Thursday, June 28, 2012

ARGENTINA: REGIMEN TEME A LAS MASAS

Moyano y Cristina pendientes del cambio de humor de la clase media

Informadoepublico.com
junio 28, 2012
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En una época de escasa movilización social, reunir alrededor de 50.000 personas en la Plaza de Mayo no es nada fácil para nadie y hay que tener en cuenta que el 27 de abril pasado en Vélez Sarsfield, CFK convocó a un número inferior. En este aspecto, Hugo Moyano ayer salió airoso, aunque quedó en evidencia que su poder reside más en los paros que en las movilizaciones, porque en el acto de ayer recibió aportes de distintos sectores no sindicales. Por ejemplo, la izquierda revolucionaria y grupos piqueteros como Libres del Sur y Barrios de Pie, ambos con un número moderado de militantes. A Facundo Moyano no le molestó el aporte del Partido Obrero y de la Corriente Clasista y Combativa (PCR) pero sí que la gente del PRO asistiera al acto. Sin embargo, el tono de su discurso y la moderación que ayer mostró el líder camionero revelan que sueña con conseguir lo que le falta, el acompañamiento de la clase media afectada por la inflación, el mínimo no imponible y la voracidad impositiva. La escasa concurrencia de la clase media -aunque previsible en un acto sindical- produjo alegría en los despachos de la Casa Rosada y fue, sin duda, el principal dato negativo de ayer para Moyano. Esto no quiere decir que los reclamos cegetistas estén aislados, porque hasta los empresarios, como dijo Ignacio de Mendiguren, no aguantan más que no haya ajuste por inflación en los balances anuales, lo que era admisible en los primeros años de salida de la convertibilidad, pero que ahora es demasiado gravoso para las empresas.
Grave pero no tanto
En una comparación que sirve para entender la realidad, el acto de ayer no fue similar al del 31 de mayo del 2000, cuando Moyano consiguió convocar a una amplia concurrencia de clase media independiente para repudiar la baja de salarios dispuesta por Fernando de la Rúa. Esta lección fue muy bien aprendida por el matrimonio Kirchner. CFK llegó a sugerir este año un tope de 22% de aumento salarial, pero jamás la veremos bajando los sueldos o anunciando un ajuste directo. Ella ha reconocido públicamente que, si algún día tiene que optar entre el ajuste o renunciar, hará lo último. Esto revela una clara conciencia de que un ajuste directo le significaría al gobierno la derrota electoral y su derrumbe inmediato, ya que ejerce el poder sin alianzas ni acuerdos de ninguna clase. Las dificultades económicas del gobierno son muy grandes: está atravesando una recesión con alta inflación, caída de la recaudación impositiva, falta de insumos, y caída del consumo. Pero todavía estos problemas no son tan graves como para que los sectores más marginados saqueen los supermercados como ocurrió en 1989 y en el 2001, motivando la caída de De la Rúa. La presidente no quiere aumentar el mínimo no imponible para no cortar los planes sociales y en esta decisión pesan los turbulentos finales de las gestiones de Alfonsín y de la Rúa. Hay que reconocer el mérito de la función que cumplen los planes Argentina Trabaja, así como la asignación universal por hijo y para las embarazadas. Son los mecanismos que evitan desbordes de violencia social y entonces también los reaseguros para el gobierno, sobre todo en tiempos de alta inflación. Pero también esto cumple con otro fin político: impedir que estas masas sean usadas como carne de cañón por Moyano y Luis Barrionuevo, como ya lo hicieron en diciembre de 2001. Sin embargo, sería muy errado de parte de CFK subestimar a sindicalistas como aquellos, porque la situación económica corre en contra de la presidente y a favor de la protesta gremial.
Hay otro dato importante de la realidad que favorece al gobierno. Y es que nuestra vasta clase media, aun afectada por la inflación, sigue estando bastante mansa, pese al autoritarismo creciente que se ejerce desde el poder. Así es que tanto Daniel Scioli como Mauricio Macri, los representantes de la moderación, permanecen a la defensiva y sin demasiado margen de acción. Da la impresión de que el bolsillo de la clase media todavía no está tan vacío como para rebelarse con las cacerolas o darle su apoyo a la CGT.

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