Monday, July 26, 2010

EL OCASO DE UNA SOMBRA

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Angélica Mora

Nueva York

Apuntes de una Periodista

Dice el refrán que "en boca cerrada no entran moscas", pero Raúl Castro ha llevado el dicho al extremo. No ha abierto la suya en público desde el 4 de abril de este año, en que pronunció un discurso en la clausura del IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas.

El Dictador Suplente pareciera estar todavía bajo la influencia de lo que le hizo decir en la celebración del 26 de julio del año pasado en la ciudad de Holguín: “Sólo soy una sombra”.

En aquella ocasión, inició su discurso aclarando que él era de allí, era holguinero.
Y luego agregó en forma jocosa:
"A qué comprovinciano se le ocurrió ponernos el sol aquí detrás, que a mí no me molesta, pero estoy seguro de que ninguno de ustedes me puede ver y verán, si acaso, una sombra, ese soy yo...
Por tales motivos, en esta conmemoración del 56 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, mi intervención será muy breve..."

Este año no hubo siquiera una intervención breve. El micrófono, con el discurso oficial, estuvo a cargo de José Ramón Machado Ventura.
¿Será que Raúl Castro esperaba la fogosa alocución de su sobrino venezolano Hugo Chávez, quien no pudo concurrir por temor a ser secuestrado en el camino (¿?) y por eso no preparó nada?

No, lo que ocurre es que Castro II no tiene nada que decir. No se le ocurre ningún ofrecimiento vago que formular frente a todas las promesas marchitas y tiene la mente completamente en blanco frente al desplome de la economía.
La Isla está sumida en una crisis generalizada. La revolución se está terminando de caer en pedazos, afectada por el desencanto de todo un pueblo que creyó en una causa, pero ésta se fue desmoronando como castillo de arena ante las ilusiones incumplidas.

En su discurso, Machado Ventura siguió el alucinante sendero ya trazado por los hermanos Castro, sin esbozar siquiera un esquema que permita comenzar a pensar que puede haber algún cambio en el futuro.

Su alusión a los problemas que confronta el Mecenas de Caracas de una "inquebrantable solidaridad de Cuba con el pueblo de Venezuela frente a las amenazas contra la soberanía de ese país hermano" sólo hacen pensar en la retórica del pánico, motivada por una posible suspensión de la ayuda monetaria que reciben por parte de Chávez.

Todos sabemos que las condiciones oratorias del Hermano Menor son limitadas y nunca han estado a la altura del Comandante en Jefe y se sabe que sólo el terror que genera su mandato es lo que lo mantiene en el poder.
Pero, como la última cabeza visible de una Dinastía monárquica que lo designó como heredero, debería haber salido de la sombra y haber pronunciado un corto discurso.

No haberlo hecho y haber cedido el podio a otro camarada no se interpreta como un gesto de compartir candilejas, sino que demuestra que no tuvo nada que prometer.
Como si fuera un juego de dominó, el Mínimo Líder le pasó la ficha de esa la responsabilidad al que le sigue.
A lo mejor, con suerte, en el próximo aniversario del 26 de julio ni él como suplente, ni su suplente, seguirán frente al tablero.

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