Thursday, June 24, 2010

EL JUICIO A DARSI FERRER

El juicio a Darsi Ferrer.
José Alberto Álvarez Bravo
En la esquina de Carmen y Juan Delgado, el 22 de junio de 2010, una treintena de disidentes dimos una lección práctica de lo que significa realmente actuar en unidad.
Desde horas tempranas de la mañana, tres decenas de disidentes nos dimos cita frente al Tribunal Municipal de 10 de Octubre, en apoyo a nuestro hermano de lucha, el Dr. Darsi Ferrer Ramírez, encarcelado desde el 21 de julio de 2009 y procesado por los presuntos delitos de Receptación y Desacato.
En las inmediaciones del lugar, varios grupos de agentes de la policía política hacían ostensible su presencia, pero salvo a dos hermanos –Hugo Damián Prieto Blanco y José Alberto Eiras- no impidieron el acceso a los disidentes convocados allí por el deber. Más allá de puntos de vista, la comprensión de la necesidad de forjar un frente común ante la maquinaria represiva del régimen permitió la consolidación de un bloque heterogéneo; firmantes de la “Carta de los 74”, miembros de Frente de Línea Dura y Boicot Orlando Zapata Tamayo, del Partido Cuba Independiente y Democrática (CID), periodistas independientes, Partido 30 de Noviembre, Partido Arco Progresista junto a otras tendencias y afinidades, aunaron voces y voluntades para exigir, a viva voz, justicia y libertad.
Recién llegado a su domicilio, Darsi me contó de su emoción al oír nuestros gritos, transgresores de muros y barrotes, que le acompañaron en sus últimas horas de injusto encierro. Antes y después de esa acción mancomunada, esas gargantas articularon y articularán palabras a favor y en contra de determinadas posiciones, pero precisamente eso es la democracia, tal como la concibieron Clístenes y Pericles hace miles de años.
De manera inobjetable, quedó probada la innecesariedad, e incluso la inconveniencia, de la tan llevada y traída unidad de las fuerzas opositoras. Nuestra tendencia a confundir unidad con unanimidad es incorregible. La unidad homogénea, indisoluble, es pura utopía. No existe. Por consiguiente, cada quien debe permanecer en su parcela, junto a sus afines, pero en cuanto el clarín toca a degüello, hay que apretar las filas para que el enemigo no encuentre una sola brecha por donde hendir la daga divisionista. No importa en lo absoluto si quien está a nuestro lado aboga por el inmovilismo o por la implementación de enroques políticos inéditos; en el momento de la acción, TODOS SOMOS RESISTENCIA.
Este 22 de junio de 2010 ocupa un lugar destacado en la historia de medio siglo de enfrentamiento a las hordas castrofeudales. El miedo ha cambiado de bando. La cobardía sin límites del desprestigiado Raúl Castro le ha impedido reprimir a quienes no hemos pedido permiso para ejercer nuestros derechos. El desgaste de tan dilatado periodo de ejercicio arbitrario e inconsulto del poder, ha puesto al descubierto la debilidad intrínseca de este régimen de terror y sangre.
La libertad para Cuba toca a nuestras puertas, y no es hora de desgastarnos en dirimir si son galgos o podencos. No se trata de imponer un criterio sobre otros, sino ponerlos a un lado en el momento de la acción; y ayer el momento de la acción fue allí, frente al Tribunal Municipal de 10 de Octubre, mientras las marionetas disfrazadas de jueces escenificaban una parodia judicial bajo la dirección escénica de la seguridad del estado.
Estos son algunos análisis e impresiones personales, emanadas de mi presencia y participación en el evento que la historia moderna de nuestra patria recogerá como “el juicio a Darsi Ferrer”.

En la ciudad de La Habana, a los 23 días del mes de junio de 2010

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