Wednesday, June 29, 2011

LA ENFERMEDAD DEL PODER

No importa que desde hace 18 días se esté librando en El Rodeo una batalla vergonzosa, y que los medios internacionales exhiban dolorosas imágenes de guardias nacionales agrediendo a familiares de reclusos. Ni los apagones en el interior, ni los 25 homicidios de fin de semana, interesan tanto como el absceso pélvico ­o cualquier otro mal­ de Hugo Chávez
Por Elizabeth Fuentes


La salud de Chávez se ha vuelto un tema infaltable en la mesa familiar, un motivo de conversación de vecinos en el ascensor y la nueva fuente de distracción de kiosqueros que se creen con licencia para declarar facultados por su condición de último eslabón en la cadena comunicacional.

No importa que desde hace 18 días se esté librando en El Rodeo una batalla vergonzosa, y que los medios internacionales exhiban dolorosas imágenes de guardias nacionales agrediendo a familiares de reclusos, que sólo piden información, mientras el ministro del Interior, principal responsable de este drama humano, no muestre el más mínimo pudor como para presentar su renuncia.

Nada de eso, ni los apagones en el interior, ni los 25 homicidios de fin de semana, interesan tanto como el absceso pélvico ­o cualquier otro mal­ de Hugo Chávez. Envuelto en una atmósfera de misterio que estimula las especulaciones (versiones que a veces no provienen de "la derecha canalla", como dice el ministro twittero, sino del mismo pueblo), la enfermedad sobrepasa los linderos del imaginario colectivo. Hay quien apuesta a que Chávez aparecerá en los actos del Bicentenario para confirmar su condición de héroe nacional invencible.

Pero ¿qué impide al Gobierno informar, a través de su médico tratante, sobre la salud del mandatario, tal y como en su ocasión el presidente Fernando Lugo les habló a los paraguayos del "linfoma maligno" hallado tras una operación en la ingle? Amén de los voceros del PSUV ­que se sepa, ni Nicolás Maduro ni Diosdado Cabello son médicos­ ¿no existe en el proceso un doctor que explique a los venezolanos lo que sucede con Hugo Chávez?

¿Ocurrió acaso un desastre en Paraguay cuando se autorizó al hematólogo Alfredo Boccia para que dijera que a Fernando Lugo se le había hallado un ganglio inguinal y un nódulo en el mediastino, y que consideraba que el mandatario estaba en la tercera etapa de la enfermedad? En 1953, Joseph Stalin, con 73 años, ya enfermo y con tendencias paranoides cada vez más acentuadas, mandó a encarcelar a su médico acusándolo de complot y de darle "mal tratamiento".

Luego hizo desaparecer a su secretario privado, quien fue su alter ego por décadas en todos sus asuntos. El 15 de febrero, su guardaespaldas en jefe falleció en lo que oficialmente se llamó "muerte prematura", eufemismo para decir ejecución. En diciembre del 52 circulaba en la élite comunista el rumor de que el gran jefe estaba enfermo.

Pero ni su hija Svetlana podía visitarlo. El 1º de marzo de 1953, Stalin invitó a sus cuatro secuaces a su casa de verano en Kunzevo para pasar la noche bebiendo. El 3 de marzo a las 3 de la madrugada los asustados guardias informaron que el gran líder no había salido en las últimas 24 horas. El misterio de su agonía empezaba, pero ni Malenkov, Krushchev, Bulganin y el déspota de Beria se atrevieron a soltar una palabra. Todos estaban enfermos por el miedo que transmite el poder.

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