Wednesday, May 26, 2010

SEGUNDA PARTE

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La tenencia de tierra en propiedad, bajo las prerrogativas de la libertad económica es un principio básico para el manejo económico de los productores agrícolas, pues sirven sus tierras como colaterales de préstamos y la toma de decisiones a favor de sus intereses aseguran la selección de los cultivos y actividades agrícolas que mejor les convenga, de
acuerdo a su experiencia o algún estudio de inteligencia de mercado.

La posesión de tierra solamente no asegura una rentable producción agrícola. En Cuba, luego de que el gobierno reconoció su error conceptual inicial sobre la tenencia de tierra, el 30 de enero de 1991 el Decreto-Ley No. 125 establece en su Artículo 3 que la tierra propiedad del Estado podrá ser entregada en usufructo. Esto no cambió la situación, los que intentaron explotar la tierra fracasaron y la abandonaron, por falta de recursos y de libertades económicas, principalmente las inherentes al mercado: de compra y venta.

El fracaso que marcó ese antecedente no fue suficiente y el 10 de julio del 2008 se promulgó el Decreto-Ley No.259 sobre la entrega de tierras ociosas en usufructo. Luego de casi dos años de entrar en vigor, no ha presentado resultados positivos alguno. A todos estos fracasos agroeconómicos se suman los planes alimentarios en Ciego de Avila y otros lugares donde participaron miles de santiagueros. Así como la llamada agricultura urbana, los hidropónicos y organopónicos. Ahora nos vienen con el cuento de las parcelas y patios familiares, como solución a una crítica situación que no admite un experimento más.

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“Yo fui una de las víctimas de la Reforma Agria, como tenía más de 5 caballerías, me la quitaron todas. Solo me dejaron una parcela alrededor de la casa, pero eso me ha ayudado con la alimentación, pero no da para vivir como productor agrícola. Ese kiosco que aparece en la foto del periódico, lo prepararon así para la foto. Mis hijos en el exterior son los que me han mantenido hasta ahora” Nos dice Maurilio García, un campesino del Cujabo, a unos 15 kilómetros de la ciudad de Santiago de Cuba.

El mercado ha sido el principal escollo de la producción agrícola en Cuba. La comercialización (intermediarios) siempre fue un pecado para los llamados dirigentes históricos de la revolución, principalmente para Fidel Castro, quien prefería comprar a precios internacionales las frutas, vegetales, hortalizas y hasta flores en el exterior, para no darle participación a sus nacionales. Este que fue uno de los planteamientos de los campesinos independientes en 1997, hoy los traen como un descubrimiento del congreso campesino. Observen esta supuesta intervención: “La expresión de Pedro Castillo, vecino de La Caoba, en el municipio de San Luis, fue tácita: ¿Qué hace una nación agrícola comprando frutas, flores y alimentos en el extranjero?".

Uno de los principales argumentos de Fidel Castro eran los posibles altos ingresos, incluso los denominó “macetas”. Sin embargo, ahora se resalta como al mercado “El Avileño” en esta ciudad de Santiago de Cuba ingresan como promedio 20 000 pesos por jornada. Sus trabajadores devengan un salario que oscila entre 1 500 y 3 000 pesos al mes. Lo que de ser cierto - un trabajador del mercado - gana dos tres veces más, que el mejor profesional de nuestra comunidad.

Hay algo que quiero dejar claro en este articulo. En Cuba, en ningún foro, al menos a los nacionales no se les permite hacer planteamientos espontáneos. Las intervenciones son escogidas, y seleccionadas las personas que las van a exponer. Así que todas estas intervenciones son las manifestaciones que el gobierno quiere se hagan públicas. No obstante observen el próximo párrafo y vean la realidad de nuestro campesinado hasta hoy día:

"En Santiago de Cuba se perdía más del 50% de las frutas, y nosotros teníamos que venderlas, a escondidas, a orillas de la carretera", cuenta Edilberto Hernández, uno de los trabajadores del quiosco de la CPA Victoria de Girón, del municipio de Contramaestre, por donde comenzó la experiencia de concertar vínculos más eficaces entre productores y vendedores, en aras de diversificar ofertas, sustituir importaciones y, en consecuencia, ahorrar.

En este experimento político, económico y social el Gobierno cubano ha valido todos los medios para utilizarlos a su manera. La cooperación internacional no ha escapado a sus artimañas y crearon una serie de proyectos y ONG´s de desarrollo rural para captar fondos de la Comunidad Económica Europea, para sus financiamientos. Sin embargo, todo esto también terminó siendo un gran fracaso.

A pesar de toda esta cadena de fracasos y el engaño evidente y comprobado del campesinado cubano, muy poco se ha capitalizado su situación como estrategia política. Obsérvese esta apreciación del propio Fidel Castro de cómo el si la supo aprovechar: “…hay circunstancias políticas determinadas en que el reparto de tierra es la única alternativa, por ser, sin duda, la medida más política, la que promueve más apoyo revolucionario…” No por gusto la famosa alianza obrero-campesina era una iniciativa que dio ciertos resultados en las luchas sociales.

Los esfuerzos de los campesinos independientes por organizarse y exigir sus derechos, no tuvo un gran respaldo por la oposición interna y externa, nos dice Antonio Alonso, Director del Proyecto de Desarrollo Cívico Rural Cubano. “La falta de recursos y de interacción con los demás proyectos que adelanta en Cuba la oposición fueron las causas principales de poco crecimiento de este movimiento de desarrollo cívico y rural, que tanto hubiera aportado para el futuro modelo de desarrollo rural en Cuba”, concluye Alonso.

La designación de un Comisionado de Agricultura en las estructuras de los Municipios de Oposición, bien pudiera corregir esa situación que plantea Antonio Alonso, que también es Comisionado de Agricultura por el Municipio de Santiago de Cuba. Esa estructura facilitaría la posibilidad de realizar demandas conjuntas de carácter nacional, que emplace la necesidad de realizar una verdadera ley agraria en Cuba.

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