Saturday, January 5, 2013

LA MUERTE DE CHÁVEZ ES TAN PELIGROSA COMO SU SUPERVIVIENCIA

Nicolás Maduro es articulado, más sereno que Hugo Chávez, pero es de cuidado. Lo que aprendió de política internacional se lo han enseñado los iraníes y los cubanos.

josé brechner

Cuando Hugo Chávez deje de existir, millones de venezolanos y de sus vecinos sentirán una profunda dicha. ¿Está mal? De acuerdo a la piadosa tradición ética judeocristiana, no hay que alegrarse por la muerte de nadie.
Pero Chávez no cree en Dios, es un comunista pro islamista que saca a pasear a la virgen cuando le conviene. Peor aún, según los preceptos de sus amigos musulmanes, de quienes tanto aprendió, solo hay que cele br ar la muerte de los enemigos, los infieles.
 O sea que a los comunistas y musulmanes les importa un comino la vida de los demás, pero los judíos y cristianos deben ser compasivos hasta con los criminales.
Algo obviamente no encuadra en esa percepción tan opuesta de la vida y de la muerte. Tal como no encaja nada dentro de la obtusa mirada de la corrección política so br e la realidad circundante. Hugo Chávez ha aplaudido los asesinatos de civiles en ataques terroristas y ha dado su apoyo a los secuestradores de las FARC.
De manera que midiéndolo con la misma vara, su expiración no debería ser motivo de tristeza. Pero los venezolanos, que sufren su fin como nación, no saldrán a festejar a las calles.
Cele br arán a escondidas, porque el miedo no se acabará con la desaparición del teniente coronel. Nicolás Maduro se postulará a la presidencia pronunciando discursos de congoja para enaltecer al hom br e que destruyó al país más rico de Latinoamérica convirtiéndolo en el último en todo. Tal como sucedió con Cuba. Los médicos a cargo de Chávez son capaces de cortarle el aire justo antes de las elecciones para crear una atmósfera lúgu br e y emotiva conmovedora.
Detrás de esa melodramática pantalla, los seguidores de la dictadura chavista, terroristas y delincuentes, bajo el liderazgo de Tarek el-Aissami, el hom br e fuerte de los iraníes en Venezuela, urdirán un complot, y tal vez una asonada, si pese al fraude electoral Henrique Capriles vence en la contienda. Maduro no goza del mismo apoyo que Chávez.
Hasta genera rechazo en grupos afines al Gobierno, por eso fue designado vicepresidente después de las elecciones. Su contrincante interno, Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional o parlamento, tiene el sostén de las Fuerzas Armadas.
 Nicolás Maduro es articulado, más sereno que Hugo Chávez, pero es de cuidado. Lo que aprendió de política internacional se lo han enseñado los iraníes y los cubanos. Él es el único de confianza de Chávez; quien conoce sus secretos.
Él sabe dónde está la plata robada. Los miles de millones que el teniente coronel no podrá meter en el ataúd. Tiene acceso a las armas que compraron de los rusos.
 Conoce de los artificios que lo pueden convertir en un ser temible. Es imposible que Chávez jure para su nuevo mandato a menos que lo haga entubado a un ventilador.
Al coronel le falló el cálculo, creyó que con su estilo chabacano y su Constitución a medida no ha br ía oponente posible que lo retaría. Henrique Capriles no existía.
 Los autócratas, los criminales de guerra, los fanáticos religiosos y políticos, los llamados “idealistas”, no se arrepienten de sus actos, no sienten remordimiento antes de la muerte.
Están convencidos de que lo que hicieron era lo correcto, porque lo disfrutaron. Chávez no es la excepción, está procurando dejar “su legado” en manos de Maduro, tal como Fidel Castro lo hizo en su hermano Raúl; Putin en Medvedev y viceversa; y en Corea del Norte los Kim.
 Debido a la división oficialista entre Maduro y Cabello, aritméticamente Capriles debería ser el nuevo mandatario, pero los comunistas son una raza opresora. El peligro de una dura embestida del br azo de Hizbulá-Venezuela está latente.

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