Thursday, March 22, 2012

EL CÁNCER DE CHÁVEZ

VENEZUELA/

¿Realidad fatal o estrategia calculada?

Miguel Saludes

Tras sufrir una nueva intervención quirúrgica y en pleno proceso de una recuperación muy mediatizada el presidente Hugo Chávez retornó a Venezuela. A su regreso el mandatario mostró estar en buen estado físico y emocional. Al menos en apariencia. Para ello bailó y cantó ante miles de seguidores. Tuvo fuerzas incluso para soltar una andanada discursiva contra la oposición. Coincidiendo con el evento y en momentos previos a la vuelta fueron entregadas miles de viviendas a familias pobres, de clase media y damnificadas en varios estados venezolanos. Unas dos mil cuatrocientos de un total de 180 mil estimadas para el año en curso. 
"Lo veo demasiado bien y listo para luchar el 7 de octubre. Pero tenemos que decirle que no abuse mucho. El que debe luchar es el pueblo que está sanito". La opinión de la trabajadora social Rosa Gómez fue destacada convenientemente por la prensa que cubrió el discurso de Chávez. Las últimas encuestas le dan a éste una ventaja de unos 20 puntos sobre el candidato Henrique  Capriles. Al respecto Chávez dijo que sigue en su "más larga y empinada caminata" y que ahora en el "corto plazo" va rumbo a la "batalla de Carabobo", como ha denominado las elecciones presidenciales de octubre.
El criterio generalizado es que la postura de Chávez responde a una táctica paras demostrar que su estado de salud no es tan grave como se pronostica y que el padecimiento del cáncer ha sido vencido al punto que la reelección puede darse por segura en una derrota adelantada por Chávez como una soberana paliza al líder opositor Capriles.
La divulgación de varias fotos sobre la acelerada recuperación del presidente en su cuenta @chavezcandanga, la celebración del Día de la Mujer con marchas en apoyo al mandatario en Venezuela y otros gestos remarcados por los medios noticiosos favorables al gobernante bolivariano parecen estar enfocados a superar los malos augurios que rondan sobre la salud del presidente, buscando insuflar confianza en sus seguidores.
Por otro lado llama la atención el despliegue publicitario en torno a la enfermedad presumiblemente terminal que puede acabar con la vida de Hugo Chávez en poco más de dos años de acuerdo a los cálculos más optimistas. Sorprende que esta haya sido la práctica seguida casi desde el primer momento en que se detectó el mal (precisamente durante una visita a Cuba en diagnóstico atribuido al propio Fidel Castro) en un sitio donde el hermetismo puede llegar a ser absoluto gracias a un sistema que sabe llevar el control informativo a su conveniencia.
En la segunda operación la cobertura mediática resultó inusitada cuando la lógica indicaba una alta dosis de discreción sobre una noticia tan desalentadora para el movimiento chavista que vive un momento poco propicio frente a una oposición fortalecida por la candidatura de un rostro joven, capaz de enfrentar en las urnas la popularidad del contrincante
Los medios cubanos, tan cuidadosos en emitir notas poco halagüeñas sobre el régimen, sus aliados y amigos, divulgaron para consumo exterior las celebraciones que a tres manos ofrecieron santeros y cristianos en favor de la pronta recuperación de Hugo Chávez. Mientras el Conjunto Folklórico de Cuba entonaba cantos a Obatalá pidiendo salud y larga vida para Chávez, en la catedral habanera el Nuncio apostólico en la Isla oficiaba una misa ante una nutrida concurrencia de personalidades de ambos gobiernos y familiares del enfermo.  También se difundieron las imágenes del encuentro de Chávez y su homólogo Juan Manuel Santos cuando este último aprovechó su estancia en la Habana para visitar a su colega convaleciente. La escena jocosa de Chávez jugando a las escondidas para sorprender al visitante pone en tela de juicio la extrema gravedad del paciente que a su vez saltan a la evidencia por las intenciones de ritos y oraciones en pro de su recuperación.    

