción lanzada por Raúl Castro, no parece haber ido en la dirección adecuada. En el 2013, Transparencia Internacional ubicó a Cuba en el lugar 63º de su ranking entre 177 países y territorios, junto con Ghana y Arabia Saudí.
En el 2012, Transparencia Internacional ubicó a Cuba en el lugar 58º. Por lo tanto, Cuba bajó en transparencia a medida que aumentaba la campaña contra el peculado. ¿Cómo se explica esa contradicción? Tal vez por razones políticas. El castigo a la corrupción es selectivo, al parecer, una manera de recaudar más dinero para las arcas del estado o los bolsillos de algunos funcionarios.
En el 2006, un informe de diplomáticos norteamericanos en La Habana citó las palabras de un empresario suizo quien dijo que “en Cuba, como en cualquier otro lugar del mundo, un funcionario que consigue un contrato por un millón de dólares, recibe 100.000 dólares en el banco”. Al menos es curioso el interés que muestran los funcionarios cubanos en alzarse con los bienes de empresas acusadas de corrupción. ¿Dónde va a parar ese dinero? Nadie se atreve a formular esa pregunta en la nación caribeña. Además, menos pregunta Dios, y perdona.

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