Sunday, October 24, 2010

¡QUÉ DEJEN EL ABUSO!

vie
Cubamatinal/ En medio de un despetronque similar a las plagas del Antiguo Testamento, la piñata de los corruptos insumergibles y el sálvese el que pueda generalizado, la luz del sol de la moral comunista que nunca hubo se apaga. El tal sol fue -si acaso- un fuego fatuo que brotó de una esquina del panteón revolucionario. Hubo más simulación e hipocresía que llamaradas. La barca verde olivo, que hace aguas por todas las vías, se apresta a cruzar otros males de locura: la invención del socialismo de mercado a base de chinchales, timbiriches, zurcidores, tamaleros y reparadores de bateas.

Por Luis Cino

La Habana, 23 de octubre /PD/ ¡Cuida que no naufrague tu vivir!, exclaman los ortodoxos del comunismo, no por la canción de Cantoral que ha cantado tanta gente para lamentar el naufragio del amor, sino por las citas de Marx y Lenin del santoral al dorso de sus agendas rojas. Y tienen toda la razón. La llamada actualización del modelo económico cubano –vaya manía de inventar eufemismos con tal de no llamar las cosas por su nombre- sólo podrá conducir a la restauración capitalista. Sólo que lo hará del peor modo posible, por el camino más largo y doloroso. Y también, cómo no, el más peligroso.

¿Quién puede asegurar que los gerifaltes y jenízaros de la CTC lograrán convencer al millón de trabajadores que serán despedidos de sus puestos que tienen que alejarse rumbo al invento y el bisne, vigilados por legiones de policías, inspectores y chivatos, con todas las leyes y las trampas en su contra, y encima de todo aplaudir con entusiasmo y confiar en la infalibilidad de la dirigencia histórica?

En menos de un año, cuando la cuarta parte de la fuerza laboral del país y sus respectivas familias sean abandonados a su suerte por Papá Estado para que se las arreglen como puedan –por favor, convénzanos que no será así, que sí se puede, que no nos volverán a engañar compañero presidente de los Consejos de Estado y de Ministros- aumentarán los robos y asaltos, las desigualdades sociales, la cantidad de presos por toda clase de delitos (también políticos) y la miseria y el hambre alcanzarán proporciones sudanesas. Entonces, digan lo que digan los retranqueros del inmovilismo, cualquier cosa podrá pasar.

Ahora mismo, Cuba no va hacia el capitalismo ni al socialismo, al menos como son convencionalmente conocidos, sino derechito al abismo. ¿De qué vale llorar por la corrosión de la economía planificada que nunca funcionó? ¿Quién se creyó la historieta de que zapateros remendones, desmochadores de palmiche, criadores de conejos, recogedores de latas y forradores de botones para disfraces de payaso, desarrollarán la acumulación de capital privado?

Y si así fuera, si el sector privado logra crecer más que el estatal -que no será porque los impuestos, las regulaciones, las multas y los sobornos que tendrán que pagar se los comerán por una pata- y el socialismo se repliega, ay de la que nos espera con los nuevos empresarios capitalistas, muchos de los cuales serán los viejos mandamases reciclados.

Los precios en los agromercados y la forma en que muchos dueños de paladares, poncheras y brigadas reparadoras de casas tratan a sus empleados no me hacen ser optimista con el tránsito al capitalismo con retórica socialista y sin estado de derecho, seguridad social, subsidio para los desempleados ni garantía de nada que nos espera. En definitiva, eso es bastante más malo de lo que aprendieron en medio siglo de aprendizaje con el Estado-patrón único. Y eso es mucho decir.

Que no me vengan con la necesidad inaplazable de amputar las partes enfermas. Ya sabemos que a palos y con punzadas en la boca del estómago tendremos que aprender a desarrollar un nivel mayor de productividad laboral y eficacia.

En el guión de esta película de horror y misterio (para el pueblo, no para los mandamases), la obligada transición al más chapucero y salvaje capitalismo monopolista de Estado con chinchales, timadores y vendutas, será de la mano de la burocracia, que como quien no quiere las cosas, ya empezó a vaciar el parque estatal en su saco de acumular capital.

Ya algunos reclaman libertad de asociación sindical ante la desfachatez de la CTC, para que el timón de las transformaciones económicas lo lleven organizaciones obreras independientes. Pero el colmo del disparate y del más aberrado masoquismo es el de los que hablan de crear núcleos del PCC de cuentapropistas, para seguir “eternamente, Yolanda” con el cuento de la buena pipa.

Con cierta dosis de la más oficialista inocencia cuando se quiere mostrar cierta sensatez, preguntaba el sociólogo Lázaro González respecto al penoso proceso de desinflar las plantillas en los centros laborales: “Si llevamos prácticamente cincuenta años con este problema, ¿cuál es la urgencia que nos obliga a tratar de resolverlo en seis meses con métodos sin fundamentación técnica alguna?

¿Sería mucho pedir que Los Jefes prioricen los intereses de la nación antes que los suyos propios, dejen la retórica zurda y bizca y acaben de hablar claro acerca de qué coño se proponen hacer, aparte de seguir aferrados al poder absoluto como si no pasara nada? Antes que sea demasiado tarde, por el bien de todos, ¿no sería mejor que dejen el empecinamiento? Como dicen en mi barrio: ¡Que dejen el abuso!

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