Saturday, December 24, 2011

LOS ZAPATITOS BLANCOS

DEDICADO A LOS CHILENOS
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Angélica Mora

Nueva York

Apuntes de una Periodista

Érase una vez, hace muchos años, una niñita chilena que esperaba con ansias la Navidad... Parece que por primera vez entendía el concepto de lo que era esa Fiesta, que transcurre en el hemisferio donde ella vivía, en pleno Verano.

En la casa no se "hacía un árbol". Lo que se buscaba era recrear el Nacimiento en un rincón de la sala, con muchos pequeños personajes y animales y, lagunas hechas de espejos.
Así que la niña quiso tener su arbol propio.
Pese al calor, buscó en el botiquín de la casa un poco de algodón y solemnemente
procedió a adornar una pequeña rama de pino con esa nieve artificial.

No estaba muy segura de haber "sido buena" durante todo el año, así que se esmeró en no ir a la cocina a comer la fruta confitada que su Mamá tenía para preparar esa noche el Pan de Pascua.

Sabía que algo faltaba. Había tratado de escribir una carta con un solo pedido, pero sólo le habían salido unos garabatos. Sin embargo, segura de ser escuchada, pidió en ellos que su Tata se mejorara.
Colocó el pedazo de papel con el pedido dentro de un sobre, donde pintó con sus lápices de cera una cosa gorda roja... que según ella era el Viejo Pascuero.
El sobre lo colocó encima de sus zapatos, como es tradición en Chile.
Sus zapatos eran blancos y los revisó con cuidado. Vio que estaban un poco gastados en la punta y los lados de tantos saltos que siempre daba, así con una tiza blanca procedió a borrar como pudo ese problema. Quería que no hubiera nada que impidiera que su deseo se hiciera realidad.

A la mañana siguiente fue a mirar sus zapatos y encontró regalos que no había pedido. Como niña chica jugó con ellos, y se preguntó por qué el Viejito Pascuero había usado el mismo papel de regalo con que la familia había envuelto los regalos para parientes y amigos que vinieron a la Cena de Navidad.

Su Tata no mejoró y --lo siento--- pero la niñita nunca más creyó en Viejo Pascuero, Santa Claus o Papa Noel, o con el tiempo y en otros países en los Reyes Magos.

Eso no quita que con el paso de los años y en otras navidades, no haya adornado hermosos árboles de Pascua para sus hijos, teniendo cuidado de emplear papeles de regalos nuevos.

En esta última Nochebuena ve como cae una suave nieve verdadera sobre el pino exterior donde ya hay atada una gastada cinta amarilla, que permanerá allí hasta el regreso de su hija de la Guerra, donde ha estado durante un largo año.

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