Wednesday, August 31, 2011

VENEZUELA: EL CENSO COMO BATALLA (1 de 3)

Censo 2011 ¡Tú cuentas para Venezuela!

Luis Marín
Es natural que un régimen militarista asuma cualquier actividad pública como un acto de guerra, exactamente como lo hace con las elecciones, un evento civil por excelencia (los militares no votaban) ahora transferido a batallones, comandos, milicias, combatientes.
Toda acción es una campaña, toda política pública una misión, las metas son objetivos y por supuesto cualquier logro es una victoria. La consigna en vencer, no convencer, no existe consenso sino rendición, del otro lado no hay opositores sino enemigos y su destino es la aniquilación o el incondicional sometimiento.
Asumir la política como guerra tiene sus ventajas, sobre todo porque los demás se ven obligados a actuar de la misma manera o exponerse a una abrumadora minusvalía. Quien entra en conflicto con actitud pacífica y de buena voluntad frente a un contrincante agresivo y malicioso, puede decirse que ya perdió.
De manera que el Censo se asume como una batalla más en una guerra prolongada. Se trata de poner a prueba las fuerzas materiales acumuladas por el régimen, su capacidad de movilización y control, frente a una sociedad civil virtualmente indefensa y desprevenida.
Se pone a prueba también la eficacia de la hegemonía comunicacional hasta ahora alcanzada por el régimen, porque las críticas y reservas al Censo son olímpicamente ignoradas, mientras se hace una propaganda engañosa y manipuladora, como si este fuera un gobierno “normal” y no uno “revolucionario y socialista”.
No se puede ser clasista y racista y al mismo tiempo presentarse como imparcial y objetivo, así como no se puede ser partisano y árbitro al mismo tiempo.
Lo cierto es que este régimen ha estigmatizado y condenado a extensos sectores de la población, independientemente de lo que hagan o dejen de hacer, por lo que ahora no puede aparecer como representante de una comunidad que él mismo se ha empeñado en destruir.
Los socialistas, en general, celebran el “clasismo” como una virtud de conciencia, la entrega al partido como la quinta esencia de la política y ahora han agregado el racismo como una seña de identidad. El Estado, para ellos, es un instrumento de opresión de clase sobre clase y de raza sobre raza. El partido dirige al Estado.
¿Cómo pueden ahora pretender que el Estado es el representante de “todos”, que es objetivo e imparcial, es decir, exactamente lo que (según ellos) no es, ni puede ser?
Esto es parte del antinomismo al que nos han acostumbrado: cuando les conviene son marxista-leninistas; pero al instante se convierten en cristianos espiritualistas, devotos de la virgen y de todos los santos.
Por un lado imponen la hegemonía comunicacional, pero de inmediato se presentan como liberales defensores, por ejemplo, de “la amplia libertad de expresión de que disfrutamos en este país, como nunca antes”.
Repudian la propiedad privada a la que califican como un robo; sin solución de continuidad declaran que aquí existe el más absoluto respeto a la propiedad, eso sí, etiquetada de colectiva, social, estatal, comunal, familiar o cualquier otra que no se sabe porqué ahora no es un robo.
Se impone un poder absoluto y centralizado, aboliendo la división de poderes y la federación; pero a la vez se predica que disfrutamos de las más amplias libertades políticas. ¿Pero no eran esas las falsas libertades del republicanismo burgués?
No, ahora los comunistas son defensores de la libertad de expresión, la propiedad privada y el Estado conciliador.

No comments:

Post a Comment