Wednesday, November 7, 2012

LOS LATINOS Y OBAMA

 

Herman Beals


Los votantes de ascendencia latinoamericana, que contribuyeron decisivamente a la reelección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos, se han apresurado a recordar al mandatario que “no hay almuerzo gratis”, un adagio favorito de los norteamericanos para indicar que todo se paga en la vida.
Obama recibió más del 70 por ciento de los votos procedentes de los latinos nacionalizados (y quizás de una pequeña proporción de indocumentados sin derecho legal al sufragio).
La cifra contrasta fuertemente con el sólo 27 por ciento de los votantes latinos que prefirieron al candidato republicano, Mitt Romney.
La población de ascendencia latinoamericana es el sector demográfico de mayor crecimiento en Estados Unidos. La gran mayoría se encuentra legalmente en el país, pero hay también 11 millones de indocumentados, según cifras emanadas de las autoridades y de organizaciones dedicadas a proteger a los inmigrantes, tengan estos papeles oficiales o no.
En la elección del 6 de noviembre los latinos aportaron el 10 por ciento de la votación general. En el año 2010 esa proporción había sido del 9 por ciento y dos años antes del 8 por ciento.
Las cifras indican que para ganar la elección, es indispensable que cualquier candidato a la presidencia -sea demócrata o republicano- debe atraer a una buena cantidad de votantes latinos o de otras “minorías”.
Y eso fue lo que hizo Obama: más del 70 por ciento de los latinos, una cifra superior al 50 por ciento entre los asiáticos estadounidenses y más del 90 por ciento entre la población negra que generalmente se inclina por los candidates demócratas, preferencia que, en el caso del actual mandatario, es aún más fuerte por el vínculo de raza.
Al día siguiente de la elección y cuando aún el presidente celebraba su victoria, los dirigentes de varias organizaciones anunciaron que harían una manifestación frente a la Casa Blanca para recordarle a Obama que debía devolver el favor.
Esos grupos desean que el mandatario haga buena lo más rápidamente possible su promesa de impulsar una legislación que reforme las leyes de inmigración.
El propósito final es que los indocumentados tengan la posibilidad de vivir de manera legal en el país e incluso puedan nacionalizarse, si cumplen con algunas condiciones.
El anterior presidente, George Bush, trató, pero fracasó, de impulsar una reforma a la ley de inmigración. Sus correligionarios en el Congreso dijeron que se trataba de una amnistía disfrazada para favorecer a los ilegales, y la propuesta legislación murió sin pena ni gloria.
El esfuerzo de Bush, sin embargo, fue reconocido por los inmigrantes latinos y lo apoyaron en la votación que le dio sus segundos cuatro años en la mansion presidencial.
En los meses anteriores a la elección del año 2008, que le premió con su primer período presidencial, Obama prometió que impulsaría una reforma para poner fin a los problemas de inmigración.
Pero eso fue todo. Su promesa se quedó en promesa.
Probablemente para que esa situación no se repita, los grupos interesados le están cobrando la palabra inmediatamente al mandatario, quien, ya antes de su reelección había admitido que la votación de los latinos era vital para sus pretensiones.
Como dicen, “no hay almuerzo gratis”. Ni siquiera para Obama.

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