Monday, October 24, 2011

SE ABRE PASO LA POSIBLE VERDAD:

Damas de Apoyo denuncian misteriosos 'pinchazos' durante actos represivos

DDC habló con varias afectadas que relatan, entre otros efectos, una fuerte fatiga.

Damas de Blanco rodeadas por una turba. La Habana, 9 de diciembre de 2010. (REUTERS)

Varias Damas de Apoyo y disidentes han denunciado en los últimos años misteriosos "pinchazos" con agujas en la espalda y los glúteos durante actos represivos organizados en su contra por la Seguridad del Estado. DIARIO DE CUBA pudo rastrear al menos cinco casos, aunque muchos activistas coinciden en que no serían los únicos.

Todas las denuncias han sido realizadas por mujeres y todos los supuestos pinchazos se produjeron en La Habana, cuatro de ellos durante golpizas a las Damas de Blanco.

Las afectadas relatan sensaciones similares, principalmente una fuerte fatiga. Los especialistas consultados al respecto afirman que los síntomas descritos no permiten sacar conclusiones rotundas, pero advierten que se podría haber utilizado contra las mujeres alguna sustancia destinada a debilitarlas durante los actos de repudio.

También, que este tipo de prácticas serviría para inocular otro tipo de elemento o enfermedades más agresivos.

El más reciente caso es el de Rita María Montes de Oca, esposa del ex preso político Vladimir Alejo Miranda. Habría ocurrido el pasado 18 de agosto, cuando cerca de 50 mujeres salieron de casa de la fallecida líder de las Damas de Blanco, Laura Pollán, para intentar realizar una marcha pacífica y fueron interceptadas, en la misma cuadra, por centenares de personas convocadas por el régimen.

"Nos dieron golpes, nos ofendieron, nos escupieron, nos dieron piñazos por la espalda, nos rompieron la ropa y a mí me inyectaron", dijo Montes de Oca a DIARIO DE CUBA. "En ese mismo momento no me di cuenta porque tenía la sangre caliente".

"Nos llevaron a empujones hasta la casa de Laura", y allí "me dio mareo, se me nubló la vista, no podía tragar, me faltaba mucho el aire, me dolían las piernas", relató la activista.

"Cuando llegué a mi casa por la noche, vi que tenía sangre en el pantalón. Me miré el glúteo derecho y, efectivamente, tenía un pinchazo que parecía de una jeringuilla", dijo.

Según Montes de Oca, tras el incidente fue al médico y se hizo análisis. Pero luego "me dijeron que se habían perdido", afirmó.

La activista está actualmente enferma y se niega a ir al hospital. "Temo que me maten como a Laura, porque a Laura la mataron ellos con tantos golpes que le dieron", dijo. "Me siento mal, me ha subido mucho la presión, me duele mucho la cabeza, me duelen los músculos, la garganta se me cierra, me falta mucho el aire".

Tres en un mismo día

Otras tres mujeres afirmaron haber sufrido pinchazos similares en un mismo acto de repudio contra las Damas de Blanco, el 10 de diciembre de 2009, durante una caminata por el Día de los Derechos Humanos.

Sara Marta Fonseca dijo que en medio de los golpes que recibió no notó el pinchazo.

"Comencé a sentirme mal, los dedos de los pies y las manos se me pusieron rígidos, tenía la lengua tropelosa, adormecida, estaba mareada", declaró la opositora a este diario.

Caridad Caballero Batista y Mayra Morejón Hernández describieron sensaciones similares.

"Sentí un pinchazo en la espalda, arriba, cerca del pulmón. No sé lo que habrá sido. Me dio flojera en el cuerpo, fatiga", dijo Morejón.

"Cuando llegamos a casa de Laura Pollán, Sara Marta y yo teníamos las blusas manchadas de sangre", añadió.

Fonseca dijo que al examinarse descubrió varios puntos "a la altura del omóplato derecho".

Caballero señaló que notó el pinchazo y que de forma súbita se sintió mareada. "Pensé que me iba a caer", recordó.

