Saturday, May 29, 2010

EL EMBELECO

todos-al-monasterio
Lázaro González Valdés,
ex prisionero de conciencia

Como émulos del bolchevismo, los comunistas cubanos saben cuando, como y con cuales objetivos emplear su arma más efectiva que es el engaño con artimañas y falsas apariencias.

El embeleco de turno fue ideado por la Dirección General de Inteligencia (DGI) para vestir a su jefe el PCC con traje de dialogante rematado con corbata humanitaria, y así aparentar que los profesionales del crimen ahora quieren respetarle los derechos humanos a quienes encarceló arbitrariamente.

Para conseguir su meta el PCC le pidió a la DGI operar a la infiltrada Iglesia Católica de Cuba, y como a esta institución la precede el aspecto noticioso de su notoriedad el engaño de la inteligencia comunista ha tenido amplia cobertura en los medios de prensa.

Por ejemplo, en Internet se lee: “La Iglesia Católica afirmó que se van a dar pasos sobre los presos políticos de Cuba, tras una reunión celebrada el miércoles (19 de mayo) entre sus principales autoridades en la isla y... Raúl Castro” (ver enlace 1).

Poco después Radio Martí aseveró que “El gobierno cubano se comprometió con la Iglesia Católica a trasladar a los presos políticos a cárceles de sus provincias de origen y dar atención médica a los más enfermos” (ver enlace 2).

La artimaña del PCC tiene poderoso enganche como lo demuestra el hecho de que religiosos, analistas y políticos han estado lanzando esperanzadoras declaraciones sobre el tema. “Es una señal positiva”, concluyó el secretario general de la OEA José Miguel Insulza (ver enlace 3) mientras el Cardenal y Arzobispo de La Habana Jaime Ortega sentenció en el oficioso periódico Trabajadores: “Ha sido un diálogo sobre Cuba, nuestras realidades, el presente y el futuro” (ver enlace 4).

Sobre esta falacia del Cardenal Ortega es imperativo señalar que ni la Iglesia Católica ni los funcionarios del PCC tienen el consentimiento de las víctimas (quienes conforman la mayor parte del pueblo cubano) para tratar asuntos relacionados con su presente o su futuro. Los comunistas no han permitido elecciones auténticas por medio de la violencia y la jerarquía católica de Cuba es designada por mandato Vaticano, procedimientos ajenos a la democracia.

Si la Iglesia Católica de Cuba gestiona la libertad de prisioneros políticos en reuniones a puerta cerrada con los carceleros de mis compatriotas yo, como ex preso de conciencia, le agradezco ese acto humanitario pero la comisión de un acto loable no autoriza a la institución religiosa a presentarse como parte del inexistente proceso de cambios que pretende proyectar la DGI.

Hay quienes creen que el servicio de inteligencia del PCC y la Santa Sede trabajan en el reciclaje de los comunistas cubanos. Se infiere que los objetivos principales de los comunistas serían seguir detentando el poder y acceder a créditos bancarios mediante el levantamiento del embargo económico; en tanto que los religiosos estarían interesados en obtener licencias estatales para reabrir escuelas, instalaciones de salud y otras operaciones económicas prohibidas por el PCC desde el siglo pasado.

Esta supuesta colaboración entre la DGI y la Santa Sede podría explicar declaraciones como aquellas hechas en mayo de 2008 por el Vaticano sobre que “encontró en el gobierno (comunista) gran disponibilidad al diálogo y a la cooperación tanto en temas nacionales como internacionales” (ver enlace 5).

Mucho antes, exactamente en abril de 2007, el Cardenal Jaime Ortega indicó que únicamente “por ese camino de distensión con EU (Estados Unidos de América) es por el que puede llegar un mayor bien para el pueblo cubano” (ver enlace 6). Sin embargo Ortega guarda silencio respecto a hechos como que es el PCC quien prohíbe la libre empresa en Cuba; es el PCC quien persigue, desemplea, encarcela, tortura, destierra y asesina a los anticomunistas; es el PCC quien no quiere dialogar con sus víctimas sobre libertad y respeto a los derechos humanos.

Por lo tanto la realidad demuestra que el PCC con sus políticas de odio, su Estado bélico y su extenso historial de violencia es el principal obstáculo para el bienestar de la generalidad de los cubanos.

Mientras la Iglesia Católica de Cuba y su Santa Sede no expresen claramente estas verdades y tomen partido al lado de los oprimidos carecerán de la autoridad moral para mediar por las víctimas del comunismo.

La Iglesia Católica debería reconsiderar su política con el PCC conforme al principio establecido por el Papa Pío XI cuando formuló: “El comunismo es intrínsecamente perverso” (ver Encíclica, marzo de 1937).

Pero al recordar los partidos tomados por la Iglesia Católica a través de la Historia de la humanidad no espero mucho de ella. Me sorprendería si el diálogo espurio que llevan a cabo católicos y opresores del PCC concluye con la liberación de los presos políticos cubanos, no olvidando al Doctor Oscar Elías Biscet encarcelado por orden expresa del criminal Fidel Castro, a quien los Obispos cubanos le desean “que Dios lo acompañe en su enfermedad”.

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