Saturday, November 23, 2013

CHILE: AFIRMA JORGE EDWARDS QUE ALLENDE LE TENÍA MIEDO A FIDEL CASTRO

JORGE EDWARDS
En 1971 el gobierno de Salvador Allende lo nombró embajador en la Cuba de Fidel Castro, puesto en el que estuvo apenas tres meses debido a sus discrepancias con el gobierno revolucionario y sus críticas a las facetas totalitarias del régimen (fue declarado persona non grata y se le exigió su salida de la isla). Fruto de esas experiencias sería su obra Persona non grata (1973), obra en la que realiza una crítica sobria y a la vez corrosiva del estalinismo y la sociedad cubana.

Olga Connor

El libro de memorias Los círculos morados (2012, Lumen, Random House) recuerda la época en la que el escritor Jorge Edwards y sus amigos adolescentes de la bohemia literaria se metían en los bares subterráneos de Santiago de Chile y salían con los labios manchados en la tinta del mal vino que bebían.Era a fines de los años 1940 y principios de los 1950. “Uno iba a las tabernas a veces bastantes sombrías y un poco siniestras y unos subterráneos infernales”, contó Edwards, en entrevista exclusiva con El Nuevo Herald. “Se tomaban unos vinos bastante malos que le dejaban a uno un círculo en la boca y cuando volvía a la casa mi madre me miraba con extrañeza, era una situación de verdadero peligro, de drama familiar”.
Edwards, Premio Cervantes 1999, embajador de Chile en Francia, presentó Los círculos morados: Memorias I el domingo 17, en el Auditorium del recinto Wolfson del Miami Dade College, para inaugurar el Festival de Autores en lengua hispana de la Feria Internacional del Libro de Miami, que concluye el domingo 24.
Su puesto como embajador cesa en marzo de 2014, dijo, porque fue nombrado por el actual presidente Sebastián Piñera Echenique. Pero no piensa regresar a Chile de inmediato. Prefiere por el momento quedarse a vivir en España donde en el 2010 el rey Juan Carlos le dio la ciudadanía española. Opina que a pesar de los problemas económicos, Europa sigue siendo el centro de la cultura. “Me quedo en España por un rato, que tiene problemas serios en la economía, pero parece que empieza a reaccionar”, expresó Edwards. “En el mundo contemporáneo, sigue siendo un lugar de cultura y de democracia bastante bueno, aunque ya no es lo que era desde que el norte de Africa se trasladó a Europa”.
Su gran confesión, sus primeras memorias, las publicó en 1973, en Persona non grata, después de haber sido expulsado de Cuba como Embajador de Chile por Fidel Castro, al cabo de tres meses de haber abierto la nueva relación entre ambos países por designación de Salvador Allende. El libro le valió aplausos y críticas dependiendo del punto de vista político de los que lo leían.
“Tres meses y medio viví en la isla e hice una memoria detallada y fina de lo que había ocurrido, desde que llegué hasta que me fui; era el producto de una memoria fresca”, contó Edwards, “y lo escribí por lo siguiente: en Chile, en el gobierno de Allende, había que hacer lo mismo que había que hacer en Cuba, pero si lo hacía en Chile tenía que salir al exilio de los primeros. Este fue un libro de advertencia, pero a los escritores no nos hacen demasiado caso, nos leen para divertirse un rato, pero no piensan que puede estar ocurriendo algo grave, que es lo que estaba ocurriendo en Cuba, y algunos tontos chilenos querían hacer lo mismo que pasaba en Cuba”.
Ahora se ha descubierto que había bastante influencia de Fidel Castro en el gobierno de Allende. “La influencia era que si Fidel Castro en un discurso hubiera ridiculizado o atacado a Allende lo hubiera destruido como político de izquierda en Chile, y en América Latina entera”, afirmó el embajador, “y yo creo que Allende tenía muchísimo cuidado de Fidel Castro, yo creo que le tenía miedo”.
Este primer volumen de sus memorias no habla mucho de Cuba aun, solo alude a lo que vendrá en los próximos. Se detiene en el principio de la amistad que tuvo con Pablo Neruda. Pero promete que dirá mucho más de Cuba de lo que escribió en Persona non grata.
Por lo pronto, Los círculos morados es ya un best seller en España y en Chile. “Es un libro sobre la formación del escritor en ese Chile de los años 1940, en el seno de una familia burguesa, donde la literatura no está bien vista, porque se quiere que el hijo de la familia sea un hombre de negocios, un gran industrial”, explicó.
Sobre todo, describe lo que influyó en su actividad como escritor. Es el recuento de su familia, de las virtudes y peculiaridades de su madre, de la idiosincrasia de su abuelo, o “tata”, por parte de madre, de su vida de “niño bien”, educado por los jesuitas. De sus dilemas y de sus lecturas. La semilla de sus libros, confiesa, fueron las dudas entre la razón, por su pasión en las lecturas del vasco don Miguel de Unamuno, y la fe, que le inculcaron en el colegio de San Ignacio en Santiago de Chile, especialmente el padre Alberto Hurtado, que fue canonizado en el 2005.
“Me escribió un obispo emérito, de 97 años, que me dice que le interesa mucho mi retrato de Hurtado, que era un hombre de acción, en ese sentido, un santo de la acción, y les mostró a los niños de ‘familia bien’, como se decía en Chile, al otro Chile, los niños bajo los puentes, nos abrió la conciencia a toda una generación”, recordó Edwards.
Pero también incluye en el libro con mucha audacia momentos escabrosos, como el del acoso de un cura pedófilo, en su propia escuela. “Si uno escribe memorias de un periodo no puede ocultar una parte, porque no ha cumplido con un deber de la memoria”, se justificó Edwards. “Lo escribí sin demagogia, no para vender más libros, ni para causar un escándalo, sino para descargar de mi conciencia un episodio. La iglesia chilena declaró que ese cura había hecho mucho daño y había sido expulsado”.
Su dificultad para escribir las memorias fue el tener que recordar tantas cosas y seguirle siendo fiel a la verdad. “Escribir memorias es la diferencia entre cómo es la verdad, cómo es la mentira y cómo es la invención”, comentó, “cuando se hace memoria de la niñez y la juventud, ésta es incompleta y se tiene que inventar, así que tiene que haber un poco de parecido con la novela, pero son bastante sinceras, bastante francas, en algunas medidas dolorosas, también son cómicas y divertidas, y también patéticas”.
La cantidad de escritores que recoge en este primer libro fueron en parte releídos por él, contó, para recordar lo que significaron en su niñez y adolescencia, etapa en la que muestra una cierta vulnerabilidad. “Verdad, uno era frágil, uno era impresionable y vulnerable”, confirmó el escritor, “pero con los años uno se ha ido poniendo más duro”.

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