Monday, July 25, 2011

EL VIAJE QUE AMY WINEHOUSE NO DIO A CUBA

Por WILFREDO CANCIO ISLA

- Asediada por los fantasmas de la droga y los vaivenes afectivos, la cantante Amy Winehouse planeó realizar un romántico viaje a La Habana el pasado año para celebrar el reencuentro con su ex marido Blake Fielder- Civil y fumar juntos allí los famosos puros cubanos.

Amy Winehouse y su gran amor, Blake Fielder-Civil.

En abril del 2010, el periódico británico The Sun reportó que Winehouse -fallecida este sábado a los 27 años- había elegido a Cuba como destino de vacaciones después que ella y Fielder-Civil descubrieron otra pasión común: el consumo de tabacos.

El incentivo mayor: una caja de tabacos Romeo y Julieta que Winehouse compró para Fielder-Civil, con la idea de que ambos eran amantes trágicos al mejor estilo de la pieza de Shakespeare.

Pero la compra derivó en una nueva afición para la atribulada pareja y el regusto de los puros los transportó a conocer más de la cultura del tabaco y, por ende, de la historia de Cuba.

“Amy y Blake han estado leyendo sobre la historia y la cultura detrás de ellos (los tabacos) y esto los conectó con Cuba. Ella piensa que hay algo de romance en eso y le encantaría ir allá con Blake”, dijo entonces una fuente a la publicación británica.

El viaje iba a realizarse en algún momento del verano, entre los meses de julio y agosto, a manera de una segunda luna de miel con Fielder-Civil, que arrastraba tanta controversia y escándalo como la popular artista.

Fue una etapa de fugaz armonía de la cantante. Winehouse y Fielder-Civil se habían casado en Miami el 18 de mayo del 2007 y tras una tormentosa relación de violencia, que incluyó prisión para él, hicieron firme su divorcio en agosto del 2009. La turbulenta relación de ambos estuvo marcada por un desenfrenado consumo de drogas.

La cantante dijo en una ocasión que Fielder-Civil era su versión masculina y que ambos eran perfecto el uno para el otro, pero también admitió que el matrimonio dependía de los narcóticos.

A comienzos del 2010, en un raro oasis en la vida de ambos, Winehouse y Fielder-Civil parecieron decididos a recapacitar con amor.

La cantante compró una nueva casa en Londres para compartirla con Blake durante su tratamiento de rehabilitación de las drogas y pagó al propietario del club Soho para que pintara una imagen de ellos juntos, a manera de celebración del reencuentro. Sam Shaker, el propietario del club, describió entonces a una apacible Amy enternecida ante la pintura y mostrándole más fotos de los amantes.

Todo estaba listo para fijar el viaje a La Habana luego que un juez retirara la orden de restricción que pesaba sobre Fielder-Civil, quien volvió las rejas en junio por robo y falsa posesión de un arma de fuego.

Pero Amy Winehouse no creía en promesas de rehabilitación ni en planes, por muy corto que fuera el plazo. Su existencia fue un torbellino de excesos y el anunciado viaje a Cuba, los tabacos Romeo y Julieta y la ilusión de un nuevo principio quedaron como escaramuzas olvidadas en los pasos de una mujer que derrochó el talento para comprar su muerte.

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