Wednesday, March 21, 2012

CHILE Y SUS OVNIS

Angélica Mora
Apuntes de una Periodista
Chile



En el pueblo de Vilches situado en un cajón cordillerano entre los ríos Claro y Lircay, a unos 67 kilómetros, de la provincia de Talca, existe un pequeño pueblo llamado El Enladrillado donde el hablar sobre Ovnis es tan común como comentar el fútbol.

Sus habitantes han creado la Primera Ruta Ufológica de Chile y se ufanan en decir que ven frecuentemente a  misteriosos viajeros extraterrestres.


San Clemente: La nueva ruta ufológica

Tito Rodríguez, dueño del parador Manantial -el favorito de los gringos sedientos que vienen hasta los Altos del Lircay-, tuvo con los seres que conducían la nave espacial que, asegura, se le apareció en pleno camino principal de Vilches Alto, precordillera maulina, a 45 kilómetros de San Clemente. Un desvío en la Ruta 5 Sur, que es un lugar habitual en el planeta para encuentros como éstos, entre humanos que andan por ahí y extraterrestres que nunca se bajan a saludar. Ver ovnis, en San Clemente, es una cosa más o menos normal. 
Los días en el campo van lentos, y los avistamientos hicieron de San Clemente una zona campesina y caliente en la que todos tienen una historia de otro mundo. Un hot spot en el mapa de los ufólogos. Un puntito en la galaxia, que según dicen, en los últimos dos años ha tenido a 53 personas como protagonistas de avistamientos de ovnis y de nueve encuentros cercanos del tercer tipo, es decir, charlaron un rato y algunos viajaron con ellos. En 1996, el promedio de avistamientos marcó un récord de dos por semana. El año pasado hubo 32. Lo cierto es que hasta hace cuatro años, los alcaldes sanclementinos promocionaban como productos típicos de la zona al mote con huesillos y las humitas y San Clemente era famoso por nada. Hoy, las cosas han cambiado. Todo, gracias a los ovnis.
Ocurrió así: el viernes 17 de agosto del año pasado, en medio del Encuentro Nacional de Ufólogos en San Clemente, el alcalde de entonces, Juan Rojas, junto al representante de la Mutual UFO Network y presidente de la Agrupación de Investigaciones Ovniológicas de Chile, AION, el sociólogo Rodrigo Fuenzalida, dieron la noticia al mundo: considerando todos los antecedentes expuestos, daban por inaugurada la Ruta Ufológica de San Clemente, primera en Sudamérica, con una excursión a caballo al sector de Laguna del Alto y El Enladrillado.
Desde ese día, se ha duplicado el número de visitantes.
"Yo sé que los marcianos nos eligieron a nosotros. Podrían haberse aparecido en cualquier otro lugar, pero nos eligieron. ¿Sabe usted por qué? Porque los amigos del espacio saben que acá somos gente buena y que somos felices. Tal vez no tengamos tanta educación o roce social, pero acá tenemos otras riquezas: la naturaleza, las vacas, los animalitos, las montañas, las represas, y los marcianos se dan cuenta y vienen. No hay un sanclementino que no haya visto un ovni. Yo he visto dos, por eso vencí el temor al ridículo y le echamos pa'elante nomás con la Ruta del Ovni, porque quiero mostrarle mi pueblo al mundo", dijo el ex alcalde, justo antes de brindar por los ovnis, una noche de agosto del año pasado, en la segunda entrevista que daba para la televisión.
Hoy, la ruta ya apareció en diarios, revistas y sitios europeos, sudamericanos, gringos y también japoneses: el periodista Isaku Odera vino a reportear para el diario Yiomiuri Shinbun en septiembre pasado y vio uno que salió del lago Colbún. El documental Testigos del Cielo está en YouTube y fue presentado hace un año como la joyita del segundo Encuentro Internacional de Ufología, que contó con la visita estrella de Sixto Paz, peruano de 53 años, varias veces contactado, viajero espacial, escritor best seller, conferencista en la ONU. El logo de la Ruta Ufológica de San Clemente es la cabeza de un extraterrestre azul, que sonríe y flota sobre El Enladrillado y en cuyos ojazos se reflejan una nave y el cerro El Morrillo. Una mano humana lo protege de los rayos del sol.
LAGUNAS ESCONDIDAS, VALLES IMPOSIBLES
San Clemente es el pueblo y la comuna de la mitad del lago Colbún, de Laguna del Maule y el paso fronterizo Pehuenche en los Andes, de los volcanes Descabezado Grande y Chico en el noreste y la Reserva Nacional Altos del Lircay, a los pies de los cráteres. Y de Vilches y sus bosques y valles, como los de los ríos Claro, Maule, Lircay y Puelche. Hoy, buena parte de sus 43 mil habitantes dice (cuando quieren hablar de esto) que su comuna es un lugar especial, con energías cósmicas y que se nota que antes existió una civilización avanzada. Los sanclementinos cuentan, seguros, que los incas peregrinaban religiosamente hacia su precordillera porque los volcanes eran sagrados.
