Thursday, March 31, 2011

EL DOCTOR CHIRINOS Y MISTER HIDE III PARTE

chirinos

LA MORAL COMUNISTA

Las comparaciones siempre son odiosas y tanto más cuando se les añade el ingrediente de la inutilidad, por lo que vamos a ahorrarnos hacer alusión a los secuestrados políticos, exiliados, lo que se observa con los comisarios y policías metropolitanos, militares institucionales, la Juez Afiuni, Alejandro Peña Esclusa y ahora Oswaldo Alvarez Paz.

Fijémonos en personajes como Elio Gómez Grillo, que compromete su autoridad académica pero también el poder real que ejerce desde la comisión de reforma del poder judicial, interviniendo como abogado defensor de Edmundo Chirinos; mientras hace malabarismos para presentar un libro sobre el derecho de la mujer a una vida libre de violencia sin la menor alusión al caso de la juez Afiuni, sin que le remuerda la conciencia por Roxana Vargas, Ana Teresa Quintero o las mujeres de Fuenmayor.

Los medios de comunicación oficialistas, que usaron el hecho de ser Roxana Vargas pasante del canal RCTV para decir que se estaba creando una matriz de opinión contra Chirinos y para desacreditar al gobierno; pero una vez que se pone en evidencia algo del mar de fondo de este crimen, que ni siquiera se sospechaba, ¡no dicen nada! No hay ni una sola aclaratoria, rectificación, nada.

El PCV y la izquierda unida, que llevaron a Chirinos y a Fuenmayor al rectorado y que ahora son gobierno con Chávez, ¿no sabían quiénes eran estos personajes? Esto denotaría cierta irresponsabilidad. Si lo sabían, ¿aún así fueron capaces de llevarlos al rectorado y en el caso de Chirinos, proponerlo como presidente de la República? Esto al menos implicaría cierta responsabilidad política o moral.

Los comunistas, tan dados a sentar posición por trivialidades o por asuntos que no les conciernen, como conflictos al otro lado del mundo, ¿no deberían fijar posición sobre los casos de Chirinos, Fuenmayor? Si se equivocaron con ellos, ¿no se equivocarían con Chávez?

Los comunistas solían despreciar los principios morales como prejuicios pequeñoburgueses pero no pudieron evitar la obligación de ensayar una suerte de “moral revolucionaria”, que supuestamente serviría de sustento a su lucha que, aquí y en China, necesita inspiración. Al menos con eso pretendían justificar la beatitud ante la figura del Che Guevara.

Los comunistas encubiertos, como Chirinos, Fuenmayor, pero también Chávez, se habitúan a la mentira como medio de vida; utilizan el materialismo para librarse de las cargas de conciencia; cosifican a los seres humanos y los reducen a meros instrumentos para satisfacer sus apetencias, sexuales o de poder; se fabrican un mundo ficticio a la medida de su insania moral.

Chirinos es un mitómano, pero nunca se podrá saber qué había de verdad en sus exageraciones. Dice que Bertrand Russell fue su paciente en Cambridge. Será mentira; pero sí estuvo allí y casualmente hizo el mismo curso de farmacología que Luis Fuenmayor, conocimientos que ambos utilizaron para sus propios fines.

Dice que fue Chávez quien le presentó a su esposa, María Isabel, que después se convertiría en su paciente (no se sabe si hay fotos o películas de ella, en consulta); asimismo le exigió que la acompañara en la fórmula para la constituyente, que ganaron los dos; dice que él solo redactó toda la parte de la constitución referente a educación, ciencia y tecnología.

Es lícito preguntarse si el caso Fuenmayor dará para otro libro como “Sangre en el diván” que la periodista Ibéyise Pacheco le dedicó al extraordinario caso del doctor Chirinos. La respuesta de los abogados acusadores de Fuenmayor es categórica: “Son íntimos amigos. Kiko Bautista, esposo de Ibéyise, es de la Plancha 80”.

Un caballero de la mesa redonda.
Luis Marín

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