Ninguna de las tres opositoras fue al médico. Según Fonseca, un especialista amigo le dijo que podrían haberle inyectado una pequeña cantidad de sustancia neuroparalizante para intentar que se cayera en plena marcha.

Consultado por DIARIO DE CUBA, el médico exiliado cubano Antonio Guedes dijo que existe la posibilidad de que a las activistas les hayan suministrado una sustancia de ese tipo, pero no se puede asegurar categóricamente.

"Si la lengua está tropelosa y hay una parestesia en miembros superiores e inferiores, es probable que se trate de algo neurológico", dijo Guedes. "Pero no se puede descartar que un nivel de estrés muy grande —que podrían surgir en un momento de agresiones, de actos de repudio, etc.— provocara una sintomatología que pudiera confundirse", matizó.

Plomo en sangre

Una quinta activista, Mercedes Fresneda Castillo, dijo haber recibido un pinchazo el 20 de noviembre de 2009, cuando junto a otros disidentes apoyaba al periodista Reinaldo Escobar.

Escobar había retado a un "duelo verbal" a un agente de Seguridad del Estado que días antes participó en una detención y golpiza a su esposa, la bloguera Yoani Sánchez. Una turba movilizada por el régimen zarandeó e increpó al periodista.

"Sentí cuando me pincharon" en un glúteo. "Inmediatamente me desplomé, pero me reanimé al ver caer a un señor mayor que estaba con nosotros y lo pude ayudar a levantarse", declaró Fresneda a DIARIO DE CUBA.

"Cuando llegué a la casa tenía los ojos muy rojos", recordó. "Como a la semana comencé a sentir muchos descensos, no tenía ánimo para nada y decidí hacerme análisis".

Según Fresneda, una enfermera amiga le alertó de que efectivos de la Seguridad habían "visitado" el consultorio médico.

Fueron para decir que "si yo iba a realizarme análisis, no me los hicieran", señaló la activista.

Fresneda aseguró que utilizó el nombre de una hermana para hacerse los exámenes. Los resultados arrojaron que tenía niveles anormales de "plomo en la sangre".

"Me mandaron leche, vitaminas B1, B6 y B12. Me preguntaron si yo trabajaba con algo que contenía plomo o había algo en mi casa que contenía plomo", indicó.

En este caso, Guedes consideró que lo más probable es que el pinchazo y los niveles de plomo no estuvieran relacionados.

"La astenia, la irritabilidad, la inapetencia, la reducción de la sensibilidad, dolores y cólicos abdominales, dolores de cabeza, debilidad muscular o incluso vómitos pueden ser síntomas de altos niveles de plomo", dijo el médico.

"Ahora, no necesariamente tenía altos niveles de plomo porque se lo hayan inyectado. En un país como Cuba el plomo está en muchas partes (…) Hay muchos platos, cubiertos, vasos, cazuelas de metal que pueden contener plomo, sobre todo si son antiguos (…) la gasolina, las tuberías en casas viejas", explicó.

Guedes consideró que la práctica de los pinchazos tiene un riesgo más grave: el contagio de VIH o de enfermedades como la Hepatitis C si se utiliza la misma aguja en diferentes personas.

Interrogado sobre actos similares contra opositores hombres, Elizardo Sánchez Santa Cruz, portavoz de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, dijo que la organización no posee referencias. "Pero a veces eso es imperceptible", advirtió.

El expreso político José Daniel Ferrer, que sistematiza información sobre la represión en las provincias orientales de la Isla, afirmó que no ha recibido denuncias de pinchazos en esa zona.

"Acá lo que se está estilando son técnicas de artes marciales que provocan daños en las vértebras. Hay casos de varias mujeres que hay sufrido ese tipo de daños, como Aimee Garcés Leiva, Berta Guerrero Segura, Eunice Madalua Fernández", dijo Ferrer.

¿Quién mató a Laura Pollán?


A Dissident's Mysterious Death in Havana
By Mary Anastasia O'Grady in The Wall Street Journal

Days after a beating by a mob, Laura Pollán fell ill and soon died. She was cremated two hours later.