El Enladrillado, por ejemplo, es un lugar especial y sagrado que queda en la reserva nacional, a 2.300 metros y 13 kilómetros arriba de Vilches Alto por una huella de arrieros hecha tantos años antes, por la ribera norte del valle del río Claro. Es, también, la azotea de un acantilado de un kilómetro de altura que mira al Descabezado Grande. El Enladrillado es una construcción rocosa de 800 metros de largo y 60 de ancho, con bloques de rocas cuadradas y semirrectangulares de 10 toneladas, puestas en líneas casi perfectas y diagonales apuntando hacia el lugar en el horizonte desde donde sale el sol. Este sitio es, en clave ufológica, una plataforma de aterrizaje y despegue de naves extraterrestres que viajan a través de portales interdimensionales, que están repartidos en el aire de San Clemente, en Vilches, en los Altos, sobre el cráter, sobre los bosques en la cordillera, o sobre el tranque Digua, o el lago Colbún, cerca del complejo hidroeléctrico, un clásico lugar de osnis, que son igualitos a los ovnis, pero que salen del agua. La "s" es de submarino.
Todos los sanclementinos con los que hablé están de acuerdo en un par de cosas: en que la ruta del ovni fue, a la corta, una buena idea. Nunca habían visto llegar a tanta gente de otras ciudades al pueblo ni a tanto gringo junto. La ruta no promete avistamientos, no puede hacerlo. No depende de ellos, depende de "ellos". Promete otra cosa, eso sí: un trip de varios días por una precordillera de bosques nativos, sol, cielos celestes, vientos y montañas de rocas, lagunas azules y profundas, escondidas en valles imposibles custodiados por acantilados, cascadas y volcanes eternamente nevados, en donde las probabilidades de ver un ovni serían mayores que en otras partes del mundo, estadísticamente hablando.
La ruta ufológica no es una ruta. Es una zona. Un rectángulo imperfecto formado por las líneas imaginarias que unen a San Clemente, el pueblo, con la Laguna del Maule y la frontera, por la ribera norte del lago Colbún y el río Maule, hacia el este, y la cuenca de los ríos Lircay y Claro, los volcanes Descabezado Grande y Chico, la Reserva Nacional Altos del Lircay, El Enladrillado y Vilches Alto, para regresar a la zona urbana. En total, 200 kilómetros divididos en tres partes. Uno: el viaje hacia -perdón por la referencia tan evidente- la alucinante y extraterrestre Laguna del Maule, por el lago Colbún, Paso Nevado, Armerillo, Las Garzas y La Mina, internándose en las cuencas de los cristalinos ríos Maule y Puelche, que forman hermosos valles rodeados de bosques para los que aman alejarse y pescar.
Dos: las excursiones para iniciados en trekking y camping que parten desde San Clemente hacia el interior de valles precordilleranos, a los pies de cordones montañosos, bosques tupidos y verídicos, o del más grande de los volcanes, como el Valle del Venado, o el camino hacia Laguna La Invernada, o atravesar los cerros El Peine y El Morrillo, con paradas obligadas en los refugios de Vilches, Corralones y Corel. Se pueden encontrar bellas lagunas escondidas entre montañas y pozones termales naturales cerca de los lechos de los ríos, que en invierno son rodeados de nieve. Hay buenos tipos que también son guías de montaña, listos y dispuestos para que el viajero conozca bien su zona y se vaya contento. Hoy, el turismo es la esperanza comunal para romper el anonimato y el círculo de la pobreza rural, que suele ser harto más digna que la que se vive en la ciudad, pero es pobreza igual.
Y tres: la caminata-cabalgata estrella, la puerta de entrada a la ruta ufológica, para iniciados y no tanto, por 30 kilómetros de senderos en los altos del río Lircay, partiendo desde Vilches y atravesando la reserva nacional, en plena precordillera pehuenche, por bosques de coigües, canelos, robles blancos, raulíes y lengas, hogares de pájaros carpinteros que se dejan ver trabajando, y jardines de rosas mosquetas, avellanos, maquis y arándanos. A los 1.500 metros de altura, el verde se va quedando abajo y todo es un terreno pedregoso y escarpado, sólo puedes ver rocas volcánicas y champas de coirones. La Laguna del Alto, donde algunos acampan sin permiso, es la primera estación en el camino de vistas rojizas y oscuras, verdes y celestes interminables hacia el mítico Enladrillado -al que se puede llegar caminando, como lo hacen muchos, o sobre una pobre bestia. Los volcanes se recorren en cuatro días, algunos se quedan varios más, bañándose en cascadas secretas, observando la vida de los cóndores y explorando túneles que son laberintos de hielo color turquesa formados sobre la montaña. El recorrido de la ruta, en versión corta, Vilches Alto - Enladrillado, toma un par de tranquilos días. Recorrer la ruta completa, ese rectángulo imperfecto y natural, campesino, inocente y amable del que hablamos, varios días más. Una semana, tal vez. Dos o tres viajes, quizás. San Clemente es un lugar de este mundo para quedarse un rato y en silencio conectarse con el bosque, la roca, el agua en todos sus estados, los cielos puros o, tal vez, con algo más.
Hay una teoría profundamente filosófica en la ovniología mundial, que dice que los seres extraterrestres se dejan ver y sentir solo cuando estiman que ese humano, esté dónde esté, sea quién sea y haga lo que haga, está preparado para el encuentro.

fuente: http://www.latercera.com/

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