Thursday, August 26, 2010

PARA CALMAR LA SED Y TRES AMIGOS DEFRAUDADOS

JoseAlbertoAlvarezBravo

José Alberto Álvarez Bravo
La lectura de la novela Tuareg nos hace un llamado de alerta sobre el valor del agua, sobre todo la de beber, en condiciones extremas. En los climas tórridos, un simple sorbo de agua puede marcar la diferencia entre la vida a la muerte.
Los visitantes llegados a Cuba, luego de su primera bocanada de aire hirviente, buscan ansiosos un expendio donde adquirir una refrescante porción del vital líquido. Varios de estos expendios, situados en la Terminal 3 del Aeropuerto Internacional José Martí, atienden solícitos a cuanto viandante se acerca a sus mostradores, sin colas ni cartillas de racionamiento.
La sed inclemente impone sus exigencias, y los gringos seguramente no lo piensan dos veces para adquirir un incitante pomo de agua mineral de 500 mL, “envasado en la fuente”. Siempre de los manantiales Ciego Montero, aunque el contenido proceda de la cuenca Vento, en Ciudad Habana.
El precio puede no hacer temblar la mano del “yuma”, pues para él quizás soltar 1.50 CUC sea como arrancarle un pelo a un burro. Otro cantar es si el sediento es un cubiche común y corriente, en las antípodas con los bendecidos del poder.


Tres amigos defraudados.
José Alberto Álvarez Bravo

El miércoles 25 de agosto de 2010, sobre las tres de la tarde, tres amigos de Juan Juan Almeida acudimos al Aeropuerto Internacional José Martí, con la inocente intención de despedirlo en su viaje al extranjero. Fui el primero en arribar a la terminal aérea, determinado a no dejar de abrazar a mi querido ex-gordo. Luego llegaron Reinaldo y Yoani.
Mi pronta llegada a un sitio tan ajeno a quienes no viajamos más que en el tiempo, tiene su explicación. El día anterior había recibido un SMS de Dagoberto Vergel (Daguito), invitándome a cubrir la firma de una alianza entre el movimiento que preside y el representado por José Díaz Silva, a efectuarse en la vivienda de este último –cercana al aeropuerto- a las 2 de la tarde.
Todavía en el ómnibus, a cincuenta metros de la parada, recibí un mensaje de Yoani avisándome la salida de JJ. Al bajarme del “camello”, divisé tres segurosos apostados a la entrada de la vivienda de Silva. En ese momento detenían a un disidente que intentaba acceder a la reunión; ya sabia que Daguito estaba detenido.
Saqué una cuenta muy simple: no me dejarán llegar a la actividad, y tal vez sea la última vez que vea a JJ. Crucé la calle y subí a un P 12 en sentido contrario, dirigiéndome al aeropuerto. Un detalle importante no tuve en cuenta: la perversidad del régimen castrista.
Satisfechas solo cuando pueden dañar a los demás, las autoridades cubanas llevaron a JJ directamente al avión, dejándonos a la espera de poder abrazarlo, quizás por última vez. El odio y la maldad, representados por los hermanos Castro, se alimentaron con nuestros frustrados deseos de despedirnos tranquilamente de un amigo.
¡Fuera ya de nuestra tierra estos canallas que nos vilipendian!
¡Abajo la pérfida tiranía castrista

Pocos interesados en el tema Cuba deben ignorar que 1.50 CUC es el salario medio de tres días. Este detalle convierte al cubano de a pie en un bicho único, que para calmar la sed no necesita tomar agua: solo le basta con mirar el precio.

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