Qué pasaría si en verdad Chávez no tuviera una enfermedad que necesariamente  implicara la muerte, o peor aún que se tratara de una farsa montada por motivos que solamente dominan el estrecho círculo que conforman el mandatario venezolano y la cúpula cubana.

Tomando poses de vidente voy a arriesgar una mirada al futuro y predecir que Hugo Chávez no va a morir tan pronto como se cree. Incluso que su aparente enfermedad puede ser obra de una gran componenda en la que tienen gran pericia los gurúes de La Habana, encargados en ocasiones de montar experimentos parecidos alrededor de la figura del gobernante cubano y alguna de las personas claves de su entorno.

En fechas tan tempranas como a mediados de los sesenta ya comenzó a tejerse el mito de la invencibilidad del Comandante. Por aquella época Fidel desapareció durante algunos días de la imagen pública. Incluso su hermano Raúl, poco agraciado para el gusto popular, ocupó su lugar en algún acto. Ciertos rumores predecían una grave enfermedad, sospecha que cobró cuerpo cuando el orador perdió la voz en uno de aquellos interminables y diarios discursos. La certidumbre se hizo mayor cuando en su reaparición anunció el abandono del tabaco. Los agoreros se vieron confirmados por la  recomendación dada por Castro a sus oyentes para que se acostumbraran a escuchar otras voces de la Revolución. Pasó mucho tiempo para que la encomienda del Comandante se materializara.

Desde entonces quedó acuñado el apelativo del Caballo y la atribución de protecciones especiales del destino, los dioses o el beneficio de un pacto maléfico. Hasta la mano del Todopoderoso ha sido vista amparando un designio misterioso de la Providencia. Por eso  ni los yanquis pueden con él. La resignación reflejada en aquel dicho popular de que “esto no hay quien lo arregle pero tampoco quien lo tumbe” resume el misticismo que mezcla la buena estrella, salud a prueba de bala y la protección de diversas deidades.

Los astrólogos se dieron por vencido hace tiempo. Retomaron el riesgo de sus predicciones cuando el sorpresivo estado de salud explotó en crisis que hizo avizorar un pronto final y la reducción del ridículo al mínimo. Desde entonces han transcurrido seis años. El destino volvió a jugarle una mala pasada a los augures. El viejo dictador, aunque retirado de sus cargos, sigue con vida y para colmo ya no se contenta con escribir inquieta con el regreso de sus monólogos. Los intérpretes de la letra del año salen mejor parados. Ellos no suelen comprometerse mucho en estas lides y como mucho predicen la caída de una gran personalidad de la que no dan la mínima pista, sin aclarar si el desplome es de una cama o del cargo. 

"Este cáncer no podrá con Chávez tampoco” La expresión del mandatario venezolano, las rogativas públicas de chamanes, sacerdotes y creyentes o las estampas de Cristo junto a la del presidente enarboladas por simpatizantes son un funesto indicativo del nuevo mito en gestación y del “ismo” populista que amenaza con afincarse haciendo metástasis en Venezuela y en consecuencia en todo el continente.

Igual que para los adivinos, profetas y videntes existe la posibilidad de la equivocación.  De ser así, amén de las burlas, lo agradecerán aquellos que vieron reflejadas sus esperanzas en la predicción de vida. Más aún se alegrarán por el yerro los que apuestan por la inminencia de la muerte anunciada. Hasta podrán agradecerlo, halagados en sus egos, aquellos a los que se supone tanto ingenio capaz de idear tan oscuro proyecto. Pero el vaticinio tan poco convencional está destinado a quienes deben intentar algo más que la derrota de un presidente en las próximas elecciones de Venezuela. Se trata de una batalla que no puede quedar a la expectativa de la buena o mala salud del contrincante porque en las elecciones de octubre está en juego algo más importante que la permanencia de un hombre en el poder.

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