Saturday, February 27, 2010

EL LITORAL CENTRAL

Viña del Mar y Valparaíso con calles vacías y comercios cerrados tras sismo
EFE
Las localidades costeras de Viña del Mar y Valparaíso, al oeste de la capital chilena, permanecían hoy con las calles vacías y los comercios cerrados, mientras los vecinos hacían un recuento de los daños que provocó el fuerte terremoto de esta madrugada.

Los servicios de limpieza se afanaban en retirar los escombros que quedaron sobre las aceras, donde se amontonaban cristales y cornisas arrancados desde las fachadas de los edificios, en su mayoría de poca altura.

''Ahora estamos recogiendo todo lo que ha caído de las cornisas. (...) Hay hartos autos sobre los que han caído muros. (Fue) muy grave lo que pasó'', declaró a Efe el barrendero Juan Muñoz.

En tanto, los comerciantes hacían un recuento de las pérdidas que generó este terremoto, que alcanzó una magnitud de 8,3 grados Richter según la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi) y de 8,8 grados de acuerdo con el Instituto Geológico de EE.UU., y tuvo una duración superior a dos minutos.

Los estantes vacíos de las tiendas de comestibles y los cristales rotos de los escaparates eran la huella más visible de la violencia con la que el terremoto sacudió la localidad costera de Viña del Mar, a 125 kilómetros al oeste de Santiago.

Francisco González, que regenta una tienda naturista, explicó que al entrar a su local se encontró "con casi todo en el suelo y grietas en algunos lugares''.

''Se salió un poco el techo, un desastre de proporciones'', añadió resignado.

El temblor se produjo hoy a las 03.36 hora local (06.36 GMT del sábado), apenas cuarenta y cinco minutos después de que las 15.000 personas que asistieron a la quinta jornada del Festival de la Canción de Viña del Mar abandonaran el anfiteatro de la Quinta Vergara.

Por fortuna, el movimiento telúrico no sacudió a los espectadores, pero sí obligó a suspender la sexta y última jornada del certamen.

Además, llevó a suspender el V Congreso de la Lengua Española, que el martes iban a inaugurar en el aledaño puerto de Valparaíso los Reyes de España, y se decretó el cierre del aeropuerto internacional de Santiago por al menos tres días.

Esto ha dejado varados en el país a miles de viajeros, entre ellos al matrimonio canadiense formado por Louise y Bill Meere.

''Nos íbamos a casar esta noche, pero no parece que vaya a poder ser porque el aeropuerto está cerrado, así que tendremos que aprovechar la playa un día más'', explicó a Efe Louise Meere.

Los turistas y vecinos de Viña del Mar recorrían hoy por la ciudad contemplando los daños que había dejado el sismo en una mañana en la que el sol lucía con todo su esplendor y el mar parecía tranquilo, pese a los temores sobre un posible tsunami.

Pocos minutos después del fuerte terremoto, muchas personas habían salido a las calles ante el temor de nuevas réplicas.

En esos momentos, la angustia se apoderó de los ciudadanos, que pronto asociaron el temblor con el que en 1985 causó 177 muertes.

''Empezó a moverse demasiado y empezaron los vidrios a caer. Empezó a caer agua, se reventaron las cañerías y fue horrible'', explicó Bety González, una residente de Santiago que había ido a Viña para asistir al Festival de la Canción.

Otros sufrieron el terremoto dentro de bares y discotecas, que estaban atestadas, como es habitual en una noche de viernes.

''Se fue la luz, temblaron los televisores, empezó a caer arenilla del techo y dije: 'Se va a caer todo'. Me dio terror'', relató Pauliana González, una joven veinteañera.

Otro muchacho, Gabriel Ortiz, vivió el temblor en su departamento.

''Se cayó todo, platos, televisor, microondas. Se abrieron las ventanas, fue increíble. Realmente estuve muy asustado'', aseguró.

Muchos vecinos se agolparon a las entradas de los edificios, en los pocos lugares donde la electricidad aún funcionaba.

Entre ellos estaba lvaro Salinas, un joven español que se encuentra desde hace un mes en Chile.

''No me ha dado tiempo de nada. Ha llegado mi padre, me ha cogido y nos hemos metido bajo la puerta del baño. Ha sido de repente, ha sido todo muy rápido. Los muebles del salón se movían, y la nevera se ha desplazado como dos metros'', describió.

Mientras Viña del Mar parecía una ciudad fantasma, los bomberos recorrían las calles para supervisar los daños y calmar a la población, que pasó la noche alerta ante las continuas réplicas que hacían temblar los cimientos de la ciudad.

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