Sunday, July 25, 2010

CUANDO SE EXTRAVÍA LA CARTILLA DE RACIONAMIENTO

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La crueldad de la supervivencia en un país corrupto

Cubamatinal/ La” libreta de abastecimientos de productos alimenticios” es la cartilla de racionamiento más antigua de la Historia, Fidel Castro la creó en 1963-64 “provisionalmente” - según dijo - “durante unos tres años, mientras organizamos lo nacionalizado y aumentamos la producción” y en el 2010, aunque norma pocos productos que no cubren las necesidades, es indispensable y extraviarla es un problema serio.

Por Jaime Leygonier

La Habana, 22 de julio/ CihPress/ Los países en conflicto durante la Segunda Guerra Mundial usaron cartillas menos abarcadoras y que desecharon al par de años de paz - excepto en la U.R.S.S., de donde Castro sacó la idea.

Quien la olvida en un mostrador o se le cae en la calle, después de buscar en todas partes, gavetas, bolsos e interrogar a los familiares, debe reportar la pérdida a las tres o cuatro tiendas en que compra, para evitar que alguien la encuentre y con ella compre fraudulentamente los alimentos del mes de la familia ajena.

Asesorado por el bodeguero - el tendero de víveres - acudirá a la OFICODA (oficina comercial de abastecimientos) que le corresponde por su dirección y hará la cola para reportar la pérdida e informarse. Allí le indicarán que vaya a la oficina del Registro del Consumidor. En el populoso municipio habanero de Diez de Octubre hay dos.

En el Registro del Consumidor, tras hacer la cola, le entregarán el “modelo de solicitud de documento N° 0336723, planilla para llenar los espacios en blanco con la información. En la esquina izquierda tiene un espacio para pegar un sello del timbre, en la derecha dice:”Documento de riguroso control”.

Varias casillas serán llenadas por la funcionaria de la oficina con letras y números misteriosos que clasifican “al consumidor” según el comercio que le corresponde por dirección de su domicilio. Otras marcan con una cruz en la casilla la causa de solicitud del documento: “Perdida. Deterioro. Otros”.

Espacios en blanco para llenar indican: “N° documento. Nombre y apellidos. Fecha de nacimiento. Descripción del documento. Un letrero advierte: “Tache los renglones no utilizados”. Luego viene un juramento:

¨Yo… (espacio en blanco para el nombre ) declaro bajo juramento haber perdido los documentos solicitados y que se me ha informado de los requisitos para obtenerlos en esta oficina el …(espacio en blanco para la fecha).

Abajo algunas casillas con información numérica, y firma del solicitante, fecha otra vez, firma del funcionario y cuño del Registro del Consumidor. Al concluir el modelo quedarán escritos en él por partida doble la fecha y el nombre.

Atrás está en blanco, allí tendrá que recoger las firmas de los administradores de los cuatro comercios en que es válida la compra con su cartilla: La bodega - tienda de víveres -, la carnicería, el puesto de productos agrícolas y la panadería.

Con esas seis firmas: Las de los cuatro tenderos, la de la funcionaria del Registro y la del “consumidor” que jura, y con un sello del timbre de $10 que deberá comprar en el correo - donde a veces no hay sellos, pero si colas menores - volverá a la Oficoda.

Allí, tras otra cola, la funcionaria consultará un tarjetero y escribirá el documento nuevo, la “libreta de abastecimiento del núcleo familiar” que es un librito.

Mientras hace estos trámites “el consumidor” acudirá al panadero, y al administrador del “punto de leche” que le vende diariamente leche o yogurt (que sólo corresponden a los niños) para rogarles que lo reconozcan y si dudan que busquen su nombre en la lista de consumidores, y le despachen de favor esos productos de venta diaria.

Los tenderos suelen acceder, a veces negarse y los “consumidores” pasar de los ruegos a las amenazas, sobre todo cuando la negativa perjudica a sus pequeños. Una señora en tal percance acudió al carnicero quien aunque la conoce de años se negó a despacharle la libra per cápita de pescado del mes (que viene un par de veces al año)… pero le propuso y vendió ilegalmente dos libras.

Ella relata: “Fue tan descarado que yo en vez de decirle cuatro cosas me eché a reír, pero le dije:”Muy bien, yo haré todos los trámites para la libreta nueva, pero cuando vuelva procura no decirme que se acabó el pescado que me toca porque con la comida de mis niñitos no se juega.”

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