Saturday, May 29, 2010

CAFE A LA CUBANA

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Para Julita, responsable de haber creado el artículo.

Angélica Mora
Nueva York

Apuntes de una Periodista

Aprendí a tomar café-café, bien fuerte y con harta azúcar, en Radio Martí.
En la emisora, podíamos estar en esos días de "todos contra todos", pero parábamos y nos justábamos en el comedor a tomar café recién colado: "colada" y a veces un "cortaito".

Los carteles que se colocaban en el fregadero o lavaplatos, advirtiendo no echar el sedimento del café por el resumidero porque "lo tupía", eran clásicos y demostraban nuestros diferentes puntos de vista en cuanto a cómo se escribía en castellano.
Cada palabra del cartel "mal escrita" --" la borra del café", por ejemplo-- era subrayada y debajo se colocaba lo que se creía que era correcto.
¡Era de laarrgoo!

Yo no me metía porque había aprendido mi lección.
En una ocasión mi editora, Blanca Nieves, me corrigió una de mis noticias, que yo creía que estaba escrita en forma correcta.
Me fuí a la base -los puntos de vista se discutían en la emisora hasta el final- y le mostré triunfante la palabra en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia.
Blanca Nieves siguió moviendo la cabeza negativamente:
"Angie, me dijo, así no se dice en Cuba..."
Me quedé unos momentos sin habla (?) y algo me entró por la cabeza. El pensamiento de que mi editora tenía toda la razón. Puede haber sido correcto para el resto del mundo, pero resulta que "así no se decía en la Isla" y nosotros transmitíamos para Cuba y no para otro lugar del planeta.

Pero me he apartado bastante de esto del café a la cubana.
Ante de Radio Martí, mí paladar estaba acostumbrado a los cafés más o menos "guayoyos", como dicen en Venezuela, un "jugo de calcetín" si se le compara a las bombas cubanas. En la tierra de Bolívar -en los tiempos en que había café- se llamaban "cortado", "negrito" o "un con leche".

En Chile había buenos cafés en el centro de Santiago.
El "Do Brasil" era mi favorito y en él había unos casilleros con las letras del abecedario, donde se dejaba recados a enamorados y personas amigas. ¡¡Sí, toda una vida antes de Facebook y Twitter!!!

Pero, ¿saben? para más detalles van a tener que leer mis Memorias, que aún escribo y deseo terminarlas y publicarlas antes que acabe el año.

Que les baste saber por adelantado que el vicio de tomar un buen café -café cubano- me dura hasta ahora y no despierto por completo hasta que no me he tomado esa primera descarga de cafeína azucarada.
La tomo en una pequeña taza, con un dibujo de una palmera y un bohío, que me enviaron desde Santiago de Cuba hace 24 años y que me hace recordar cada día mis compromisos.

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