Monday, April 25, 2011

EL EXTRAÑO CASO DE LA DESAPARICIÓN DE LAS FARC DE VENEZUELA VI Y ULTIMA PARTE

La interrogante que se presenta a raíz de esta manera anti jurídica de resolver la causa del ex mandatario hondureño, nos obliga a preguntarnos si serían esos, “los deberes”, a los cuales hacía referencia el representante de la diplomacia norteamericana. De ser así, el hecho no puede ser más alarmante, al verificar que esos valores, de respeto absoluto a las instituciones del Estado, y de independencia de los poderes públicos, tan estrictos dentro del territorio norteamericano, no se compaginan con los parámetros exigidos por las mismas autoridades estadounidenses, cuando de otros gobiernos se trata.

La intervención de otros Estados en los asuntos internos de Honduras ha llegado a un extremo tal, que nuevamente la congresista Ros–Lehtinen, el 19 de abril pasado, hace pública su preocupación al señalar “que la presión internacional, para forzar el retorno del ex Presidente hondureño Manuel Zelaya usurpa la soberanía de Honduras porque Zelaya fue removido de su cargo por violar la Constitución hondureña”. Urgiendo a todos los países miembros de la OEA a “desistir de esas tácticas de presión”; así como pidiéndoles que “reinstalen a Honduras durante su próxima reunión del mes de junio.”

Tales circunstancias deben hacernos recapacitar respecto a lo frágiles que resultan nuestras democracias, al depender las unas de las otras de acciones u omisiones de nuestros mandatarios, los cuales en muchos casos ni siquiera se han puesto a pensar las consecuencias que puedan generar sus actos. El caso actual de Colombia es un ejemplo de ello.

Colombia, un país con unos antecedentes tan complejos, pasó de considerarse prácticamente un Estado fallido, a un ejemplo de perseverancia en la lucha por la democracia.

Seguramente existen decenas de historias respecto a los grandes sacrificios que esto ha ameritado. Uno de esos ejemplos que se nos vienen a la memoria se refiere al capitán Camilo González, oficial de inteligencia, adscrito a la regional de Inteligencia de la Primera División del Ejército (RIME), en Santa Marta, Colombia, y el cabo Gregorio Martínez, también dedicado a labores de inteligencia. Ambos militares no tuvieron la suerte de escuchar las palabras de su presidente respecto a la pretendida desocupación, desaparición, mudanza, o como se le quiera llamar, de las FARC, del territorio venezolano. Los cuerpos sin vida de estos dos militares aparecieron con señales de haber recibido terribles torturas, en territorio fronterizo de Venezuela, en el 2007.

Es cierto que ya han pasado cuatro años de este terrible suceso, pero lo grave de la situación no es únicamente la irreparable muerte, y terrible sufrimiento que han debido padecer estas personas. El hecho es que la historia completa no deja de ser más asombrosa aún, al conocerse que supuestamente dichos militares fueron descubiertos por miembros de la guerrilla, y por oficiales, dentro de territorio venezolano, quienes al parecer los habrían trasladado a la sede del “Destacamento de Apoyo Aéreo # 1 de la Guardia Nacional”, en el estado Zulia. Lo demás es historia: los cuerpos fueron encontrados en las circunstancias descritas.

Por si esto fuera poco, la información apunta a la participación de un altísimo funcionario de la inteligencia militar venezolana, el cual habría dado la orden de proceder como en efecto sucedió.

Todos estos eventos nos llevan a considerar la difícil situación en la cual se encuentra el gobernante colombiano, quien, “por razones de Estado”, actúa con amigable consideración, mientras los indicadores demuestran que con nuevos amigos como los suyos, no necesita enemigos. Si a esto le agregamos la inmensa responsabilidad que dicho funcionario ha heredado de su antecesor, en el sentido de haber convertido éste a Colombia no sólo en un ejemplo a seguir, sino en el muro de contención del socialismo del siglo XXI y/o la revolución bolivariana, el peso que tiene sobre sus hombros el mandatario no es nada envidiable.

El caso del presidente Obama resulta menos comprensible. Este, desconociendo las realidades de este lado del hemisferio, pareciera dirigir su política exterior como quien pretende completar un rompecabezas, con piezas extrañas y a empujones.

No estamos aquí para juzgar a nadie, pero en el caso de estos dos gobernantes, es innegable que todos seremos beneficiarios, o víctimas, de sus aciertos o desaciertos. El tiempo dirá si dichos mandatarios pensaban para la próxima generación, o si simplemente lo hacían para la próxima elección.

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