Tuesday, November 13, 2012

LAS MANIOBRAS DE CASTRO CON EL TRIUNFO DE OBAMA

 

EN EL CASO CUBANO, EL PRIMER PRESIDENTE AFROAMERICANO CUMPLIÓ CON SUS PROMESAS ELECTORALES. RESTABLECIÓ LOS VIAJES FAMILIARES A LA ISLA, LOS INTERCAMBIOS CULTURALES Y ACADÉMICOS Y AUMENTÓ HASTA 10 MIL DÓLARES LA CANTIDAD DE DINERO QUE SE PODÍA GIRAR A CUBA.


Por: Iván García
No solo en el cuartel demócrata de Chicago los partidarios de Barack Obama celebraron con champán la ajustada victoria presidencial sobre el contrincante republicano Mitt Romney.
También en La Habana, sin tanta algazara, el club de empresarios verde olivo que de una mordida controlan el 80% de la endeble economía cubana, es probable que pasada la medianoche del 6 de noviembre festejaran relajados la victoria de Obama con un brindis.
Y es que en estos cuatro años las medidas aprobadas por la administración demócrata han provocado que las cajas registradoras repiqueteen alegremente en Cuba. Desde enero de 2008, cuando ‘el huracán de Hawai’ fascinaba a medio mundo con su labia sobria y sus promesas de cambio, el tema cubano nunca estuvo entre sus prioridades políticas.

Barack llegó a la presidencia de Estados Unidos acosado por una crisis feroz que estremecía los cimientos de la primera economía del mundo. Dos guerras en curso y una estela de repulsa planetaria por las políticas agresivas y unilaterales del vaquero Bush hijo.
En su primer mandato, rescató la industria automotriz de Detroit, que al igual que la Coca Cola, Apple o McDonald’s son símbolos de la grandeza americana. Contra viento y marea logró que el Congreso aprobara el ‘Obamacare’  y trajo de vuelta a casa a las tropas estadounidenses empantanadas en Irak. Quizás Obama sea el mejor presidente que pueda tener en estos momentos Estados Unidos.

El 70% de los europeos, según un sondeo del Instituto Elcano, aprueba la gestión de su administración. En África, Asia y América Latina, sucede algo parecido. Solo en Israel, Romney superaba a Obama.
Su lista de promesas incumplidas tampoco es corta. En los dos primeros años de su presidencia, un Congreso de mayoría republicana, se ha convertido en un formidable frontón que paraliza todas sus iniciativas gubernamentales.
Debido a la expansión económica china, la primavera árabe, la provocación nuclear iraní y la crisis europea, el rifirrafe diplomático y publicitario que suele montar el régimen de La Habana contra Washington, quedó postergado en la agenda obamista.

En el caso cubano, el primer presidente afroamericano cumplió con sus promesas electorales. Restableció los viajes familiares a la isla, los intercambios culturales y académicos y aumentó hasta 10 mil dólares la cantidad de dinero que se podía girar a Cuba. Pero los hermanos Castro querían más. Que Obama derogara el embargo comercial y que utilizará el perdón presidencial para liberar a 5 espías presos en Estados Unidos.

Los voceros de la Casa Blanca fueron tajantes. Ya la pelota estaba en cancha cubana. El turno al bate le tocaba a Raúl Castro. Presionado por la muerte tras 82 días de huelga de hambre del disidente Orlando Zapata, el gobierno negoció la liberación y destierro de casi un centenar de presos políticos.
También Castro II estaba abocado a una pálida reforma económica y a echar abajo normas absurdas que impedían a los cubanos tener un teléfono móvil, comprar o vender autos y alojarse en hoteles. Y aunque los asesores en la Casa Blanca vieron las reformas en Cuba como un paso de avance, no se subió el listón con nuevas iniciativas de aperturas y, en cambio, reclamaron democracia, respeto a los derechos humanos y políticos de la oposición y que el General descorriera el candado digital a internet.
 La prensa oficial, vocera del partido que rige los destinos de Cuba hace 53 años, rompió la breve luna miel con Obama. Fidel Castro tiró la primera piedra con una andanada de ataques al mandatario estadounidense y al “imperialismo yanqui”.
Detrás de las cortinas, donde se cuece la política real, los mandarines se pueden dar por satisfecho. En estos cuatro años, gracias a las medidas de reunificación familiar promulgadas por Obama, las remesas se duplicaron de mil millones de dólares a poco más de dos mil millones en 2011. La cifra del trasiego de mercancías transportadas por agencias y ‘mulas’ ronda los 3 mil millones. Los cubanoamericanos constituyen el segundo grupo de visitantes a la isla, detrás de Canadá.

El otoño de 2012 era crucial para el general Castro. Si Hugo Chávez y Barack Obama hubieran perdido las elecciones, los asesores del régimen en el Palacio de la Revolución se habrían visto forzados a desempolvar estrategias de urgencia que acelerarían cambios más serios y profundos que los actuales.
Las victorias de Chávez y Obama son una bocanada de oxigeno para los autócratas cubanos. Con la venta a precio de saldo de 100 mil barriles diarios de petróleo venezolano, el bolsillo ancho del comandante bolivariano y la continuidad de las políticas de reunificación familiar de Obama, que permiten la entrada de dinero fresco a las arcas gubernamentales, los Castro pueden dormir a pierna suelta.

No es que dentro de Cuba las cosas sean coser y cantar. Que no lo es. Pero la reelección de Obama le ha propiciado a Castro II un margen notable de maniobra.
Y sobre todo, comprar tiempo. Primordial, si recordamos que Fidel tiene 86 años y Raúl 81. A esa edad, un nuevo plazo de 4 años para manejar el bote sin grandes marejadas, en un país que vive pasando el cepillo y de las remesas del exilio, es una muy buena noticia. Como para descorchar una botella de champán.
Fuentes: Iván García, Martí Noticias, Google Noticias e Imágenes, edición: El  Lagarto Verde

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