Thursday, November 26, 2009

CUBA:REPUDIO

Milenio
México
Infosearch:
José F. Sánchez
Analista
Director
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Noviembre 25, 2009


La foto es elocuente, aunque engañosa. Una mujer de gesto enardecido grita y levanta el puño ante la cámara, rodeada por decenas de inconformes que parecen corear la misma consigna. Por su expresión ardiente y furibunda, se diría que algo le han quitado, o le quieren quitar. Cuba, qué linda es Cuba, se lee al frente de su camiseta roja. Junto a ella, también levanta el puño y sigue al coro un gordito, asimismo vestido de rojo, aunque no furibundo ni exaltado. En un descuido, se está aburriendo. Detrás de la mujer, que medirá no más de 1.60, se yergue un hombre alto, la camisa morada con bolitas blancas y la boca perfectamente cerrada. Igual que la mujer, mira a la cámara, con una ceja alzada y el ojo entrecerrado. Se diría que no pertenece a la escena; es como si lo hubiesen montado en la foto. Más todavía, su expresión circunspecta se empeña en subrayar que no comparte fines, medios ni principios con la turba que ahora lo rodea.

"Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresia. Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado...."

"Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonia cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en si el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a sus pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro."
José Martí

Igual que la mujer, el hombre de la foto le está hablando a la cámara. Es Reinaldo Escobar —periodista y bloguero, casado con la bloguera Yoani Sánchez—, que ha hecho pública cita en cierta esquina de La Habana con un agente de seguridad del gobierno cubano y quiere reclamarle en un “duelo verbal” la reciente golpiza propinada a su esposa. Según dirán más tarde los voceros del régimen, el piquete de repudiadores que repiten a coro es-ta-calle-es-de-Fi-del son ciudadanos que espontáneamente se han manifestado, pero a juzgar por el guiño afanoso del hombre de la foto no parece tan fácil ir y venir por La Habana manifestando ideas espontáneas, menos aún organizarse en turba sin los ojos del régimen encima. Para manifestarse aquí y ahora, Reinaldo Escobar sólo puede contar con los fotógrafos extranjeros. No tiene una pancarta, ni una camiseta, ni un puño en alto. Por el contrario, se mantiene sereno, pese a las circunstancias imperantes. Insultado, escupido, vejado, golpeado, Escobar planta cara ante la cámara y se roba la escena.

Entre Barack y Raúl

Es de dudarse que la jeta furibunda de la mujer de la amigable camiseta promueva las virtudes de su presunto edén, pero ella no pretende dirigirse al mundo, sino con suerte a sus superiores. Igual que los fotógrafos, ha llegado al lugar a hacer su chamba. Si al cabo va a salir en una o varias de esas fotos inoportunas, quiere que en ellas consten méritos tan notorios como enseñar al mundo paladar y amígdalas en el nombre de Cuba, que es tan linda. Como lindo será disfrutar de unas cuantas pequeñas recompensas extraoficiales a cuenta de esos gritos sin duda destemplados que hoy constan en la prensa del mundo entero. Aunque lo cierto es que nadie en la foto ha hecho más de lo que estaba en el guión: si los unos no pueden darse el lujo de parar de gritar, el otro no se atreve a abrir la boca. Su gran temeridad consiste en subrayarlo: de sólo ver el porte de Reinaldo Escobar entre el gentío rudo y oficioso, uno entiende que hay pájaros en los cables.

A saber cuántas cartas se escriben cada día dirigidas al presidente Obama; hoy sabemos que al menos la de Yoani Sánchez sí encontró respuesta. Imaginemos el regio entripado que tamaña noticia debió de provocar en los mandos más altos del gobierno cubano. Peor todavía, más que una simple carta, la bloguera había publicado un par de cuestionarios, para ser respondidos por Barack Obama y Raúl Castro, respectivamente. Y he aquí que cada uno, por cierto, ha hecho precisamente lo que le tocaba. Obama respondió pregunta por pregunta y Castro envió al gentío a hostigar al marido de la preguntona. ¿O es que alguien imagina a los hermanos Castro dando respuesta a los cuestionamientos de nadie, y menos todavía sus conciudadanos?

Periodismo telegráfico

Las dictaduras de hoy tienen un mismo problema: ninguna sabe qué hacer con internet. Por más que los controles y restricciones se multipliquen, la información termina por fluir. Y eso es veneno puro allí donde se ha impuesto por medio del sigilo una visión del mundo oficial y excluyente. El blog de Yoani Sánchez no necesita documentar secretos de Estado para imantar a miles de lectores: le basta con narrar la cotidianidad. ¿Qué van a hacer ahora los hermanos Castro contra una filóloga, madre, ama de casa y bloguera que es interlocutora de Barack Obama? Si hasta hace algunos meses uno leía Generación Y, que es como se titula el blog de marras, para asomarse a Cuba desde la perspectiva de una librepensadora, hoy se hace imperativo conservarse al día con el thriller político cuyos protagonistas difícilmente pueden ser más renombrados. Asistimos también a sesiones de miedo a fuego lento, documentadas con fotografías o videos, donde se ve a los infelices en turno cumplir con la penosa tarea de vigilar la casa de Yoani Sánchez y hacérselo saber, a modo de advertencia. Como era de esperarse, la cotidianidad de Yoani Sánchez ha perdido el derecho a llamarse tal. Ahora sus lectores no asistimos a la vida sencilla de cualquier cubana, sino a la extraordinaria peripecia de una pareja de apestados sociales.

Quien se haya entretenido en leer el reciente informe de Human Rights Watch sobre Cuba sabrá por qué en la foto Reinaldo luce quieto como un cadáver. El régimen lo puede encerrar en cualquier momento con sólo declararlo peligroso. Pero he aquí que como buen periodista, Reinaldo tiene urgencia de enviar su nota al extranjero, y a falta de un sistema de transmisión de datos a la altura de su ambición profesional, elige el mismo gesto que uno emplearía para expresar su total impotencia. No puede hablar, quejarse ni moverse: basta esa información para dar vida a un titular a ocho columnas. Y si no se le ve muerto de miedo es porque en ese instante sabe que tiene lista la nota y es el momento de transmitirla. Vaya esta nota como acuse de recibo.

No comments:

Post a Comment