Monday, April 25, 2011

EL EXTRAÑO CASO DE LA DESAPARICIÓN DE LAS FARC DE VENEZUELA II PARTE

De todos los jefes de Estado considerados para colaborar con Obama, no hubo mejor candidato que Juan Manuel Santos, presidente de Colombia. Este, recién estrenado como gobernante, necesita, de todas-todas, estar de buenas con su homólogo estadounidense, si de verdad quiere echar a andar su política de “prosperidad democrática”.

La necesidad de profundizar su relación con los Estados Unidos, representa no sólo la materialización del tan esperado Tratado de Libre Comercio (TLC) con dicho país, sino la continuación de la colaboración que desde hace décadas ha facilitado el gobierno norteamericano, en la lucha contra el narcotráfico y ahora contra el terrorismo. De allí, que el argumento que el gobierno colombiano ha dejado colar, respecto a que “de no ser tratados como un socio igualitario por los Estados Unidos, Colombia buscará nuevos destinos”, resulte poco menos que creíble. Lobbies van y lobbies vienen, presencia en los medios de comunicación de los Estados Unidos a cada rato de personalidades justificando la necesidad de la ratificación del TLC, preparación de documentos a los cuales se ha comprometido el presidente Santos remitir a la Casa Blanca, visitas del vicepresidente y del presidente de Colombia a los Estados Unidos, y ahora incluso la solicitud del gobernante colombiano para que sus antecesores en la Casa de Nariño, se lancen al ataque en pro de dicho Tratado, evidencian que una cosa es lo que se dice al tratar de no demostrar desesperación, y otra muy distinta son las acciones tomadas a fin de amarrar el negocio.

Dos han sido los asuntos qué tratar respecto a la situación latinoamericana:

1.-Venezuela, de cuyo presidente, Obama no quiere escuchar ni un silbido; y 2.- La crisis de Honduras, mancha oscura en la historia de nuestras democracias, toda vez que, aparte de Cuba, su origen democrático ha sido cuestionado por ciertos gobiernos del hemisferio. En base a esto, el gobierno de Colombia empezaría su tarea.

Quiso la fatalidad para el narcotraficante Walid Makled aparecer en territorio colombiano en momentos tan propicios para los intereses colombo-venezolanos. Esto explicaría el que en noviembre pasado, el presidente Santos, aún sin esperar la decisión de la Corte Suprema de Justicia al respecto, se arriesgara a comprometerse a extraditar a dicho criminal a Venezuela, una vez terminaran los trámites legales.

Para los conocedores de la personalidad del mandatario, este hecho, de adelantar opinión frente a una institución como la Corte Suprema de Justicia, que produjo tantos dolores de cabeza a su antecesor, no podía obedecer sino a un acto deliberado. De hecho, si comparamos tal actitud con la asumida por él dos meses después, durante su viaje a Europa, veremos que la diferencia fue notable. En esta oportunidad, ante las interrogantes surgidas por las llamadas “escuchas ilegales” en Colombia (chuzadas), en donde se pretende involucrar al ex mandatario Álvaro Uribe, Santos actuaba con profusa prudencia durante el programa de televisión “Hard Talk”, de la cadena “BBC” de Londres, respondiendo que “estaría, muy, muy triste, si eso ocurriera, pero lo aceptaría, por supuesto” (sic).

El problema no radica en analizar, por enésima vez, si fue USA o Venezuela quien solicitó primero la extradición del delincuente Makled. La situación estuvo muy clara desde un principio para el gobernante colombiano; y es que si quería ganarse el favor de su homólogo venezolano, a fin de mejorar las relaciones comerciales, y a su vez tranquilizar al jefe de Estado norteamericano, la extradición comprometida era más que necesaria. Como dirían por allí: con Makled, Santos mataba a dos pájaros con una misma piedra.

Es cierto que en el país del norte ha habido descontento con la medida en cuestión, tanto así que hasta aquellos congresistas que han venido confirmando su deseo de votar a favor del TLC, han manifestado su disgusto con dicha extradición. Pero lo que es una realidad, es que la decisión de extraditar al narcotraficante no estaba dirigida a satisfacer más que a una sola persona: el inquilino de la Casa Blanca. Ya éste verá cómo cumple sus promesas para con su colega colombiano.

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