For more than eight years, the Castro regime tried its level best to silence Ladies in White leader Laura Pollán. Ten days ago Pollán did fall silent. She passed away, after a brief illness, in a Havana hospital.

Hospital officials initially said that she died of cardiac and respiratory arrest. But according to Berta Soler, the spokesperson for the Ladies in White in Havana, the death certificate says that Pollán succumbed to diabetes mellitus type II, bronchial pneumonia and a syncytial virus.

Since there was no independent medical care available to her and there was no autopsy, we are unlikely ever to find out what killed Pollán. We do know that although she was a diabetic with high blood pressure, both were under control and she did not need regular insulin shots. Indeed, she had been healthy only weeks before her death, according to friends and family. We also know that the longer she remained under state care, the sicker she got.

Not surprisingly, the Cuban opposition is suspicious about her demise, and their concerns deserve an airing if only because of the nature of the totalitarian regime. It learned its trade from communist Eastern Europe, where the practice of eliminating enemies while in state custody was refined.

Over the life of the Cuban dictatorship, suspicious deaths (most commonly heart attacks) of otherwise healthy individuals who were considered disloyal to the Castros are not unheard of. The most famous was José Abrantes, a former interior minister and confidant of Fidel, who had a falling out with his boss, was imprisoned, and though known for being fit died of a heart attack in his cell in 1991. More than one defector from inside the regime has claimed that Abrantes was murdered.

Pollán took up her cause when her husband, Hector Maseda, was arrested, along with 74 others, in an island-wide crackdown on dissent in March 2003. Seeking a way to resist the injustice, she joined other women whose loved ones were handed down long sentences in Cuba's Black Spring. Together they organized a simple, peaceful act of disobedience: After attending Mass at St. Rita's church in Havana, they marched in the street, dressed in white and carrying gladiolas. The group was peaceful and nonpolitical. But to the regime it was dangerous. Mobs were unleashed against it.

Beatings, detentions, intimidation and harassment of the group were fruitless. The Ladies repeatedly returned to their "counterrevolutionary" practices: Sunday Mass, silent processions, Wednesday women's "literary teas" held in Ms. Pollán's home, prayer vigils for the persecuted.

The movement took on enormous visual power, and when images of the ladies being attacked in the streets went viral, the dictatorship was humiliated. The Castros were forced to offer the Black Spring prisoners "liberation" through exile with their spouses.

Pollán and her husband refused. Instead she expanded the movement across the country and promised to convert it to a human rights organization open to all women. Speaking from the Guanajay prison as her condition was deteriorating, jailed former Cuban counterintelligence officer Ernesto Borges Pérez told the Hablemos Press that making public those objectives likely sealed her fate.

On Sept. 24, Pollán was attacked by a mob as she tried to leave her house to attend Mass. Her right arm was reportedly twisted, scratched and bitten. This is notable because for more than a year, the Ladies had alleged that when Castro's enforcement squads came after them, the regime's goons pricked their skin with needles. Those same women claimed that they subsequently felt dizzy, nauseous and feverish. Independent journalist Carlos Ríos Otero reported this for Hablemos Press before Pollán was hospitalized.

According to interviews with Pollán's daughter and husband and with Ms. Soler, conducted by the Miami-based nongovernmental organization Directorio, eight days after the Sept. 24 assault Pollán came down with chills and began vomiting. Wracked with pain in her joints the next day, she was taken to the Calixto García hospital. After a battery of tests she was told everything was normal and released. On Oct. 4, she had a fever and shortness of breath. A prescribed antibiotic did not help. On Oct. 7 she was admitted to the hospital, later transferred to intensive care and the next day put on a respirator.

Her family was denied visitation rights until Oct. 10, when only her daughter was allowed to see her. State security agents surrounded her bed and monitored the doctors. On Oct. 12 doctors reported that she had a syncytial respiratory virus, which is otherwise known as a cold. She was obviously much sicker.

On Oct. 14 she died. When the family was allowed to see the body, state security agents were again on hand, as they were at the one-hour wake permitted at midnight. In record time—only two hours later—Pollán was returned to ashes. Who could blame the resistance for its suspicions?

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