Wednesday, September 28, 2011

LA SABIDURIA DE LA PACHAMAMA Y LA CARICATURA DEL DIA


Los “premiados” rocambolescos

Por Dorian García G.

Más parecieran personajes de cómics. Los hemos visto insólitamente regocijados de sus alcances. Pero estos “galanes” constituyen una caterva de actores letales para los ciudadanos del mundo y simbolizan lo que ni por asomo presumen personificar.

Son honrados con Doctorados Honoris Causa, con la espada de Zeus o el martillo de Thor. Exhiben una particular e extravagante satisfacción y apañándose unos a otros, se condescienden y premian frecuentemente entre ellos.

Constituyen una insólita cúpula de individuos que intercambian recompensas, se apoyan ante adversidades y homenajean confiriéndose títulos honoríficos y de decencia, tal como si de un marketing de reconocimiento se tratara. Acaso una forma de personalismo y halago a la desmedida fermentación de sus egos.

Las costuras de Chencha
Como si hubiese sido poco con la dictadura de Gómez, los venezolanos llegamos precipitadamente a la de Pérez Jiménez y luego de cuarenta años, sintiendo que nos la estábamos comiendo, le dimos la oportunidad a un famélico codicioso militarcito de baja ley quien había asonado contra los Poderes Constituidos.

“Tribilin” mediante artimañas de chacal logra la presidencia de la republica. Llegó bajo harapos forrando sus costillas y con determinación oculta en su oscura mirada de hiena. Hoy Venezuela se cae a pedazos y el “arañero” canta y no para de parecer más extraño.

La advertida perturbación, literalmente intoxicó al venezolano alcanzando la mágica vara del poder que le permitiría satisfacer la necesidad de reconocimiento y obtener, en desagravio a su pobreza, acentuados títulos de patricios y las atenciones supremas que los autócratas se confieren mutuamente.

Hermano Saddam... guer ar yu?
Como asunto propio, los dictadores se rodean de verdaderos ejércitos pretorianos para salvaguardar su robusta pero débil integridad. Se envuelven de adulantes y exaltados que procuran reconocimiento y ser asociados a su nombre, para solo tal vez recibir una promesa o, si acaso, dádivas miserables.

Algunos se pretenden locomotoras, pero su destino, irremisiblemente, se arrima al final de un viejo tren descarrilado. Vagones vacíos, irreparables y tirados al olvido. Ellos, como sus gobiernos, están agotados y están por sucumbir.

Brothers… where are you?
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