Sunday, October 24, 2010

CAMISETAS DEL CHE

T-SHIRTS DEL SINIESTRO CHE
mercenarios
Esteban Fernández
Los pullovers con la efigie del Che Guevara pululan en el ambiente. Aquí y en todas partes. Es una verdadera epidemia. Al principio me encendía la sangre verlos y hasta broncas he tenido con los usuarios de esa basura. Hasta que me di cuenta de que el 90 por ciento de los que se ponen ese adefesio no tienen ni la menor idea de quien fue verdaderamente ese hediondo...

Un día me puse bravo y le pregunté al muchacho que traía el T-Shirt: ¿Y tú sabes quién fue ese tipejo que con tanto orgullo llevas en el pecho? Y me contestó: Cómo no, fue un famoso cantante de Rock and Roll. La mayoría no puede dar detalles de la vida del atorrante argentino. Uno me dijo Creo que cantaba tangos en Buenos Aires, tenía una motocicleta y fue amante de Evita Perón, otros saben que estuvo en Cuba en las guerrillas de Castro pero hasta ahí llegan sus conocimientos. Existe un 10 por ciento de verdaderos guevaristas, fidelistas y comunistas, pero también son tontos útiles ignorantes de la vida de este fatídico asesino vulgar.

En una fiesta en la casa de mi hija se atrevió a llegar un joven con la cara del Che en su pecho. Me extendió la mano para saludarme y se la negué. Le dije que podía usar eso en la calle, pero no en mi territorio. Me dijo que no tenía ni la más ligera idea del motivo por el cual yo estaba disgustado, ni quién era la persona que él estaba exhibiendo en su torso. Acalorado le expliqué. Sorprendido se fue al patio, se quitó el T-Shirt y lo quemó. Y le di un abrazo.

En pocas palabras le dije que, al principio, era un verraco en la Sierra Maestra durante las guerrillas castristas. Le decían el saca muelas, pero rápidamente la cosa cambió cuando le metió un tiro en la cabeza a un guajiro llamado Eutimio Guerra. Fue en realidad el primer asesinato cometido en el Pico Turquino.

Allí, por primera vez, Fidel, Raúl, Almeida y Ramiro, lo miraron con otros ojos. Vaya, se dieron cuenta que el argentino -que lo traían creyendo que era médico sin ser médico ni un carijo- era un criminal nato.

Le cayó mal a todo el mundo. Inclusive Castro y su plana mayor lo detestaron desde un principio por su altanería. Era un pesado, un engreído, un zoquete que detestaba y despreciaba a todos los seres humanos. Se creía superior a todos. Dice Aldo Rosado en su libro que la única palabra nueva que aprendió del argot cubano fue comemierda y le encantaba utilizarla para denigrar a sus subalternos.

Enfermizo, asmático, débil, odiaba el béisbol, no le interesaba la música, quiso infructuosamente -por no decir imbécilmente- que los guajiros de la Sierra Maestra aprendieran a jugar ajedrez. Su famoso traslado de Oriente a Las Villas fue comprado al enemigo, que se vendió y le permitió la travesía. Creo que no tuvo ni un verdadero combate en todo el trayecto. Y si hubo muertos fueron por accidentes en el camino.

Después del triunfo, que verdaderamente no fue un triunfo pero él se creyó estúpidamente que fue una gran victoria y ese error le costó la vida más tarde, se fue a una agencia de carros de La Habana y se llevó DOS CHEVROLETS Impala (convertibles) nuevos. Vaya, el rey actual de los descamisados y los humildes con dos automóviles flamantes. Y, desde luego, robados a lo descarado.

Se fue a una de las mejores playas de La Habana, Tarará, y se apropió de una gran mansión allí, con el pretexto de que le convenía el aire y ambiente de esa playa para su enfermedad. Se fue a La Cabaña e hizo el baño de sangre más grande que se recuerda en toda la América. Todos los asesinos en serie del mundo, incluyendo a Charles Manson, el estrangulador de Boston, Richard Ramírez y todos los demás, se quedan chiquitos comparados con este salvaje.

Fracasó rotundamente en todos los cargos que le fueron asignados. Firmó los billetes del país con su seudónimo de Che. Una verdadera barrabasada. Era un fantoche, un hígado congelado a las 12 de la noche. No hizo un solo amigo en la Isla de Cuba. Hasta el General Enrique Acevedo reconoce en un libro que era un bofe.

En África salió vivo de milagro, fracasó por completo. Y de allí se fue a Bolivia, donde acumuló un millón de errores militares que lo llevó al matadero. Y los bolivianos tiraron su cadáver arriba de un fregadero como un pescado en tarima. Castro despidió simbólicamente el duelo en La Habana y acto seguido se fue a jugar basquet como si nada. Y nació un mito. Un gigantesco fraude. Y hoy un millón de tontos lo tienen en el pecho de adorno, creyendo de él todo... todo menos la verdad.

1 comment:

  1. Interesante reflexión. totalmente de acuerdo con lo de la camisica de marras.

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