Thursday, July 26, 2012

ARGENTINA: K-BOUDOU: CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD

Sin vergüenza y como si no tuviera que rendir cuentas, el 
vicepresidente sigue protagonizando escándalos

Se han cumplido ya seis meses desde que estalló el escándalo que 
involucra al vicepresidente Amado Boudou en los turbios negocios con 
el Estado de quienes se quedaron con la ex imprentaCiccone.

Ha pasado suficiente tiempo para que la opinión pública termine de 
convencerse de que los argentinos carecemos de un vicepresidente 
confiable y respetable. Nos hallamos ante alguien que no sólo habría 
faltado a sus deberes y a la ética que corresponde a un funcionario 
público, sino también a la verdad.

Boudou se ha convertido en una incesante fuente de escándalos que 
sorprenden por su cantidad y magnitud, y por las fuerzas que se 
mueven para que esas causas no avancen, lo hagan a ritmo muy lento o 
pierdan en su camino importantes pruebas documentales.

El turbio historial de Boudou, quien a veces parece esclavo de una 
compulsión por evitar los llamados a licitaciones, se acrecentó 
recientemente, luego de que se supo que, precisamente, en su calidad 
de presidente del Senado, efectuó una sospechosa modificación en las 
normas referidas a contrataciones de la Cámara alta para justificar 
el gasto realizado en enero pasado en la fastuosa refacción de los 
despachos de su área. Esa obra se llevó a cabo sin licitación y su 
costo se mantuvo en secreto hasta la publicación de la nueva 
ingeniería legal que permitió encuadrar el trabajo dentro de sus 
facultades.

En otras palabras, lo que ha hecho el vicepresidente ha sido violar 
las normas y luego modificarlas para que la violación no fuera tal. 
Mediante un decreto de febrero pasado, Boudou y el secretario 
administrativo del Senado, Juan Zabaleta, cambiaron el régimen de 
caja chica de la Cámara para así permitir la contratación de obras 
por hasta 100.000 pesos sin necesidad de llamar a licitación. Hasta 
ese momento, el monto máximo autorizado para una contratación 
directa era de 50.000 pesos. Pero, además, ese mismo día Boudou y 
Zabaleta firmaron otro decreto para autorizar la contratación de las 
obras de refacción de los despachos por 96.640 pesos.

Lo grave es que los dos decretos se emitieron dos semanas después de 
iniciados los trabajos en la presidencia del Senado. En realidad, 
cuando ambos decretos se rubricaron, ya habían concluido las obras. 
Cuando éstas comenzaron, lo que correspondía era llamar a licitación.

Al margen de lo ocurrido con esa obra, desde febrero Boudou puede 
gastar el doble que antes sin necesidad de llamar a licitación o 
concurso de precios en rubros tan variados como bienes de consumos, 
servicios no personales y bienes de uso. La caja chica que maneja en 
la Cámara alta asciende a dos millones de pesos anuales.

Inconcebible poder el que se ha otorgado a sí mismo el 
vicepresidente si recordamos que es investigado por presuntas 
irregularidades en el manejo del Fondo de Garantía de 
Sustentabilidad de la Anses cuando estaba al frente de ese 
organismo. También es investigado por la compra de 19 automóviles de 
alta gama sin una licitación pública, cuando era ministro de Economía.

Estando al frente del Palacio de Hacienda, Boudou incrementó su 
patrimonio en un 64 por ciento entre 2009 y 2010. Luego, ya como 
titular del Senado, autorizó, con su par de Diputados, el aumento 
del ciento por ciento en las dietas de senadores y diputados en 
diciembre último.

Mientras pudo, Boudou mantuvo silencio sobre el caso en el que se 
sospecha su posible vinculación con la ex Ciccone Calcográfica por 
medio de un testaferro. Cuando se vio forzado a dar alguna 
explicación, mintió al negar en distintas entrevistas periodísticas 
haber intervenido como ministro para que la AFIP reviera la quiebra 
de la empresa impresora, "una operación -sostuvo- en la que no 
influí ni tuve ninguna participación directa". Pero esa misma noche, 
probablemente luego de enterarse de que el periodismo contaba ya con 
uno de los documentos que probaban su flagrante mentira, admitió que 
había remitido una nota a la AFIP en el contexto del expediente de 
la quiebra.

Aquella gestión de Boudou fue efectiva, pues en forma más que 
extraña, incluso para el propio juez que intervenía, la quiebra se 
revirtió y la firma que, sin licitación, imprime billetes para el 
Estado, pasó a manos del abogado Alejandro Vandenbroele, de quien su 
ex esposa aseguró que es testaferro del vicepresidente. Poco antes, 
el ministro Boudou había frenado un plan de inversión para que la 
Casa de Moneda renovara su maquinaria.

El vicepresidente siempre negó tener cualquier relación con 
Vandenbroele. Esta persona, a quien Boudou incluso dijo desconocer, 
pagaba, sin embargo, las expensas, el servicio de cable y la cuenta 
telefónica de un departamento del funcionario en Puerto Madero. La 
propia empresa encabezada por Vandenbroele, que se quedó con Ciccone 
y sus negocios, benefició con innumerables pasajes aéreos y viajes 
de placer a un socio y a un hermano de Boudou.

Tanto fue creciendo la bola de nieve del escándalo Ciccone que 
Boudou, indudablemente con el respaldo de la Presidenta, logró que 
el procurador general de la Nación, Esteban Righi, perdiera su 
puesto y que el juez y el fiscal que llevaban la investigación de 
Ciccone resultaran apartados del caso. Posteriormente, desapareció 
el expediente que registraba datos de una sociedad extranjera 
vinculada con Ciccone, y la Inspección General de Justicia dispuso 
reservar el conocimiento de los legajos de las sociedades inscriptas 
en el Registro Público de Comercio sólo a los titulares y a los 
"interesados legítimos". A tal extremo llega este escándalo que hoy 
el Gobierno estaría evaluando la posibilidad de estatizar la empresa 
Ciccone para tratar de esa manera de sacar el caso de la agenda.

Que un funcionario en permanente zozobra con cada hallazgo del caso 
Ciccone siga generando escándalos constituye una vergüenza. Que ese 
funcionario sea quien ejerce la Presidencia ante la ausencia de 
Cristina Kirchner lo hace más escandaloso aún.

Uno de sus antecesores en el cargo, el político radical Elpidio 
González, luce a la distancia como el contraejemplo de Boudou. Fue 
elegido vicepresidente en 1922 acompañando en la fórmula 
presidencial a Marcelo T. de Alvear. González se negó luego a 
percibir la pensión que le correspondía como vicepresidente y 
trabajó como corredor de comercio de una conocida firma de anilinas, 
antes de morir en la pobreza. Un caso extremo. Tanto como la 
impunidad y el cinismo de que hace gala su indigno sucesor..

LA NACION

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